Trump cancela la cumbre con Corea del Norte pero deja la puerta abierta

Trump cancela la cumbre con Corea del Norte pero deja la puerta abierta

En la carta enviada a Kim Jong-un culpa sus declaraciones «hostiles», pero entre bambalinas responsabiliza a China

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Un día la Casa Blanca presenta una moneda conmemorativa de la histórica cumbre entre Donald Trump y Kim Jong-un y al otro la cancela. Así es la política exterior en los tiempos de Trump, que al anochecer del miércoles dijo a la cadena Fox estar tan entusiasmado con la cumbre que estaba dispuesto a aceptar una desnuclearización progresiva por fases, pero al amanecer escribió a Kim para decirle que «tristemente, la cumbre de Singapur no ocurrirá, para bien de las partes pero en detrimento del mundo».

La moneda conmemorativa estaba este jueves de rebaja en la tienda de souvenirs de la Casa Blanca. De todas maneras a Trump no le había gustado cómo se acuñó su perfil, que a su juicio le añade papada. Eso no significa que la cumbre del 12 de junio esté muerta y enterrada. «Todo puede suceder, tenemos por delante una gran oportunidad», dijo a los periodistas poco después, «incluyendo el que la cumbre se celebre como está prevista o en una fecha posterior».

Hablaba de paz y amenazaba con la guerra. «Nuestro ejército es con mucho el más poderoso del mundo y está listo si es necesario», advirtió. El presidente surcoreano Moon Jae-in, que le había visitado apenas dos días antes, dijo estar «confundido y decepcionado». Así se lo comunicó también el primer ministro japonés Shinzo Abo, que según dijo Trump a los periodistas le ofreció encargarse de «buena parte» de los gastos militares que pudiera tener la cumbre. «Con suerte ocurrirá algo positivo pero si no, estamos más listos que nunca», añadió.

Detrás de ese comportamiento errático había mucho más que el detonante aducido. Trump culpaba «la tremenda ira y abierta hostilidad» de las declaraciones de Corea del Norte. En la última, la viceministra de Asuntos Exteriores Choe Son Hui había calificado al vicepresidente Mike Pence de «imbécil político» por haber dicho en entrevista con Fox que si Corea del Norte no llega a un acuerdo de desnuclearización con EE UU acabará como Libia, donde el exdictador Muamar El Gadafi fue linchado por su pueblo.

Las comparaciones con Libia sacan de quicio al líder norcoreano, que sin embargo continúa haciendo gestos unilaterales de buena voluntad. Este jueves invitó a la prensa internacional a presenciar la destrucción de las únicas instalaciones para pruebas nucleares que hay en el país. Los periodistas todavía seguían en Corea del Norte cuando la Casa Blanca envió la carta de ruptura a Kim, lo que podía haber sido aprovechado para abastecerse de rehenes.

A Trump su instinto y sus asesores le dicen que detrás de lo que considera un cambio de actitud por parte de Pyongyang está China. La víspera culpó a ese país y a su líder Xi Jinping, al que calificó de «un jugador de póquer de clase mundial». Según esta teoría, el gigante amarillo se siente desplazado de las conversaciones y quiere aprovechar su influencia para obtener condiciones más ventajosas en los acuerdos comerciales que negocia con EE UU. Tras la segunda visita de Kim a China, «la actitud de China cambió». «Y eso no me gusta», acusó Trump el martes. Una visita «de la que nadie sabía nada, ¿vale?», aclaró. «La primera todo el mundo lo sabía y de pronto se reporta que está en China por segunda vez. Eso fue una sorpresa».

En la partida de póquer y faroles que se juga a ambos lados del Pacífico, el próximo movimiento le toca a Pyonyang. El resto del mundo contiene el aliento.

Fotos

Vídeos