El último genio

El último genio

Chiquito de la Calzada. Inventor de un lenguaje propio, el humorista nunca superó la muerte de su mujer, Pepita. Deja la gran escena de la vida con 85 años

PABLO ARANDA

Chiquito de la Calzada se ha muerto, por la gloria de mi madre. Esto no se hace, pecador de la pradera, último genio, pedazo de fistro, grande, enorme, único, esto no se nos hace ¿te das cuen?

A partir de unas referencias personales, surrealistas, nuevas, absurdas, Chiquito de la Calzada se separó de la tradición humorística española para volar aparte sin que eso le supusiera adoptar una pose. Era un hombre corriente, digno, elegante, un señor afable, pero al levantarse y ocupar el centro del escenario ¡jarl! el mundo ya era otro mundo y el final de los chistes dejaba de importar, lo único que queríamos es que no terminase. En el Pasaje de Chinitas, donde dice García Lorca que Paquiro le dijo a su hermano «soy más valiente que tú, más torero y más gitano»", la figura de Chiquito de la Calzada no volverá a cruzar camino del restaurante Chinitas, donde resultaba fácil encontrarlo. Hace justo tres años estuvo en Málaga el escritor Andrés Barba, que esta semana ha ganado el Premio Herralde de Novela. Almorzando, vio a Chiquito. Andrés Barba trabajaba en un ensayo sobre el humor que publicaría dos años más tarde, 'La risa caníbal', donde se muestra muy crítico con el humor en España. Encontrarse con Chiquito, a quien consideraba un genio, lo vivió como «algo ultraestelar», pues confesó que era su ídolo nacional, para el que guarda un altar privado.

En los años noventa, la gente componía unos gestos extraños, imitaban una forma de andar curiosa e introducían vocablos de un idioma nuevo. Cuando vi por primera vez a Chiquito de la Calzada me pareció un hecho ultraestelar que el objeto de admiración general fuese un genio, alguien capaz de arrugar la hoja donde está representado el mundo y al extender ese folio comprobásemos que el mundo es otro.

A Gregorio Sánchez Fernández le llegó el reconocimiento a los 62 años gracias a la televisión y a una forma de contar los chistes con la que revolucionó el humor en España. Nacido el 28 de mayo de 1932 en la Calzada de la Trinidad de Málaga, de la que tomó su nombre artístico, comenzó a los 8 años a cantar flamenco, faceta que le llevó a actuar en el extranjero, y residir durante dos años fuera de España.

De aquella etapa anterior al humor, cuando todavía era un artista anónimo, data también su fugaz aparición en un capítulo de la mítica serie televisiva 'Vacaciones en el mar' en 1985, tocando las palmas como integrante de un cuadro flamenco. La fama le llegaría en 1994, cuando fue descubierto para el programa de Antena 3 'Genio y figura', donde su forma de hablar y de caminar y las palabras que acuñó le convirtieron en uno de los grandes del humor. Ese éxito le condujo al cine, en el que participó en películas como 'Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera' (1996), 'Brácula: Condemor II' (1997), 'Papá Piquillo' (1998), 'Franky Banderas' (2003), 'El oro de Moscú' (2003), 'Spanish Movie' (2009), 'La venganza de Ira Vamp' (2010) y 'Torrente 5: Operación Eurovegas' (2014).

También empezaron los reconocimientos, como ser nombrado en 1996 pregonero de la Feria de Agosto de Málaga, provincia de la que sería reconocido como hijo predilecto por la Diputación en noviembre de 2016. En 2004, el propio Chiquito acudió a inaugurar el parque que desde entonces lleva su nombre en el paseo marítimo de Poniente de Málaga, y advirtió entonces con su peculiar estilo de que a todo el que no lo visitara le echaría «seiscientos dólares de multa». En aquel acto, el humorista aseguró en tono jocoso que, después de tener un parque, sólo esperaba un lugar en la Academia de la Lengua por sus aportaciones al diccionario, algo que no podría producirse ese año al «no haber sillas, porque se las han llevado».

Hasta luego, Lucas

El flamenco Chiquito «hizo el Japón» como tantos flamencos que acudían a batir palmas y cantar unas bulerías. Contaban otros cantaores que pasó en el avión el miedo más grande del mundo. Sentado, quieto, callado, no se levantó ni para ir al aseo. Imagino su gesto y la respuesta a la azafata que se extrañase por su actitud.

El personaje más conocido de Kafka, Gregorio Samsa, se levantó convertido en escarabajo. Gregorio Sánchez, Chiquito, cada vez que se aupaba y ocupaba el centro del escenario seguía siendo él, pero nos convertía a los demás en habitantes de un mundo recién creado. Siempre he respetado a mis ídolos y no he solido asaltarlos al encontrarme con alguno de ellos, pero varias veces saludé a Chiquito. Como si nos conociéramos de hacía mucho y casi de nada, como si fuese el padre de un niño que fue mi compañero de juegos en un barrio al que no hubiera vuelto, le decía buenas noches, y él me miraba con una media sonrisa educadísima y me devolvía el saludo.

De su segundo ingreso en el hospital no ha vuelto, y no queríamos que nuestro ídolo anduviera entrando y saliendo, estableciéndose en un regular nada más, en la habitación sin intimidad de un hospital lleno de fistros. Un médico acercándose por las mañanas para darle un parte lleno de tecnicismos y Chiquito preguntando ¿cómor? Y cuando el médico saliese Chiquito se despidiese con su hasta luego, Lucas.

El mundo esta vez ha sido justo y esperó a que Chiquito tuviera 62 años para encumbrar a un hombre bueno y el hombre afable lo ha sabido; se ha sentido querido. Hoy es un día triste pero de una tristeza alegre. ¡Cómo no sonreír cuando nuestro recuerdo despliega ese derroche de lugares nuevos adonde nos llevaste, Chiquito! ¡Por la gloria de mi madre!

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