«'Welcome to España, desde arriba nos dan mucha caña'»

La reina del mestizaje está de celebración. Su primer disco cumple 20 años y, aunque su gira no pasa por Tijuana, no renuncia al sexo, el tequila y la marihuana, «tres pilares que siempre me acompañan»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Con qué paranoia regresa? - La de la celebración de que hace veinte años una chica con un puñado de canciones lanzó un álbum pionero de un género que más tarde se llamaría mestizaje y que fue una revolución.

- ¿Con cuál debutó?

- Con la de experimentar con la música y buscar el punto de unión entre México y los Balcanes y crear una ranchera balcánica, o una rumba andaluza con toques latinos o árabes... Todo para hacer que nuestras almas estén contentas y nos sintamos alegres.

- El tequila, el sexo, la marihuana... ¿lo dejó todo?

- No, ja, ja, por supuesto que no. Son tres pilares sanos y agradables que me acompañan en mi vida, aunque no tanto como quisiera...

- Entretanto, ¿qué ha empezado?

- Muchísimas cosas. He empezado a estudiar bioneuroemoción -la conexión entre las emociones y las enfermedades- y luego tengo a mis dos hijos (que ya son hombres y a los que adoro), y mis plantas, mis animales (perros, gatos y tortuga, y los amo a todos), mi familia, mis amigos... y un buen equilibrio entre el trabajo y el tiempo para mí misma y para la gente que me aporta. Estoy en un momento dulce.

- Que sigue de 'Buen rollito', vamos.

- Por supuesto, eso siempre.

- ¿Dónde reposta para que no le falte?

- En la conexión conmigo misma, en agradecer cada mañana la nueva oportunidad para ser mejor persona, compañera y cantante; en mis meditaciones, mis estudios, mis encuentros con otros músicos, en la música. Tengo mucho como para estar bien.

- Mi osteópata blasfema contra tanto positivismo 'porque-sí'. «Es de insustanciales», dice. ¿Le pone los puntos sobre las íes?

- Yo soy positiva por naturaleza, pero si tengo nostalgia, ira, estoy triste, o algo me ha dolido, no lo tapo. Lo siento y reflexiono sobre esas emociones. Pero me dura poco, suelo estar arriba. Además de una actitud, ser positiva es la esencia para que todo vaya bien y es la base de la aceptación de que las cosas son como son.

- Olvidemos Tijuana. ¿Qué diría un hipotético 'Welcome to España'?

- Uy, ja, ja, a ver, que busque una rima... 'Welcome to España, desde arriba nos dan mucha caña', ja, ja.

- ¿Ha cruzado ya todas las fronteras?

- Uy, no, qué va. No he estado todo lo que me gustaría en Latinoamérica. Y en lo personal, me queda quererme más y buscar más tiempo para mí.

«No soy podemita»

- Musicalmente nació en Lavapiés, 1996. ¿Qué late en su barrio en la 'era Carmena'?

- Me encantaría haber vivido Lavapiés con Manuela de alcaldesa. Pues, estuve hace unos días comiendo allá y sigue siendo un barrio multicultural, vivo, donde lo nuevo y lo antiguo se dan la mano. Y aunque ahora teme convertirse en zona de turismo, aún conserva sus esencias.

- Se crió en Granada. En su Jaén natal, ¿le han puesto su nombre a algún trujal?

- Ja, ja, no, pero en 2011, mi pueblo, Alcalá la Real, de donde me fui con dos añitos, me dio el premio Alcalaína del año. En Granada aún no me han hecho nada, ja ja.

- La Manu Chao española, le rebautizaron unos.

- Una referencia maravillosa. Es un compañero de la vida y un maestro al que admiro, con el que canto mi último trabajo, 'El coro de mi gente'.

- La musa del 'perroflautismo', le dicen otros.

- Ja, ja, ja. ¡Bienvenidos todos los títulos que me quieran dar!

- ¿Podemita, al menos?

- No.

- El último verano lo pasó en el Congo, donde colaboró con una ONG que presta ayuda a mujeres víctimas de la violencia de género. Usted también bebió ese mal trago. Lo plasmó en el libro 'La niña y el lobo'. ¿Sanada, serena, segura?

- Justo, las tres eses. Pero esa lucha sigue, va en paralelo con la música.

- ¿Cuál es 'El poder de Machín' dos décadas después?

- La alegría.

- ¿Y el de usted, con su bandana a la cabeza, sus colores y su coctelera loca de ritmos?

- La Abuela Margarita (una chamana mexicana) me enseñó un canto que dice: 'Soy el poder dentro de mí; soy el amor del sol y de la tierra; soy gran espíritu; y soy eterna. Mi vida está llena de amor y de alegría. Y si lo cantas muchas veces, te lo crees'. Y yo me lo creo.

La década de los setenta apuraba sus último cartuchos. Su familia veraneaba entonces en la costa granadina, cerca de Motril. Cuando el colegio acababa, Amparo, su madre y su abuela Manuela se mudaban al apartamento «chiquitito» de Torrenueva. Su padre, «iba y venía». «Recuerdo los días eternos en la playa, sin preocupaciones, comiendo cosas fresquitas y super ricas... y las charlas por las noches con ellas, aprendiendo y cantando. Siempre habían vivido en el campo, en Alcalá la Real. Mi abuela sabía todas las canciones de la radio y de los artistas que pasaban por el pueblo. Eran telenovelas, que si la hija del carcelero se enamoraba del preso y así... ¡Culebrones que me tenían en vilo! Yo hago todo lo que ella no pudo hacer».

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