El último conejito

Hugh Hefner bromea con una de sus 'conejitas'
durante la gala de los Grammy de 2012.  :: / REUTERS
Hugh Hefner bromea con una de sus 'conejitas' durante la gala de los Grammy de 2012. :: / REUTERS

Hugh Hefner , el fundador de la revista 'Playboy', muere a los 91 años tras una vida rodeado de bellezones. Su cuerpo será enterrado junto a la tumba de Marilyn Monroe, que ocupó la portada del primer número

FERNANDO MIÑANA

Se casó con la primera mujer con la que se acostó. E incluso le perdonó una infidelidad días antes de la boda. Y aquello, dicen, le marcó para siempre y le convirtió en ese hombre obsesionado con sus demesuradas relaciones con las mujeres. Hugh Hefner, el hombre que convirtió en un imperio una modesta revista de 50 centavos, 'Playboy', murió ayer a los 91 años en su mansión de Beverly Hills, casi tan célebre como él por ser el escenario de sus excesos, el sueño de tantos hombres que envidiaban a este galán rodeado siempre de bellezones rubios. Su cuerpo será enterrado en el cementerio de Westwood Memorial Park, donde en 2009 compró el nicho contiguo al de Marilyn Monroe, quien, en un guiño del destino, copó la portada de los primeros 54.000 ejemplares de 'Playboy' en diciembre de 1953.

Lanzó la revista después de pedir prestados ocho mil dólares a amigos y familiares -su madre puso mil-. Quinientos fueron para los retratos que una desconocida Marilyn se había hecho, para saldar una deuda de cinco 'pavos' con un fotógrafo, cuando tenía 22 años. Posó desnuda sobre un fieltro rojo para un calendario que se vendió de costa a costa, aunque Hefner reservó para la portada una imagen mucho más recatada. Desde el primer día marcó la raya que separaba lo soez de lo picante, pero elegante. Por ello escribió que la publicación iba dirigida a hombres a quienes les gustaba «tomar unos cócteles mientras ponen algo de música en el fonógrafo e invitan a una mujer a una tranquila conversación sobre Picasso, Nietzsche, el jazz y el sexo». Saltó la banca. En los 60 ya vendía un millón de ejemplares y en los 70 alcanzó su récord: siete millones de revistas vendidas.

Hefner convirtió su creación en un símbolo durante la revolución sexual. E hizo lo mismo consigo mismo y con el logotipo de la revista, el archifamoso conejito con una pajarita, tan reconocible en todo el mundo como la manzana mordida de Apple o el caballito rampante de Ferrari. Aquel icono fue una idea de Art Paul, quien se convertiría también en el director de arte de 'Playboy' durante tres décadas. La revista mostraba cuerpos desnudos entre interesantes entrevistas con Fidel Castro, Woody Allen, Orson Welles o Salvador Dalí, artículos de Hemingway, Truman Capote, Nabokov, García Márquez o Murakami, y seriales literarios como 'Fahrenheit 451', la conocida novela de Ray Bradbury.

El díscolo fundador de 'Playboy' fue el polo opuesto a su padre, un metodista de Nebraska que murió en 1976 sin haber ojeado jamás una sola foto de las páginas de su hijo. El rey del erotismo potenció la idea de que no solo era el dueño de 'Playboy' sino que era el playboy más famoso del planeta gracias a las fiestas que publicitaba vestido con una bata de seda no satinada (le hacía resbalar en las sábanas), una copa de champán en la mano y rodeado de sus 'conejitas', elfas en bañador a las que agasajaba con todo tipo de exquisiteces.

Salvó la 'Y' de Hollywood

Su primera mansión la compró en Chicago, donde había nacido el 9 de abril de 1926, y allí explotó su imagen con una enorme cama redonda, giratoria y vibradora donde podían retozar hasta doce personas; es decir, él y once mujeres. En 1971 le echó el lazo al casoplón de Los Ángeles. Le costó un millón de dólares y tenía 29 habitaciones, además de una caverna salpicada de jacuzzis y un zoo habitado por monos, mapaches y pavos reales. El pasado verano se la compró el magnate de la alimentación Daren Metropoulos por cien millones de dólares (85 millones de euros) y añadió una llamativa cláusula: que Hefner viviera allí hasta el último de sus días.

El dueño del imperio erótico fue un cinéfilo empedernido y a veces reunía en casa a sus amigotes para ver una película del Oeste. Los lunes tocaba un estreno y los domingos, un clásico. No dudaba en sacar la chequera para salvaguardar uno de los iconos de la industria: el letrero de Hollywood -conocido como Hollywood Sign-, por el que aflojó 27.700 dólares para restaurar la 'Y' o algo menos de un millón para evitar que prosperase un proyecto inmobiliario en el monte Lee.

Durante sus primeros años profesionales iba siempre acelerado por culpa de las anfetaminas y cantidades industriales de Pepsi. En los últimos tiempos simplemente se hinchaba a Viagra para seguir dando la talla, según explicaron las gemelas Karissa y Kristina Shannon, despechadas después de verse desplazadas por Crystal Harris, su última esposa. Se casaron cuando ella tenía 25 años, sesenta menos que su marido, que le pidió matrimonio con un pedrusco de tres quilates y medio rodeado de brillantes.

La edad, en realidad, nunca fue un problema para un hombre que siempre presumió de contar sus amantes por miles. Rico, popular y con fama de conquistador, siempre había una belleza a su alcance. Pasar por su mansión podía ser un trampolín y todo el mundo quería ser invitado. Bari Benton, su novia más o menos fija entre 1969 y 1976, le soltó al conocerle: «Eres majo, pero nunca he salido con nadie de más de 24». A lo que Hefner replicó con ingenio: «Eso está muy bien: yo tampoco».

Entre mujeres y más mujeres, tuvo tres esposas. La primera, la que desvirgó al rey del mambo, fue Milfred Williams (entre 1949 y 1959), con quien tuvo dos hijos. La segunda (entre 1989 y 2010) fue Kimberley Conrad, 38 años menor, con quien tuvo otros dos vástagos. En realidad se separaron en 1998, pero Hefner los colocó a los tres en la casa de al lado y tardó un tiempo en divorciarse. La tercera, su última gran mujer, ha sido Crystal Harris.

Tanto desenfreno durante tantos años pudo transmitir una imagen intencionadamente falseada, como dejó entrever, con mucha mala uva, una de sus 'playmates', sus chicas 'Playboy', en una entrevista con 'Vanity Fair'. «La mayoría de la gente cree que a lo largo del día es todo emocionante, pero en realidad es más como estar en casa de la abuela».

«Una vida excepcional»

En los últimos años cedió el timón de la famosa revista de las conejitas a su último hijo, Cooper Hefner, quien, a finales de 2015, tomó la controvertida decisión de prescindir de los desnudos en un mundo donde el erotismo y todo tipo de pornografía estaban ya al alcance de cualquiera en internet. En febrero, con las ventas desmoronándose, se desdijo y decidió recuperarlas.

Cooper emitió ayer un comunicado para retratar a su progenitor. «Mi padre tuvo una vida excepcional e impactante como pionero mediático y cultural. Él definió un estilo de vida que se encuentra en el corazón de la marca 'Playboy', una de las más conocidas y perdurables de la historia».

No todo fueron halagos o envidias durante su existencia. Las feministas cargaron duro contra él por degradar a la mujer conviertiéndola en objeto sexual. Él siempre se defendió diciendo que no era así, que su objetivo en la casta Norteamérica de mediados del siglo XX fue aportar «madurez moral y honestidad». Eso sí, a pesar de los contenidos mucho más explícitos de la competencia, nunca quiso dejar de ser una publicación con estilo.

Ayer se acabó esta vida soñada por tantos hombres. Seguro que la muerte le sorprendió en pijama. Adoraba poder vivir en pijama.

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