EE UU abandona el acuerdo nuclear con Irán

Donald Trump responde a los periodistas. / Jonathan Ernst (Reuters)

Los demás países firmantes han defendido el pacto que consideran «histórico»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

De nada sirvieron las visitas de última hora de los líderes europeos. Para entonces Donald Trump, rodeado de halcones, ya había tomado la decisión de abandonar unilateralmente el acuerdo nuclear con Irán y reimponer sanciones al régimen. Quienes pensaron que no se atrevería a cumplir su amenaza no le conocen.

«Yo no hago amenazas huecas y cuando prometo algo lo mantengo», presumió. Era un mensaje a Corea del Norte, donde su secretario de Estado Mike Pompeo aterrizó para ultimar la liberación de los tres prisioneros de nacionalidad estadounidense con los que Kim Jong-un certificará su buena voluntad de cara a la cumbre con Trump. El gobierno iraní ha advertido al régimen coreano que no se puede confiar en EEUU porque no cumple sus compromisos, lo que no importará a Pyongyang si sólo quiere ganar tiempo. La expectativa de Trump es ganar la reelección en 2020, lo que daría al gobierno norcoreano seis años sin sanciones en los que reconstruir su economía.

Irán tardó diez años en negociar el llamado Plan de Acción Conjunta Global. Para cuando se firmó en Viena, año y medio antes de que Obama dejase el poder, la candidatura de Donald Trump parecía una broma.

Con su decisión de revocar el acuerdo sin más «prueba definitiva» de que Irán ha violado sus términos que los documentos expuestos por Israel la semana pasada, la confianza en EE UU sufre un severo golpe. Con Trump se acabó el pacto de caballeros por el que cada presidente de EE UU respetaba la continuidad de los tratos firmados por sus antecesores. Por el contrario, Trump está dedicado a deshacer el legado de Obama. Un esfuerzo que en el caso iraní han inspirado Israel y el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, que es devoto ferviente del país hebreo. El primer ministro Benjamin Netanyahu aplaudió la «valiente decisión» de Trump que Barack Obama calificó en un comunicado de «serio error». Junto a la inauguración de la embajada estadounidense en Jerusalén la semana que viene, el actual mandatario ha cumplido las máximas aspiraciones de los extremistas israelíes en la escena internacional, aunque todavía puede llegar más lejos.

Bolton siempre ha defendido un ataque militar a Irán para mermar su capacidad militar en la región. George H. Bush padre rechazó esa solicitud de Ehud Olmert que Netanyahu vuelve a instigar con sus acusaciones de que Irán ha mantenido en secreto el programa nuclear. El propio Pompeo, ahora secretario de Estado, dijo durante su audiencia de confirmación no tener ninguna prueba de que el país persa haya violado los términos del acuerdo nuclear.

Nadie duda de que Irán financie a grupos terroristas como Hezbollah, Hamas, a los talibanes y al-Qaeda, como le acusó el presidente estadounidense. Ni qué decir de sus «siniestras actividades en Siria y Yemen», donde EEUU apoya a Arabia Saudí. «No trajo calma, no trajo paz al mundo y nunca lo hará», zanjó Trump. Durante las negociaciones del acuerdo las potencias mundiales decidieron conscientemente dejar ese punto fuera del pacto para lograr al menos su desnuclearización, la mayor amenaza para la región y para el mundo. Como también fue una decisión consciente dejar a un lado la producción de misiles balísticos a los que se le podrían adaptar cabezas nucleares. Los compromisos de las potencias sirvieron para que en los últimos tres años inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU analicen semanalmente muestras de polvo que recogen en diferentes lugares de Irán para cerciorarse de que no existe ninguna partícula que delate la reanudación de actividad nuclear.

Con la decisión de imponer sanciones aún sin definir, los inspectores pueden perder el acceso adquirido y el mundo verá previsiblemente un repunte de los precios del petróleo. EE UU no recuperará los «contenedores de billetes» en los que Irán se llevó el dinero que se le había congelado en cuentas corriente desde la toma de la embajada en Teherán. Y la esperanza de que sanciones unilaterales ahoguen al régimen de los ayatolás es, cuando menos, ingenua. «Naturalmente, los líderes iraníes se negarán a negociar un nuevo acuerdo, probablemente yo haría lo mismo en su lugar», admitió Trump, decidido a presionarles. «Pero cuando lo hagan, yo estaré dispuesto», sentenció.

La salida de Trump del acuerdo con Irán es un amargo revés para los europeos

AFP.-La decisión de Donald Trump de salirse del acuerdo nuclear iraní supone un amargo revés para Francia, Alemania y el Reino Unido que desplegaron intensos esfuerzos diplomáticos para convencer al presidente estadounidense de no tirar el texto por la borda.

Tras el anuncio hecho por Trump con un gran dramatismo desde la Casa Blanca, Berlín, París y Londres emitieron un comunicado conjunto en el que expresaron que «permanecen comprometidos a asegurar que el acuerdo es respetado».

El presidente francés, Emmanuel Macron, que se empleó a fondo desde su elección hace un año para cultivar una relación fluida con su homólogo estadounidense, fracasó en su intento de cambiar el parecer de Trump en su reciente visita a Washington.

«Francia, Alemania y Reino Unido lamentan la decisión estadounidense de retirarse del acuerdo nuclear» con Irán, y van a trabajar «colectivamente» para conseguir un acuerdo «más amplio», dijo en un tuit Macron.

Berlín y Londres, los otros dos países europeos firmantes, sufrieron la misma frustración de ver como el acuerdo concluido en 2015 con Teherán, en conjunto con Estados Unidos, China y Rusia, queda en ascuas, pese al intenso maratón diplomático.

Pocos después de la visita de Macron, fue Merkel quien intentó convencer a Trump durante un breve viaje a Washington dejando al ministro de Relaciones Exteriores británico, Boris Johnson, una última oportunidad de abogar por permanecer en el pacto, pidiendo que «no tirara el grano con la paja».

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