El plan de Miquel Suay

El diseñadorpropone una escapada a Irlanda. Callejear por Dublín, tomar una cerveza y una ruta en coche, entre sus imprescindibles

NOELIA CAMACHO

Un grupo de amigos, el mes de agosto y una semana en Irlanda. Es el plan perfecto para el diseñador valenciano Miquel Suay. Huyendo del terrible calor de la ciudad, el modisto realizó hace unos años y viaje a Dublín del que guarda un grato recuerdo. «Fuimos dos parejas, con total tranquilidad, decididos a callejear y a conversar alrededor de una cerveza», asegura Suay.

Primero se decanta por pasar primero unos días en la capital, para pasear y disfrutar de la ciudad. «Me sorprendió mucho la amabilidad de la gente, en comparación con los británicos. La capital es maravillosa. Y sus locales también. Ahora entiendo el importante número de grupos musicales que han salido de allí. En cualquier sitio al que vas encuentras a una banda tocando en directo», asevera.

Miquel Suay lo tiene muy claro: «en agosto, la temperatura es muy agradable en Irlanda. Yo recomiendo salir por las noches, tomar algo y pasear por el centro de la ciudad. También, redescubrir edificios. Nosotros visitamos algunos como la Universidad de Dublín», confiesa.

De visita obligada es la fábrica de cervezas Guinness. «Es una cita imprescindible. Aparte de conocer cómo se hace esta bebida, también hay un espacio donde comer y probar la gastronomía típica de la zona», cuenta.

Tras estos días por la capital, narra el modisto, durante sus vacaciones se decantaron por realizar una ruta en coche que les llevó a lugares como los acantilados de Moher - «en los que deleitarse con su impresionante vista»- o la abadía de Kylemore, en el condado de Galway, «un convento que fue un colegio mayor del que una de sus alumnos más ilustres fue la actriz Audrey Hepburn», recuerda como dato curioso.

«Yo era el que conducía y allí lo tenía que hacer por la izquierda. Fue como una superación a nivel personal», bromea el valenciano. Aún así, advierte de que llevar el coche por el interior de Irlanda es complicado. «A veces tienes la sensación de que te has perdido», afirma.

Pero si en algo es categórico es en que este plan de verano estaba orientado, sobre todo, a la desconexión. «No queríamos que se nos hiciera un viaje pesado. Queríamos que fuera muy agradable», asegura.

Entre los aspectos que más le llamaron la atención fueron «lo verde que es todo, lo estrechas que son algunas carreteras y el sabor de la cerveza». «Tienes que acostumbrar porque contrasta con el gusto de las bebidas que sueles tomar habitualmente. Pero luego ya te engancha», confiesa.

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