La quiebra de Carillion aplasta las filigranas europeas de May

La quiebra de Carillion aplasta las filigranas europeas de May

Sacude la política británica y la creencia en que el sector privado es mejor que el público

IÑIGO GURRUCHAGALONDRES

La quiebra de Carillion, una empresa con 40.000 empleados que tiene la mitad de su negocio en contratos del Gobierno, ha sacudido la política británica y la creencia en que el sector privado es mejor que el público. “Estimulará a los que apoyan a Jeremy Corbyn y están convencidos de que el capitalismo es malvado y de que la respuesta es renacionalizar los servicios públicos”, según Alex Brummer, en el 'Daily Mail'.

La política de encomendar la construcción de escuelas y hospitales a empresas privadas, que luego cargan un alquiler al Gobierno, o de encargarles la gestión de los edificios se inició en tiempos del laborista Tony Blair y su sucesor, Gordon Brown, fue un promotor entusiasta. Ha sido criticada por camuflar la deuda del Estado con un truco contable y de embargar en realidad los recursos de futuras generaciones.

Pero lo ocurrido con Carillion es un eco de la movilización del Ejército en los Juegos Olímpicos de 2012 por el caos existente en la compañía privada a la que se le adjudicó la seguridad o de la frivolidad irresponsable de la sociedad que gestionaba para el Ayuntamiento de Kensington y Chelsea la torre de Grenfell, cuyo incendio, en junio, causó 71 muertes y una conmoción nacional.

La causada por la quiebra de Carillion se expresa en que Oxfordshire ha puesto en alerta a sus bomberos por si son necesarios para llevar comidas a las escuelas del condado o en que algunas compañías de trenes no tuvieron ayer limpieza de sus vagones. No se sabe qué ocurre en GCHQ, donde la empresa gestiona el enorme edificio, porque las cosas de la agencia estatal de espionaje electrónico son secretas.

Carillion es un conglomerado nacido de una empresa de construcción, crecido mediante absorciones. Hace de todo, obras para trenes de alta velocidad o la provisión de 'alimentación, comercio y entretenimiento' a instalaciones militares. Analistas gandules de la City recomendaban la compra de sus acciones en junio, los más laboriosos han ganado una fortuna apostando por su quiebra.

Sumergidos

El Financial Times ha desenterrado las causas sumergidas en los larguísimos informes anuales de la compañía. Registraba crecientes retrasos en el cobro de pagos de clientes, por disputas contractuales sobre retrasos o calidad de la obra. Y ocultaba ese problema pidiendo a los bancos que pagasen a sus acreedores. La deuda con los bancos crecía, pero aparecía solo en la letra pequeña de los balances.

El Royal Bank of Scotland, con mayoría accionarial el Estado, y el Santander UK, forzaron la quiebra. Se negaron a contraer más deuda sin garantías. Esa partida puede sumar más de 500 millones. Los gestores de Carillion cobraron en 2016 estupendos salarios y bonos y repartieron cerca de 100 millones en dividendos a sus accionistas, mientras el déficit de sus fondos de pensiones crecía hasta quizás mil millones.

David Lidington fue la sorpresa de la remodelación del Gabinete por Theresa May, la pasada semana. Veterano experto en la UE, partidario indudable de la permanencia, fue ascendido a la jefatura del muy importante Ministerio del Gabinete. ¡May designó como su segundo a un europeísta pata negra! Está ahora sumido en una tarea políticamente más peligrosa que el 'Brexit': asegurar el almuerzo caliente de los escolares británicos.

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