Playas de secano

En dique casi seco. Pantano de San Juan, uno de los puntales del turismo interior en la Comunidad de Madrid. / e. d. b.

La sequía pone en peligro la incipiente oferta de turismo acuático en los embalses y pantanos,que ya ofrecen más kilómetros de orillas que toda la costa

ANTONIO CORBILLÓN

Fueron pioneros, contra viento y marea, en ofrecer un turismo alternativo al de sol y playa. Ahora que arrecia el debate sobre la saturación del turismo de costa, casi nadie se acuerda de que hay muchos más kilómetros de litoral interior que de periferia marítima. Es en gran parte la herencia del anterior régimen, obsesionado con llevar agua a todo el país. «Pero no hay conciencia del turismo en el interior. Somos cuatro locos. Fíjese en Francia, Italia o Suiza, cómo explotan sus lagos y pantanos». José Manuel Ferrero lleva 25 años tratando de sacar adelante Lake Caspe, un negocio con una completa oferta de ocio a orillas del Mar de Aragón. Llaman así al pantano de Mequinenza, un coloso que acaba de cumplir medio siglo. El nombre no es demasiado exagerado: 110 kilómetros de largo, 500 de costa y 75 kilómetros cuadrados.

A pesar de la sequía, este enorme contenedor de agua está muy por encima de los niveles del resto del país. Pero ni siquiera su 62% de caudal en agosto garantiza futuro a la densa oferta de campings, navegación a vela y el resto de ocio que mira con temor los surcos que va dejando la retirada de las aguas. «En la cola es un lodazal. Se han perdido más de 50 kilómetros. Aún nos quedan 20 metros de nivel de margen. Pero toda esta incertidumbre la vamos a pagar. Y en otoño llegará la temporada de pesca, que también peligra», completa su pesimismo Ferrero.

La misma zozobra vive otro pionero del cabotaje de interior como Rafael Samaniego. Este arquitecto metido a patrón llegó al pantano de El Burguillo (Ávila) hace cinco años. Buscaba un lugar no muy lejos de Madrid y su 'puerto' oficial: el pantano de San Juan. Allí atracan más de mil barcos y no daba más de sí. El embalse abulense ya es la alternativa más cercana, con más de cien velámenes en sus pantalanes. «Aposté porque estamos a menos de cien kilómetros de varias capitales (Madrid, Valladolid...) y porque la navegación en el interior da seguridad. Siempre hay vientos racheados y hay que rolar y maniobrar de forma continua». Su empresa, El Burguillo a Toda Vela, es ya una referencia entre particulares y compañías que enseñan a sus directivos a pilotar proyectos como quien lleva el timón de sus veleros. Pero ni las aguas perpetuas de la sierra garantizan unos niveles que apenas superan hoy el 50%. «El volumen de agua está influyendo en que se reduzca el crecimiento del sector. Las administraciones miran para otro lado. Yo partí de cero y no me ha ayudado nadie. Este sería un producto muy vendible si se organizara bien», se queja.

La España interior se muere de sed. Las dos Castillas esperan las peores cosechas de cereal en décadas. Ni siquiera la gran red nacional de pantanos y sus 55.973 hectómetros cúbicos de capacidad, que hoy no llegan ni al 50%, ofrecen esperanzas a la economía básica de las regiones sin agua salada. «A las confederaciones hidrográficas sólo les interesa la producción de electricidad y desembalsar para riego. El resto no cuenta». La sentencia del alcalde de Muelas del Pan (Zamora), Luis Alberto Miguel, se repite como un mantra en el resto de áreas que sueñan con diversificar sus limitadas alternativas de vida.

Su pueblo y toda la comarca beben y viven del pantano de Ricobayo, el segundo más grande de Castilla y León y uno de los que sufre peor evolución hídrica: apenas tiene la quinta parte de su nivel. Esta temporada los veraneantes tendrán que saciar sus ansias de agua en la piscina municipal. Todos los negocios que ofrecen rutas y ocio en Ricobayo han cerrado. «Estamos bajo mínimos. Es complicado hasta llegar al pantalán para sacar un barco. No hay nada que hacer, y vamos a tardar años en recuperarnos», lamenta el munícipe.

Mar de Castilla, Fiordos Leoneses, Mar de Extremadura... La publicidad con que se lanzaron tantos mensajes para aquellos que huían de unas playas de costa colmatadas empieza a zozobrar como esos barcos varados en diques casi secos. «Extremadura, con más de 50 zonas de baño naturales y 1.500 km. de costa interior, algo que nos hace únicos en Europa Occidental, ofrece unos recursos excepcionales relacionados con el turismo de agua», rezaba la campaña oficial de lanzamiento 'Empápate de Extremadura'. Pero ya no lo ven así en Peñalsordo. Situados en la cola del embalse de La Serena (sólo cubre el 42,55% de sus 3.219 hectómetros cúbicos), el agua se ha retirado casi a dos kilómetros. «Es el primer año que no tenemos actividad acuática. Las empresas ni lo han intentado. A la gente sólo le queda la piscina y el chiringuito», resume su concejala Mari Carmen Pablo.

Como en las carreras ciclistas, estar en la cola suele traer malas consecuencias. «Según te alejas de las cabeceras, se pierden las playas», avisa también el empresario Luis Guisado, que ofrece en Isla Zújar (pantano de Zújar, 84,5% lleno) uno de los mayores abanicos de actividades de la región. En las cabeceras de las grandes cisternas extremeñas, donde el agua aún no falta, las orejas del lobo de la sequía se ven con distancia. Pero se ven. «La situación dificulta un poco, pero se sigue haciendo vela. La imagen del barco varado en el barro aún no ha llegado, aunque es verdad que a veces se hace complicado bajar un velero al agua sin rampa de hormigón», admite el secretario de la Federación Extremeña de Vela, Carlos Martín. Con más de 250 federados, sus instalaciones de El Anillo (pantano Gabriel y Galán) no tienen nada que envidiar a ningún club marítimo. Ni en medios, ni en actividad, con una agenda que incluye campeonatos nacionales e internacionales de casi todo tipo de pruebas náuticas. Al menos, en el pantano de Orellana ondea, un año más, la bandera azul en su playa, la primera de Europa que logró tal distinción.

Los gestores destacan que los amantes de esta forma de ocio son legión. Amantes de la naturaleza sin la estridencia de las costas y muy fieles cuando descubren su paraíso. «Conseguir que una familia al completo inglesa, alemana o francesa se quede quince días es muy complejo. Y todo se puede echar a perder», previene el director de Lake Caspe, José Manuel Ferrero.

Riaño (León) cumple este año 30 años de su polémica inauguración. Con ese aire de fiordo noruego y un gran vaso de contención, el agua parecía asegurada para todo y para todos. Para montar en el barco de rutas del Ayuntamiento había hasta lista de espera. «Hacíamos hasta seis viajes al día. Eso son más de cien turistas. Era lo único que teníamos y dinamizaba la economía local», suma y valora su técnica municipal Enma Calle. Pero las demandas de agua de la ribera leonesa dejarán sus aguas al 10%. «Se verá incluso el suelo». También se notará el 'suelo' de la pérdida del negocio náutico.

«Todo son problemas»

Con este panorama, las esperanzas de los que se han ido sumando a la vela que sopla las aguas continentales se difuminan. Un grupo de amantes de la navegación crearon hace unos meses en Burgos el Club Náutico Mar de Castilla. Su objetivo es llenar de colorido el pantano del Ebro, que comparten Cantabria y el norte castellano (541 hm3, 38,81% embalsado). «Queríamos tener infraestructura, pero todo son problemas. Si sigue bajando el nivel será imposible arrastrar un barco hasta el agua», se duele su presidente, Pablo Gallo. El equipo que dirige está animado a seguir apostando por «uno de los deportes más ecológicos que hay; con los barcos mueves las aguas y evitas los fangos, es una buena alternativa a la saturación de las playas y clubes marítimos», reflexiona. Y recuerda que el Ebro, igual que otros pantanos, ha acogido campeonatos de vela ligera de alcurnia.

Pero, una vez más, a la Confederación Hidrográfica del Ebro le interesa más atender a las energéticas y al desembalse para riego. De momento, Gallo y su gente, los últimos en llegar, se conforman con organizar cruceros en las aguas de la bahía de Santander. En un futuro no muy lejano, cargar los barcos y 'saltar' hasta un puerto de mar tal vez sea la última alternativa a los marineros de agua dulce.

Fotos

Vídeos