Macarena Aguilar dispara a puerta./Marko Djurica (Reuters)
Ficha técnica:
Atención, pregunta. Si en un partido de balonmano se enfrentan los dos equipos con las dos mejores porteras y con las dos mejores defensas, ¿qué pasará? Muy probablemente, que el marcador sea exiguo, pero que el espectáculo que se vea sobre la cancha no deje indiferente a nadie. Y eso fue, exactamente, lo que españolas y noruegas ofrecieron en el Copper Box. Dos datos: seis minutos invirtió el equipo nacional en marcar el primer gol; 15 paradas se marcaron entre las dos guardametas. Y salpimentando esos números, un juego intenso, rápido, preciosista. Croacia espera ahora a las españolas. Y las balcánicas no deben estar muy contentas visto lo que se vio sobre el tapiz azul. Pero eso será el martes
El duelo fue el choque de dos estilos, de dos concepciones diferentes del balonmano. Por una lado el mecanismo nórdico, en el que pocas cosas quedan al albur de la inspiración. Un balonmano de muchos quilates, al fin y al cabo lo han ganado todo en los últimos años, basado en la calidad del pivote Locke, el lanzamiento poderoso de Lunde-Borgersen y una defensa que rentabiliza a las mil maravillas el poderío físico de sus integrantes
Enfrente España oponía una defensa agresiva, dinámica, profunda. Un mar de brazos que cerraban líneas de pase y confundían a las nórdicas. Pero no solo eso. Jorge Dueñas mostró al mundo quién es Betatriz Fernández. La cántabra, inédita todo el campeonato, apareció para descuadernar el muro nórdico con sus lanzamientos y sus asistencias a los pivotes y extremos.
Pero lo mejor estaba por llegar. En una segunda parte para la que la RAE debería buscar algún calificativo aún no inventado, España destrozó con la contundencia de un martillo pilón y la delicadez de un cincel a un rival que era incapaz de comprender lo que estaba pasando. Pues yo se lo explico.
Jorge Dueñas, algún día habrá que explicar como funciona su mente, vio desde el principio que a las cuadriculadas escandinavas había que romperles el esquema. Y lo hizo no inventando un modo de juego, no con extraños movimientos. No. Sencillamente, puso en cancha a las menos habituales y las hizo bailar al ritmo frenético y acompasado que puso Macarena Aguilar. Y las noruegas se encontraron con un rival que movía el balón tan deprisa que no había manera de anticiparse. Y cuando atacaban, se encontraron con que las rivales se las acercaban y las hacían dudar, pero rara vez contactaban con ellas. Y eso no era lo previsto. Y se fueron diluyendo. Mánsamente, con suavidad, desapareciendo.
España ha crecido. Mucho. Y el domingo consiguió lo que todo técnico desea: que las suplentes actúen con la intensidad y la calidad de las titulares, que se quedaron mucho tiempo en el banco. Más descanso, más problemas para los demás.
LONDRES 2012
