A la sombra de una parra

La V-2313 lleva a Pajares de Pedraza, un pueblo de Segovia tan bello como desconocido. Allí hay un humilde bar, El Telarañas, que da cobijo y sombra al viajero cansado

ANTONIO PANIAGUA

En el Telarañas no sirven las mejores tapas, ni mucho menos platos alambicados. A sus mesas no se sienta gente glamurosa ni empresarios que lucen corbatas a juego con la camisa. Entonces, ¿qué demonios tiene este bar para que su terraza esté siempre llena? Pues, sobre todo, una maravillosa parra que da sombra al sediento y frescor al acalorado. Todo reunido en un bello pueblo, Pajares de Pedraza (Segovia), que sería aún más acogedor si no fuera porque, con los fríos, el lugar se convierte en un desierto demográfico. Pero ahora es verano y bulle de ciclistas y vecinos de pueblos cercanos. Si el establecimiento tiene su encanto, no se quedan atrás los paisajes que flanquean la carretera SG-V-2313, los que discurren desde Velilla. Es un camino que está serpenteado de olmos, sauces, fresnos, sabinas, chopos, aligustres y algún que otro nogal.

Lo mejor del bar, que abre sólo entre junio y octubre, es sin duda su umbrosa vegetación, en la que crecen un membrillo, una higuera un manzano y un avellano. No son frondosos, pero hacen el lugar ameno y acompañan al parroquiano cansado. A la luz destilada por las hojas de parra, los clientes toman el vermú, el verdejo (por estos lares nadie le entenderá si pide un Ribera de Duero) o las jarras de de cerveza. El quitasol del enramado es la mejor sombrilla, cosa que sabe bien la clientela, que se demora en el trago.

Pajares de Pedraza se asienta en un valle donde confluyen el río Cega y el arroyo de Santa Águeda. Durante estos meses se convierte en refugio de veraneantes, pero lo normal es que el municipio esté habitado por pocas personas, que nunca llegan al centenar. Pertenece al término de Arahuetes, que ha cobrado cierta popularidad desde que allí se rodaron las escenas pueblerinas de la serie televisiva 'Cuéntame'. Para la ficción, Arahuetes se rebautiza y se llama Sagrillas, adonde van los Alcántara a respirar los aires rurales y donde se esconde Carlitos cuando el tráfago de la Movida le supera. Algunos vecinos de Arahuetes han aparecido como extras en la serie. Como en todos estos parajes, los paisanos no abjuran de sus tradiciones, entre las que destacan la matanza del cerdo y la subasta de las andas de la patrona.

Croar de ranas

Aparte del Telarañas, Pajares de Pedraza merece una visita por sus casas de piedra clara, la iglesia de San Gregorio de Tours, el molino de Parapajas y las hermosas vistas del puente sobre el Cega. Cuando llega la primavera, el caudal de este río se remansa a su paso por Pajares y las ranas saltan en sus aguas. Pero ahora, con el estío, mengua. La iglesia es un edificio de construcción moderna, pero dotada de un ábside semicircular, lo que hace pensar que antes se levantó en el lugar otro templo. Las fachadas de algunas casas están decoradas con el típico esgrafiado, casi siempre ilustrado con motivos geométricos.

A siete kilómetros de Pajares se encuentra Pedraza, que los fines de semana se colma de turistas que acuden al reclamo de sus casas blasonadas, restaurantes y tiendas. El pueblo es famoso por su Concierto de las Velas, cuyas entradas se agotan enseguida. Su espléndida arquitectura medieval convierte a esta villa en conjunto monumental. Con todo, tiene cierto aire de estampa artificial, propia de esos decorados que empiezan a parecerse a un parque temático. Sus visitantes se pirran por el cochinillo y el cordero. Son muchos los que los ofrecen en sus cartas, pero quizás el mejor sea El Jardín, cuyo dueño gusta de las partidas de mus después del tajo.

¿Qué se puede recomendar de este pueblo con muralla, castillo y plaza porticada? Sin lugar a dudas, su antigua cárcel, que, a pesar de su antigüedad (data del siglo XIII), sigue produciendo escalofríos. En 1994 abrió sus puertas a los curiosos para que pudieran merodear entre sus gruesos muros. Hay visitas guiadas cuyas explicaciones no dejan de suscitar asombro. En sus tenebrosas mazmorras asoman cepos para manos y pies, una ominosa tortura de la que hicieron uso y abuso los inquisidores.

Fotos

Vídeos