«Me niego a cocinar veinte becadas en Navidad»

Perejil de  todas las  salsas, el piragüista  ha apadrinado  el nuevo Ketchup Heinz./
Perejil de todas las salsas, el piragüista ha apadrinado el nuevo Ketchup Heinz.

Saúl Craviotto se defiende de las críticas a su aparición en una campaña antiterrorista:«La figura de un deportista mejora la imagen de la Policía»

ARANTZA FURUNDARENA

El año se despide de Saúl Craviotto a ritmo de frenética kizomba... Acaba de publicar su primer libro, 'Cuatro años para 32 segundos', de ganar MasterChef Celebrity y de ser padre por segunda vez. «Se me está juntando todo en un trimestre y voy a estallar. Soy una olla a presión», admite este polifacético catalán, que además de piragüista y medallista (el más laureado de los deportistas olímpicos españoles en activo) es policía nacional y ahora también, consumado cocinero. «Esta Navidad en mi familia todos quieren que les cocine el famoso menú de la becada que hice en la final, pero eso de hacer veinte becadas me parece a mí que es demasiado trabajo. Así que me voy a negar. Optaré por algo más sencillo. Ya sufrí bastante en el concurso».

A sus 33 años, este leridano afincado en Gijón es el perejil de todas las salsas. Por algo esta semana ha sido el padrino de la presentación del Ketchup Heinz 50/50, con la mitad de sal y la mitad de azúcar... Pero lo que verdaderamente está dando que hablar es su protagonismo en una campaña informativa del Ministerio del Interior para instruir a la población sobre cómo actuar en caso de atentado terrorista. Esa elección ha levantado ampollas en los sindicatos policiales, que acusan al ministro Zoido de haber primado «la publicidad sobre la profesionalidad».

Acostumbrado a sortear corrientes y a nadar entre dos aguas, el piragüista se defiende: «Supongo que querrían mi imagen porque soy una cara visible dentro de la Policía y era una forma de llegar a todos los hogares lanzando un mensaje de tranquilidad». Niega además ser blanco de la envidia de sus compañeros. «Habrá de todo, pero entre los más cercanos no veo celos, sino muchísimo cariño hacia mí». En el comunicado, firmado por todos los sindicatos policiales, se critica «la ausencia de responsables de la lucha antiterrorista» en la rueda de prensa en la que participó Craviotto, hasta el punto de considerar dicha ausencia «un desprecio hacia nuestro trabajo». El piragüista le quita hierro al asunto y defiende su intervención. «Yo creo que la figura de un deportista de vida saludable y conocido por la opinión pública mejora la imagen de la Policía», argumenta.

Con mil ojos

Pero no es esta encendida polémica la que le quita el sueño ahora mismo a Saúl Craviotto, sino su hija recién nacida. Se llama Alejandra y ha venido al mundo con 52 centímetros de estatura y casi cuatro kilos de peso. Su hermana, Valentina, de tres años, no para de intentar tocarle la cara... «Y tenemos que andar con mil ojos», advierte el medallista. Él estuvo presente en el parto y admite haberse mareado dos veces. «Es que yo en cuanto veo un poco de sangre...».

El leridano admite que el peso de la familia recae en su mujer, Celia. «Ahora mismo mi agenda es un tetris -dice el hombre de moda- en el que tengo que encajar un montón de viajes y compromisos. Por suerte, cuento con el apoyo de mi mujer, que comprende mi situación actual. Y no es fácil. Cualquier otra persona lo llevaría peor. A ella no le hace gracia que me vaya a Madrid dos días seguidos pero lo entiende, sabe el momento que estamos viviendo». La mención de Celia remite inevitablemente al beso de película que Craviotto se dio con Eva González en uno de los momentos cumbre del último MasterChef Celebrity... «Nada, nada, está todo bien», despeja el piragüista. Celia, por su parte, ya insinuó en su paso por el programa que estaba dispuesta a hacer lo mismo con el marido de Eva González, el atractivo Cayetano Rivera...

Craviotto y sus compañeros de fatigas culinarias siguen en contacto diario a través de WhatsApp. «Corbacho con sus coñas, Juan Betancour, siempre de viaje, Bibiana con sus giras...». En el horizonte del deportista está ganar otro oro, esta vez en Tokio, y seguir con su trabajo como policía cuyo servicio consiste en «dar charlas en colegios sobre temas como el acoso escolar, las drogas y los peligros de las redes sociales». Lo de cocinar lo deja para sus ratos libres. Esta Navidad, con la niña recién nacida, Celia y Saúl no quieren moverse de casa. «Vendrá mi familia desde Lérida», dice él. Y le han pedido la famosa Becada entre dos tierras, el plato estrella con el que conquistó al jurado y que, además de la codiciada ave migratoria, lleva manzana de Lleida y sidra asturiana. Pero Craviotto, que luce las ojeras típicas del que acaba de ser padre, confiesa no estar para becadas... Sobre todo si son veinte.

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