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Antonio Guterres
Antonio Guterres / Reuters

António Guterres, el portugués que alcanza la cima con el apoyo de todos

  • Fue primer ministro de Portugal entre 1995 y 2001; cuatros después llegó a la secretaría general de ACNUR, que bajo su mandato ha visto la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial

Con una dilatada trayectoria política y un perfil humanista, el ex primer ministro portugués António Guterres ha llegado a la cima de la diplomacia al ser propuesto hoy por el Consejo de Seguridad de la ONU para desempeñar la Secretaría General de la organización.

Conocido por su capacidad de mediación, inteligencia y entrega al trabajo y a causas solidarias, su proyecto pasa por "renovar" la institución para que hable "más alto y más claro" y garantizar así que se escuche su voz y también que se respete, tal y como explicaba él mismo en una reciente entrevista con Efe. "En algunas materias la ONU hizo oír su voz, como con el cambio climático, pero en otras, sobre todo relacionadas con paz y seguridad y en ciertos aspectos con derechos humanos, creo que es preciso hablar más alto y más claro para tener más capacidad de movilizar a la comunidad internacional", afirmaba.

Aunque muchos socialistas lusos le querían como candidato en las últimas elecciones presidenciales, las aspiraciones políticas de Guterres iban mucho más allá de las fronteras de su país. Ingeniero electrónico de profesión, António Manuel de Oliveira Guterres (Lisboa, 1949) nació en el seno de una familia campesina acomodada. Reputado como un alumno brillante, su primer contacto con la política fue en las Juventudes Universitarias Católicas, aunque tras la Revolución de los Claveles, que el 25 de abril de 1974 acabó con la dictadura salazarista e instauró la democracia en Portugal, se unió a las Juventudes Socialistas.

Proceso de descolonización

Inició su carrera política de la mano del "patriarca" socialista Mário Soares y llegó a la secretaría general del partido en 1992, tres años antes de vencer las elecciones y ser nombrado jefe del Gobierno luso. Desde ese puesto, Guterres consiguió lo que hasta ahora nadie más ha logrado en cuatro décadas de democracia en Portugal: acabar una legislatura sin el apoyo mayoritario de la Asamblea de la República.

Incluso cuando gobernaba su país, no lograba esconder su inclinación hacia la política exterior y fue bajo su mandato cuando Portugal dio por finalizado el proceso de descolonización con la devolución de Macao a China. Otro de sus grandes éxitos diplomáticos fue su papel en la resolución de la cuestión de la independencia de Timor Oriental, antigua colonia portuguesa que se convirtió en un Estado independiente en 1999.

Además de socialista, Guterres es católico practicante y "militante social", como le definen algunos de sus amigos más cercanos. Y como tal, decidió no implicarse en la campaña del referéndum sobre la despenalización del aborto en 1998, al entender que la ley iba en contra de sus principios morales y religiosos. Aunque en 1999 fue reelegido, el batacazo de los socialistas en las elecciones municipales de 2001 y los casos de corrupción que afectaban a su partido le llevaron a abandonar rápidamente el cargo y a avanzar en su carrera internacional.

Una década al frente de ACNUR

El despegue de sus aspiraciones exteriores podría haber llegado a finales de los 90, cuando estuvo cerca de presidir la Comisión Europea, pero la enfermedad que sufría su mujer Luísa Melo, que acabó falleciendo en 1998, le llevó a posponer sus planes internacionales. Con dos hijos y casado en segundas nupcias con Catarina Vaz Pinto, entre 1999 y 2005 fue presidente de la Internacional Socialista y en 2003 estrenó su asociación a un organismo internacional al convertirse en consultor de la ONU para política social ante el Gobierno de Brasil.

El gran salto llegó dos años después, en 2005, cuando fue nombrado Alto Comisario de la ONU para los Refugiados, puesto que ocupó hasta 2015 y desde el que tuvo que afrontar la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Guterres tuvo que hacer frente al recrudecimiento de conflictos como el de Siria, a la presión de los flujos migratorios en Europa e incluso a la relación que algunos establecieron entre los refugiados y el terrorismo, pero esa difícil tarea le permitió ganar prestigio y contactos a nivel internacional. Su labor con ACNUR le permitió incluso ser candidato en 2014 y 2015 al Premio Príncipe y Princesa de Asturias de Cooperación.