Se lleva lo recatado

Cubiertas. La moda recatada se inspira en las mujeres musulmanas y se basa en la superposición de prendas./
Cubiertas. La moda recatada se inspira en las mujeres musulmanas y se basa en la superposición de prendas.

Sin hueco para las transparencias, las mujeres se cubren desde el cuello a la muñeca y desde la cintura hasta el tobillo. La 'islamización' textil llega a Occidente

Armani y Versace mantuvieron unas diferencias irreconciliables en los años 90, aunque en realidad no podían vivir el uno sin el otro. Eran almas gemelas y antagónicas. Gianni Versace ejercía puro atrevimiento, mostrando (y desnudando) piernas, pechos y espaldas, mientras Giorgio Armani representaba la quintaesencia de la elegancia contenida y tapaba cualquier atisbo de sexualidad explícita. Los dos sabían cómo jugar sus cartas. Siempre ha sido así en la historia de la moda. La eterna historia de los vasos comunicantes.

Mientras algunos modistos proyectan mujeres salvajes, contestatarias y de fuerte carácter, otros hilvanan propuestas cándidas e ingenuas, casi mojigatas. Y, donde unos rasgan escotes lujuriosos para mujeres fatales, otros plantan hábitos que rayan en lo monjil. Vestimentas más bien propias de integrantes de la comunidad 'amish', cubiertas hasta las cejas. Los diseños que impone el nuevo estilo recatado parecen más pensados para princesas renacentistas que para chicas de hoy en día. Cuestión de gustos y momentos, como los que parecen imponerse en unos tiempos de corrección política que alcanzan incluso a la moda.

Tan sensibles a los cambios, los diseñadores se contagian de estos guiños conservadores. Es una tendencia ñoña y descaradamente pudorosa. Se define simple y llanamente como recatada. Son mujeres que lucen mangas bombachas, blusas campesinas, vestidos pomposos hasta los pies, camisas victorianas y detalles plagados de lazadas. Son mujeres que juegan a ser niñas buenas con pinta de no romper un plato. Esta moda hunde sus raíces en preceptos religiosos pensados para mujeres musulmanas, pero proyectados a escala global porque a medio plazo se atisba un multimillonario negocio estimado en casi 500.000 millones de euros. Y nadie quiere perder comba ni protagonismo, más en momentos de extrema dificultad para el lujo más exclusivo.

Esta moda alarga mangas y bajos, sube escotes y cubre transparencias

La moda recatada nació precisamente hace años en Oriente Medio para ofrecer a las clientas ropas que respetasen las normas islámicas, pero adecuadas a las tendencias del momento. De ahí que se conozca a esta corriente como la 'islamización' de la industria textil en Occidente. Grandes casas como Donna Karan, Óscar de la Renta e incluso Nike lo vieron rápidamente. Aquella 'necesidad' ha pasado a mayores. Cuenta incluso con su propia semana de la moda en Londres, epicentro de las grandes fortunas mundiales. Nada de 'crop tops', bermudas y vestidos con tirantes espagueti. Por el contrario, el 'hiyab' se erige en un accesorio imprescindible.

Son tiempos de contención que se conducen muy cuesta arriba y con el freno echado. Y donde el protagonismo se reserva también para los trajes pantalón y maxifaldas. Sin nada de piel a la vista. Todo muy pulcro, con prendas opacas que no dejan ningún sitio a las transparencias. Cubiertas desde el cuello hasta la muñeca y desde la cintura hasta el tobillo. Así se ven y visten estas mujeres.

Sean religiosas o no, The Modist, el nuevo portal de moda de gama alta que compite con los grandes del sector -Moda Operandi y, sobre todo, Net-A-porter-, aspira a vestir a mujeres pudientes de todo el mundo. El estilo de la argelina Ghizlan Guenez, fundadora de esta compañía y procedente del mundo de las finanzas, se inspira en mujeres de leyenda. Estrellas vivas y muertas, como Rania de Jordania, Audrey Hepburn y Diana de Gales. Las tres con pintas de santas. También en Beyoncé, que no llega, ni mucho menos, a tanto.

Tapar todo lo posible

Poniéndose a cubierto, la consigna estética de este 'pudor chic' parece clara: tapemos todo lo que podamos. ¿Cómo? Mediante la superposición de capas. Stop a las siluetas ceñidas y una oda en toda regla a los colores beiges y rosas. Todo, definitivamente, muy dulce. Sin estridencias de ningún tipo. El 'modest dressing' se fundamenta curiosamente, como muchas otras normas, en principios aparentemente contradictorios. Esta boutique 'online' echa mano de todo tipo de firmas de lujo: lanzadas (Gucci, Marc Jacobs o Erdem), de aire clásico (la española Delpozo, Carolina Herrera y Oscar de la Renta) y de corte vanguardista y nada rancio (Marni, Christopher Kane, Peter Pilotto).

Mejor, piensa Ghizlan, asegurémonos el tiro trabajando por «empoderar» la libertad de la elección de la mujer y constatar lo mucho que se parecen las féminas de todo el mundo, a pesar de tener «distintos orígenes, culturas y estilos de vida». Por sorprendente que resulte, este movimiento ha arrancado con cuajo. Empieza a calar porque The Modist realiza ya envíos a 120 países.

Formada en la cultura financiera de la 'city' de Londres y cultivada en Dubái, Guenez sabe dónde pisa. El 50% de sus ingresos proceden de Oriente Medio, por delante de EE UU y Reino Unido. Del superlujo al 'low cost', todo el sector se vuelca en el lucrativo mercado del estilo púdico. Porque en esta vida tiene que haber de todo: 'versaces' y 'armanis'.

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