A todo remo y con diez costillas 'tocadas'

Ramón Gutiérrez entrena con su trainera de ocho metros en el pantano leonés de Riaño.
Ramón Gutiérrez entrena con su trainera de ocho metros en el pantano leonés de Riaño. / josé Luis barrio

Ramón Gutiérrez cruzará el Atlántico con la única ayuda de sus brazos. Es su forma de superar una grave lesión en un París-Dakar

A. CORBILLÓN/J. CALVO

Ramón Gutiérrez es de los que piensa que «tu destino está marcado». Y el suyo no lo estaba en el accidente de moto durante el Dakar 2012 que le dejó casi inmóvil. Diez vértebras machacadas, una de ellas pinzando la médula, le situaron más cerca de una silla de ruedas que de cumplir sus ansias de encadenar una aventura tras otra. «Otros se hunden. Yo necesitaba el reto de la motivación y la recuperación. Buscar un después». Y ese después se despeja a los cinco años con una prueba al límite. Cruzar el Atlántico a remo. Y en solitario. «Es una manera de fortalecer la espalda», bromea.

Remar y remar 12 o 14 horas al día, durante unas 60 jornadas y 4.700 kilómetros, hasta enlazar la isla de Hierro (Canarias) con la de Guadalupe (Caribe). Y el reto lo asume este leonés de 51 años que no tiene alma de marino, aunque su deporte base haya sido el piragüismo. Estos días entrena en el embalse de Riaño, el 'océano' más grande que le queda a mano de su casa en León. Parece una broma, pero en esta 'piscina' dice haber superado las prácticas. Ya no necesita la 'L' para dominar su aerodinámica trainera de 8 metros de eslora pero un solo pasajero. «El pantano tiene una cosa muy buena, el viento. Mi barco está diseñado para ir siempre a favor de viento. En las pruebas de atraque que he hecho en Francia con mis dos compañeros de aventura era el único que lo metía en la bahía».

No es ningún novato en jugársela al límite: cuatro rallies Dakar, tres en el de Los Faraones y dos Titan Desert hablan de una pasión con la que siempre trata de sentirse «más vivo y romper el cinturón de confort que todos tenemos. Son una prueba de vida. Tú. La naturaleza. Y nada más».

Se enfrentará junto a dos remeros solitarios franceses a la sexta edición de la Rames Guyane, una prueba que desde 2006 logra demostrar que no solo los veleros en solitario son capaces de cruzar el globo sin ayuda. Ramón no será el primer español que cruce el Atlántico 'a pelo'. Tiene un aliado en el vallisoletano Antonio de la Rosa. Otro marinero de interior que ganó en la edición anterior, en 2014. Después de los 64 días, 4 horas y 30 minutos que empleó De la Rosa entre Dakar y la Guayana Francesa, le preguntaron qué fue lo peor: «La rutina de remar».

Y remar es media vida deportiva para Ramón, que ha recibido de su predecesor no sólo consejos, sino el propio barco. Sus 8 metros de largo y apenas 1,60 de ancho le dejan un habitáculo de unos escasos 1x1,80 metros. Empotrado como un piloto de Fórmula 1, tendrá que bracear en «periodos de dos o tres horas» para evitar que las corrientes le desvíen. Y dedicar el resto a cuidar su barco. Eso supone meterse en el agua para limpiar el casco de moluscos y restos que le impidan abrir bien las olas.

Serán los únicos ratos en los que podrá librarse de su cárcel en dos meses. Casi siempre «con un ojo abierto» para estar pendiente de mareas, tormentas, cruces con barcos o cualquier circunstancia de riesgo. Y siempre mojado.

- ¿Tiene miedo a algo?

- Sólo a no saber cómo me responderá el cuerpo. Sobre todo la espalda. Pero tengo claro que el reto es más mental que físico. Si la cabeza lo ordena, el cuerpo obedecerá.

Pesca fácil

Para que el físico resista, está habituándose a los menús de comida liofilizada, aunque no faltará alguna cecina envasada al vacío. Tampoco una potabilizadora, clave para hidratarse. Un camping gas será el único lujo campero que podrá permitirse. Le servirá para dar vuelta y vuelta a lo que pesque con el sedal que se lleva. «Bajo el barco siempre habrá montones de peces. Son muy fáciles de atrapar».

Empresario de éxito en proyectos de 'software', 'microchips' o máquinas para labores complejas, busca en la tecnología un aliado. Llevará todos los sistemas de navegación por duplicado. GPS automáticos y manuales, emisora de radio (también doble), otros tantos teléfonos satelitales y una antena localizadora.

El mar no le dejará tiempo libre. Exigirá una constante atención para mantener rutas y no dejar que las mareas empujen tan precario transporte hacia otra zona de Sudamérica. Las primeras dos semanas serán claves para aprender a 'cabalgar' el oleaje subido en su vulnerable 'corcho'. «Sé que me marearé. Habrá que dejar que el cuerpo se aclimate. Y saber engañar a la cabeza. Marcarle etapas, objetivos por semanas», insiste.

Zarpará junto a otros dos remeros solitarios, pero será imposible que coincidan. Esperan reencontrarse en Guadalupe, la isla que descubrió Colón en su segundo viaje (1493). Se lanzarán al reto en noviembre, época de las mejores fechas de estado de la mar y navegación. Serán unas 'vacaciones' de dos meses realmente aventureras. Con patrocinios, unos 15.000 euros en costes. Hay quien se gasta más en menos tiempo tratando de ser el 'no va más'.

Fotos

Vídeos