Italia se encomienda a un tecnócrata para intentar salir de la crisis política

El economista Carlo Cottarelli recibe el encargo de formar un Gobierno técnico que no contará con el respaldo del Parlamento y sólo aguantará hasta la celebración de elecciones «después de agosto»

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

Italia vuelve a encomendarse a un tecnócrata para que trate de sacar al país de un embrollo político. El elegido es Carlo Cottarelli, exdirigente del Fondo Monenario Internacional (FMI) y excomisario para la reducción del gasto público al que el presidente de la República, Sergio Mattarella, le encargó este lunes la formación de un Gobierno técnico. Este prestigioso economista lo va tener muy difícil para no ser más que una solución de emergencia en una situación desesperada. Salvo sorpresa mayúscula, su Ejecutivo será rechazado por el Parlamento, donde tienen mayoría el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, los dos partidos que intentaron sin éxito hasta el domingo poner en marcha un Gabinete euroescéptico, pero se toparon con las trabas planteados por Mattarella, que quiso garantizar la pertenencia de Italia en la zona euro.

Cottarelli es consciente de que Mattarella le hizo un regalo envenenado al pensar en él para llevar las riendas del país en este delicado momento. Su permanencia en el poder va a ser breve. Tras aceptar «con reservas», como manda la praxis, el encargo del presidente de la República, el economista explicó que si consigue superar una moción de investidura en el Parlamento, su Gobierno aguantará hasta finales de año para aprobar los Presupuestos de 2019 y convocar elecciones legislativas en enero. En caso de que, como se espera, las Cámaras le den la espalda, los tiempos se acelerarán y los comicios tendrían lugar «después de agosto». La cita con las urnas podría ser en el 9 de septiembre, el segundo domingo de ese mes.

Pese a sus negras perspectivas de futuro, el exdirigente del FMI intentó vender un mensaje de tranquilidad: dijo que realizará una «gestión prudente» de las cuentas públicas y garantizó la «participación» de su país en la moneda única, que consideró «esencial». También se mostró a favor de defender «mejor» los intereses italianos en Europa, algo que prometió hacer de modo «constructivo». Sus buenas palabras no impidieron que Italia viviera una nueva jornada de pasión en los mercados. El índice selectivo de la Bolsa de Milán perdió este lunes un 2,08%, volviendo así a los niveles de principios de año. La prima de riesgo, por su parte, continuó con su escalada y alcanzó los 235 puntos, la cifra más alta desde finales de 2013.

La Constitución italiana
prevé la posibilidad de cesar al presidente de la República, como pretende ahora hacer el Movimiento 5 Estrellas (M5E) con Sergio Mattarella, pero se debe seguir un difícil recorrido que hace casi imposible alcanzar el objetivo. Nunca se ha iniciado este proceso.
La Carta Magna
contempla dos acusaciones para intentar el cese de un presidente: alta traición (como la revelación de secretos de Estado) o atentado contra la Constitución. El M5E optaría por esta segunda alternativa al considerar que Mattarella no ha cumplido con sus deberes al impedir el nacimiento de un Gobierno euroescéptico.
El Parlamento
debe admitir la acusación por mayoría absoluta después de que haya sido examinada y aprobada por una comisión especial formada por 20 miembros, con representación de los distintos grupos políticos presentes en las Cámaras legislativas.
El caso luego pasa al Tribunal Constitucional,
donde se desarrolla un auténtico proceso con sus audiencias, interrogatorios, escucha de testigos... La sentencia le corresponde darla a un tribunal formado por 31 magistrados cuyo fallo es inapelable.

La presión de los inversores internacionales es en parte responsable de la decisión de Mattarella de dificultar el nacimiento del Gobierno euroescéptico que pretendían poner en marchar el M5E y la Liga. El veto del presidente de la República a que un 'antieuro' se hiciera con el Ministerio de Economía acabó provocando que saltara por los aires todo el proyecto del Ejecutivo. Estas dos fuerzas políticas no se la perdonan al jefe del Estado y plantean un enfrentamiento institucional desconocido durante décadas en Italia y mucho más preocupante que sus habituales crisis políticas. Aunque no van a tener recorrido las amenazas de Luigi Di Maio, líder del M5E, de abrir un proceso parlamentario para cesar al presidente de la República, el daño ya está hecho.

Al menos hasta que se celebren elecciones van a estar en tela de juicio elementos sobre los que antes no se discutía, como la figura del jefe del Estado, las supuestas injerencias de los socios europeos y los mercados internacionales o la propia permanencia de Italia en la moneda común y en la UE. El M5E y la Liga tienen ahora mucho más material para alimentar su discurso populista y victimista y tratar así de ampliar consensos. En los comicios del 4 de marzo obtuvieron entre ambas formaciones el 50% de los votos, un porcentaje destinado a crecer en la próxima cita con las urnas si consiguen vender el relato de que no pudieron formar un Gobierno por la reacción del 'establishment'. Di Maio se ha apresurado a hacer un llamamiento a las masas para que se movilicen: les ha pedido que participen en una gran manifestación el sábado en Roma y a que cuelguen la bandera italiana de los balcones de sus casas como respaldo a la soberanía italiana que, a su juicio, estaría amenazada por las agencias de calificación de riesgo y otros 'poderes fuertes'.

Aunque a diferencia de España, Italia es un país que tiende más a la comedia que a la tragedia, puede estar entrando en un complejo período de tensión social y choque entre las instituciones. Las nuevas elecciones que ya se vislumbran en el horizonte más que una normal votación pueden convertirse en una «ordalía», como escribía este lunes Francesco Verderami en el 'Corriere della Sera' evocando los llamados 'juicios de Dios' que se llevaban a cabo en la Edad Media para saber si un acusado era culpable o inocente. El imputado aquí no es sólo Mattarella, sino la propia concepción de Italia.

Perfil

Carlo Cottarelli, nacido hace 64 años en Cremona, una tranquila ciudad de provincias del norte de Italia, llevaba meses en las quinielas para formar parte del próximo Gobierno. Los diarios aseguraban que había recibido ofertas de varios partidos políticos y no dudaban en señalar que, si se recurría a un Ejecutivo técnico, tenía también muchas papeletas de entrar en él. Cada vez que le comentaban algo al respecto, este antiguo director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) respondía diciendo: «Es más probable que me llamen del Inter de Milán para jugar como delantero centro en lugar de Icardi». Al final la llamada llegó y vino del Palacio del Quirinal, adonde le convocó este lunes el presidente de la República, Sergio Mattarella, para encargarle la formación de un Gobierno técnico. Al parecer el teléfono sonó mientras corregía los exámenes de sus alumnos de la universidad de Bocconi, el ateneo milanés donde estudia la élite económica del país y en el que Cottarelli es profesor visitante. Antes desarrolló una larga carrera en el Banco de Italia y en el FMI, pero no se convirtió en una figura conocida para la opinión pública hasta noviembre de 2013. El entonces primer ministro, Enrico Letta, lo nombró comisario especial para la reducción del gasto público. Se le conoce desde entonces como 'Mr. Plan de Ajuste' o 'Mr. Tijeras'. Aunque aquel encargo no pudo desarrollarlo como le habría gustado por las presiones políticas, ha seguido vigilando las finanzas italianas desde el Observatorio sobre las Cuentas Públicas de la Universidad Católica de Milán, del que es director.

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