Las Provincias

Un corte de agua en Torrent obliga a los vecinos a mudarse

  • Los residentes en el núcleo de Falda de la Sierra denuncian que llevan cinco meses sin suministro y que esta situación «es insoportable»

«No sabíamos lo necesaria que es el agua hasta que nos han cortado el suministro». Con estas palabras explicaba Carmelo, residente en la urbanización Falda de la Sierra de Torrent, «el infierno» en el que viven desde que, hace cerca de cinco meses, el pozo que les suministraba agua de riego dejó de hacerlo por la «sequía».

Desde entonces, una gran parte de los vecinos o, al menos, «los que han podido» se han mudado a otras viviendas donde abrir el grifo no supone un problema. «Nos vinimos aquí para vivir más tranquilos que en la ciudad y ahora vamos a tener que volver porque esta situación es insoportable», explican. Incluso Carmelo, se ha planteado «mal vender» su propiedad y «empeñarse en un piso», «porque es la única solución que vemos».

«Los fines de semana esto se llenaba de gente paseando y ahora no hay casi nadie. En agosto, durante las fiestas que organizamos en la urbanización ya se notaba el despoblamiento», advierte el vicepresidente de la asociación vecinal, Rafa Penalba. Una sensación que comparten los componentes de la junta directiva, la mayoría personas mayores que buscan la tranquilidad de vivir en el campo y que también coinciden en señalar que el agua «no es un lujo, es un bien necesario».

Uno de ellos, José Vicente Andreu, ha echado mano del servicio a domicilio y tiene en casa una máquina que le sirve para poder beber y cocinar. Aún así, «todas las mañanas tengo que cargar garrafas para llenarlas en la fuente de Mas del Jutge para otros usos», señala.

Otros como Isabel Cubell, han agotado el agua de sus piscinas que, hasta ahora, les han servido para resistir usándola para tirar de la cisterna o lavar los platos. El problema es que, después de tanto tiempo, en las piscinas «sólo queda barro porque no van las depuradoras y se han convertido en un foco para el mosquito tigre», explica esta vecina, «estamos pensando en comprar carpas para que se coman las larvas». Isabel también señala que «cada dos días tengo que ir a casa de mi hijo para lavar la ropa y nos duchamos calentando agua en cazos».

Por su parte, Carmelo explica como «si quiero ducharme tengo que ir a casa mi hijo y al día, hago tres viajes a la fuente más cercana que es la de Mas del Jutge a cargar tantas garrafas como caben en el maletero». El vecino señala que la situación también le ha llevado a enfrentarse a los residentes de esta zona «que nos recriminan que carguemos tanta agua».

El gasto en la compra de agua se ha disparado entre las familias afectadas mientras siguen pagando el recibo del suministro al pozo privado a pesar de que no tienen porque «si devolvemos dos, nos quedamos sin él», señalan los residentes.

Desde el ayuntamiento, las autoridades locales les han comunicado que «está en vías de solución» pero los vecinos «no ven perspectivas a corto plazo». El último consejo de administración de Aigües de l'Horta, empresa que suministra al casco urbano, se solicitó un informe sobre la situación y el planteamiento de posibles soluciones.

Como alternativa, se ha propuesto colocar varias fuentes en las urbanizaciones Buenavista y Falda de la Sierra, para aliviar el problema de forma momentánea y que los cerca de 140 residentes puedan llenar sus garrafas pero esto «no les convence» y reclaman los mismo derechos que el resto de vecinos de la ciudad».