La primera de la clase

La primera de la clase

Muere a los 76 años Linda Brown,que de niña se convirtió en un icono contra la segregación racial en las escuelas de Estados Unidos

JAVIER GUILLENEA

Linda Brown murió el domingo, a los 76 años, convertida en un icono de la lucha por los derechos humanos. Falleció en la capital de Kansas, Topeka, no muy lejos de la escuela donde estudió, la Monroe School, hoy transformada en monumento nacional dedicado a los derechos civiles. «Su vida nos recuerda que a veces las personas más improbables pueden tener un impacto increíble y que, al servir a nuestra comunidad, podemos realmente cambiar el mundo», dijo ayer el gobernador de Kansas, Jeff Colyer, al recordar a la niña cuya imagen personificó una batalla legal que cambió la educación en Estados Unidos.

«Recuerdo que la caminata hasta el colegio era muy larga. Cuando llegaba el invierno, las lágrimas se congelaban en mi cara, hacía mucho frío. Muchas veces tuve que dar la vuelta y volver corriendo a casa», revivía Linda Brown en una entrevista en 1985. «Mi padre -añadía- era como muchos otros padres negros en Topeka, no les preocupaba la calidad de la educación que se impartía a sus hijos, sino la distancia que tenían que recorrer para recibirla».

Esta inquietud cambió la vida de millones de niños. Linda tenía nueve años cuando a su padre se le metió en la cabeza la idea de que sus hijos no tenían por qué desplazarse al otro lado de Topeka para estudiar. No muy lejos de su casa había una escuela y el reverendo Oliver trató de inscribir en ella a la pequeña. Pero resulta que la niña era negra y en la Monroe Elementary School solo admitían a alumnos blancos, así que no pudo ser.

«Iguales pero separados»

No acabó aquí la historia. Oliver Brown se unió a un grupo de trece padres amparados por la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color, que pretendía la entonces extravagante utopía de acabar con la segregación racial en la mayoría de las escuelas públicas del sur de Estados Unidos. Era el año 1950 y en gran parte del país regía el principio de «iguales pero separados», que desde 1896 dividía a los estudiantes según su color.

El reverendo Oliver se convirtió en el principal demandante en un juicio contra la Junta de Educación de Topeka. El argumento de los denunciantes, que sostenían que la segregación racial era discriminatoria porque las escuelas para afroamericanos tenían muchas más carencias que las reservadas a los blancos, fue rechazado en primera instancia, pero aquellos padres eran tercos y siguieron adelante con su desafío legal.

El 17 de mayo de 1954, el Supremo dio la razón a los demandantes en una sentencia que desde entonces se conoce como 'Brown contra la Junta de Educación'. El tribunal determinó que separar a los niños negros de otros de edad y calificaciones similares únicamente por su raza genera un sentimiento de inferioridad en cuanto a su posición en la comunidad que puede afectar a sus corazones y mentes de un modo improbable de revertir».

Tampoco acabó aquí la historia. Pese a que, legalmente, el fallo ponía fin a la segregación en los colegios, en algunos estados las autoridades locales se negaron a cumplirlo. El mismo día en que el Supremo hizo público su veredicto, Oliver Brown intentó matricular de nuevo a su hija en la escuela Monroe y volvió a toparse con el rechazo de la Junta de Educación local. Pero la grieta ya estaba abierta. En 1955, Rosa Parks, una afroamericana de 42 años, fue detenida por negarse a ceder a un blanco su asiento en el autobús. Su caso también llegó al Supremo, que un año después abolió cualquier tipo de discriminación en los lugares públicos.

Linda siguió viviendo en Topeka. Tocaba el piano en la iglesia, colaboraba con la guardería y nunca dejó de defender el valor de la educación. «Fue una alumna normal que transformó el país», han dicho de ella tras su muerte.

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