El mundo íntimo de Blasco Ibáñez

Terraza de la casa museo de Blasco Ibáñez. Abajo, el interior del chalet.
Terraza de la casa museo de Blasco Ibáñez. Abajo, el interior del chalet. / IRENE MARSILLA

El chalet de la Malvarrosa es una visita imprescindible en el 150 aniversario del nacimiento del escritor

LAURA SANFÉLIX

Uno de los anhelos de Vicente Blasco Ibáñez era descansar tras su muerte junto al Mare Nostrum en la ciudad que le vio nacer. Un deseo que se cumplió en parte. Sus restos se encuentran en un sencillo nicho en el cementerio civil, pero la esencia más humana del escritor y político valenciano aún se respira en su casa de verano de la Malvarrosa. Las puertas del chalet del ilustre periodista fueron abiertas al público como museo en 1997, este año se cumplen 20 años de su apertura y también en 2017 se conmemora el 150 aniversario del nacimiento del intelectual. No hay excusa para dejar de visitar este espacio emblemático. Desde que el visitante entra por la puerta del museo comienza a descubrir la vida más íntima del periodista. En la planta baja se exhibe una panorámica de la apasionada vida del ilustre. Un gran mural pone de relieve la forma en la que el valenciano conquistó Hollywood. Fotografías del escritor con Rex Ingram, Pearl White o William Farnum exponen el reconocimiento internacional de Blasco Ibáñez, del que fueron adaptadas numerosas novelas a la gran pantalla.

Cuadernos de notas con su propia letra o cartas a su mujer María Blasco durante su exilio en París por promover una manifestación contra Cánovas del Castillo son algunos de los tesoros que alberga la planta baja de esta casa y con los que se comprueba la faceta viajera y la personalidad arrolladora del autor, quien realizó viajes a Turquía, China o Argentina.

Al subir las escaleras que llevan hasta la primera planta se observa una gran terraza, con una colosal mesa de mármol y esculturas a modo de columnas, desde la que se ve en todo su esplendor el Mediterráneo. Numerosas pertenencias del erudito se encuentran en esta sala tales como sus objetos de fumador, sus gafas redondas, las joyas de su mujer o la mesa de su despacho, e incluso algunas reliquias como su medalla de diputado y un juego de tocador de plata que fue el regalo de boda de Joaquín Sorolla a la hija de Blasco Ibáñez.

Merece la pena transitar detenidamente por el gran jardín que envuelve esta casa con arbustos, flores, setos y palmeras, el cual esconde una escultura realizada por Víctor Hino del novelista.

El director de la casa museo, Emilio Sales, junto con la técnico, Belén Villanueva, aseguran que durante este año, gracias a la efeméride del 150 aniversario, se han incrementado significativamente las visitas y las actividades. «Me parece que es una lástima que tengamos que intentar revitalizar su renombre y su reputación a partir de esta celebración», matiza el director. «De forma desafortunada en muchos sectores Blasco Ibáñez sigue siendo un personaje polémico», lamenta Sales.

Esta vivienda brinda la oportunidad de conocer la faceta más humana e íntima frente a la imagen ya conocida del valenciano. Un lugar donde descubrir la vida familiar, las relaciones y las inquietudes de un hombre que amó Valencia y la plasmó en sus obras. Hoy gran parte de su legado descansa en el sitio que él tanto admiró, a los pies del mar Mediterráneo y de la playa de la Malvarrosa.

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