«Sigo anclada a esa niñez que no tuve»

La gimnasta practica yoga «por salud física y mental». / R. C.

Almudena Cid se confiesa a sus 37 años: «Llegué a tener pesadillas con el tema de ser madre por culpa de la presión externa»

ARANTZA FURUNDARENA

Almudena Cid habla por los codos. Y lo justifica: «Me he pasado gran parte de mi vida concentrada en la gimnasia rítmica, hablando conmigo misma, y ahora lo estoy compensando». Simpática y transparente, la olímpica vitoriana acaba de ingresar en los 37 años con menos achaques de los previstos para una deportista de élite, «gracias al yoga». Hace unos días, acompañó a la prestigiosa yogui internacional Xuan Lang en una 'masterclass' impartida ante más de 300 personas en el lujoso puerto deportivo mallorquín de Port Adriano. «Había un atardecer precioso», proclama entusiasmada Almudena, que desde hace unos años practica yoga regularmente «por salud física y mental. ¡Y no hace falta ser hiperflexible!», advierte al tiempo que cuelga en Instagram fotos de sí misma en posturas casi inverosímiles...

«Cuando me retiré pasé una etapa muy dura por esa situación que vive todo deportista de élite -recuerda-. Necesitaba reciclarme, reencontrarme y volver a tener algo que me hiciera sentir competente. Yo lo hallé en la interpretación, pero también es un trabajo con muchos altibajos. La clave estaba no en buscar algo exterior sino algo que yo pudiera hacer siempre. Durante mi vida deportiva dejé de respirar por la nariz. Y decidí probar el método 'DeRose', que me adentró en el mundo de la respiración. De ahí pasé al yoga. Y ahora lo practico desde casa, hasta me he inscrito en un canal especializado».

Cid ha recibido por su cumpleaños un regalo muy especial de su marido, el presentador de 'Pasapalabra' y escritor Christian Gálvez: un viaje sorpresa. Y se siente como niña con zapatos nuevos. «Es que en muchos aspectos sigo siendo una niña, sigo anclada a una niñez que no pude vivir del todo». Y recuerda cómo tuvo que adquirir desde muy cría el rol de una chica madura, cómo se echó sobre los hombros toda la responsabilidad de los éxitos y fracasos de su equipo. «Creo que no he podido reírme todo lo que he querido. Cuando pasaba un rato bueno enseguida me culpaba». Hoy, nueve años después de su retirada, todavía le remuerde a ratos la conciencia... «Llegan las vacaciones y tengo esa frase lapidaria mía: si no llego reventada no me merezco un descanso. Me he pasado gran parte de mi vida agotada. Hoy que no tengo esa sensación me digo: ¡Esto es vida!».

Aún así no para. Mientras espera «sacar la cabeza» como actriz, vive inmersa en su colección de cuentos autobiográficos, protagonizados por una gimnasta llamada Olimpia. «Es apasionante compartir mis experiencias con las niñas que los leen». En su nueva trilogía aborda el tema de los jueces que califican a las gimnastas. «No quiero caldear el ambiente -dice Almudena- pero ese oficio no se aleja mucho de la política. No siempre es justo lo que ocurre ahí. Al final cada juez lucha por el interés de su país a costa de lo que sea». Ella nunca ha ejercido de juez ni lo pretende. «Hay que tener mucho estómago».

Comer a escondidas

La deportista no ha ahorrado detalle en sus libros. Ha confesado su tendencia a infravalorarse y cómo aprendió a desmontar ese perverso mecanismo. También desvela en otro episodio su morbosa afición a los dulces... «Cuando llegué al equipo nacional, para sentirme aceptada, empecé a imitarlas comiendo porquerías a escondidas. Incluso le pedí a mi padre que me hiciera un cajón de doble fondo para guardar mis chucherías. Todas estas historias hacen que muchas niñas se identifiquen conmigo», señala orgullosa.

Los niños son su pasión. Pero los ajenos. La gimnasta ha afirmado varias veces que no desea ser madre. Y luego ha llegado a sentirse esclava de sus palabras. «Es que voy al supermercado y me lo recuerdan». Y todo porque Christian Gálvez, con quien lleva casada siete años y diez de relación, y al que dice adorar y admirar «por su brillantez mental», declaró públicamente que quería un Leonardito, en alusión a su devoción por Da Vinc0i. «Ahora hemos puesto algo de distancia sobre el asunto para que yo pueda relajarme un poco. Es que llegué a tener pesadillas con el tema de tener hijos. Me estaba sobrepasando. Me imponían una presión externa que yo no siento interiormente». Y explica Almudena que ella dejó de competir a los 28 años, que ha llegado tarde a todo y que necesita vivir antes de plantearse ser madre... «Viajar por ejemplo a Japón y disfrutarlo con mi marido. Porque yo he estado en Japón, pero no lo he visto».

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