Las Provincias

A años luz del 'Yes we can'

A años luz del 'Yes we can'
  • Obama enfrenta, hundido en las encuestas, el reto de demostrar que aún hay batallas que puede ganar con el Capitolio en manos de los republicanos

  • Deberá gestionar sus poderes presidenciales y movilizar a los colectivos sociales para poder sacar adelante sus objetivos en los dos años que le restan de mandato

Seis años después de llegar de modo triunfal a la Casa Blanca, con el eslogan 'Yes, we can', el presidente Barack Obama se enfrenta al reto de haber perdido la mayoría en el Senado, no controlar ninguna de las Cámaras del Capitolio y de tener que darle un nuevo impulso a su gobierno. Hundido en las encuestas y a menudo ignorado por candidatos de su propio partido en estas últimas semanas, Obama encara ahora los dos últimos años de su mandato pero su presidencia está a años luz del proceso que se inició en su campaña de 2008.

En momentos en que las miradas de todos se dirigen a la elecciones de 2016, que escogerá a su sucesor, Obama parece tener claramente un problema de imagen y debe mostrar a los estadounidenses que aún hay batallas que puede ganar.

Dwight Eisenhower, Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush pasaron los últimos años de sus mandatos en la misma incómoda posición. El historiador Douglas Brinkley, de la Universidad de Rice, predijo que un Congreso controlado por los republicanos conduciría a una parálisis total durante la legislatura, pero se trata de un escenario que podría dejar espacio para un mayor protagonismo del inquilino del Salón Oval de la Casa Blanca.

"Será casi imposible que se consiga cualquier cosa entre la Casa Blanca y el Congreso en los próximos dos años", alertó. Pero este ambiente político puede dar al presidente más libertad para usar sus poderes presidenciales (decretos) de forma de hacer avanzar su programa de gobierno.

"Los presidentes son generalmente un poco tímidos a la hora de usar sus poderes en un primer mandato o en los primeros seis años, porque se mantiene vivo el sueño de un acuerdo con el Capitolio", dijo.

Por eso "en muchos sentidos se sentirá liberado, porque los republicanos no querrán ningún acuerdo con él", apuntó. En la actualidad, es difícil imaginar algún tema trascendente en el que la administración Obama y un Congreso controlado por los republicanos puedan encontrar algún terreno en común.

Desde el miércoles hasta su salida de la Casa Blanca, el 20 de enero de 2017, Obama hará uso de la llamada "estrategia del lapicero y el teléfono": un lapicero para firmar decretos y un teléfono para movilizar a organizaciones sociales. Y el cambio podría ser evidente ya en algunas semanas, con un asunto muy controvertido: la inmigración.

Obama dijo que antes de fin de año tomaría la iniciativa sobre la cuestión de la inmigración, alegando que los estadounidenses "no quieren que me quede esperando a que el Congreso haga algo". Una orden ejecutiva podría ofrecer algún tipo de alivio a muchos de los 11 millones de inmigrantes ilegales, muchos de los cuales han pasado sus vidas en Estados Unidos bajo amenaza constante de deportación.

Tanto los aliados de Obama -impacientes con las demoras- como sus opositores -que rechazan que el presidente ignore al Congreso en este tema- esperan ahora el próximo movimiento de la Casa Blanca.

Su mayor reto pendiente

El domingo, durante un acto de campaña en Connecticut, Obama fue interrumpido constantemente por personas que protestaban contra las masivas deportaciones. La respuesta de Obama reflejó no solo su frustración sino también la incapacidad de modificar ese panorama. "Hemos luchado por la reforma del sistema migratorio. Pero el otro partido la ha bloqueado. Lamentablemente, la gente se frustra y por eso le gritan a cualquiera", se quejó el mandatario.

Obama podría también usar sus dos últimos años para terminar su mayor logro: la reforma del sistema público de salud. En el frente internacional, dos crisis mayores -tensiones en Ucrania y el avance del grupo radical Estado Islámico- podrían ocupar todo su tiempo.

También podrá concentrarse en conseguir resultados en tres negociaciones fundamentales: un acuerdo nuclear con Irán, un bloque transpacífico de comercio, y un entendimiento global sobre cambio climático. En cada uno de esos asuntos tendrá que navegar las aguas turbulentas del Congreso, y podría también sentirse tentado a buscar otra vía.

El tratado sobre cambio climático debe ser ratificado por dos tercios del Senado, una meta ciertamente imposible en el actual ambiente político, pero un abordaje legal diferente podría permitirle a Obama evitar el obstáculo. Tanto en el ámbito doméstico como internacional, Brinkley alertó contra la tentación de sacar una conclusión prematura sobre el legado de Obama . "Aún tiene dos años enteros para distinguirse. Aún tiene un cuarto de su presidencia por delante", apuntó.