'Matilda' enfurece a los ultraortodoxos rusos

Cristianos ortodoxos protestan contra el filme frente a una iglesia en Moscú. / AFP
Cristianos ortodoxos protestan contra el filme frente a una iglesia en Moscú. / AFP

La película que narra el romance entre Nicolás II y la bailarina del Mariinski se estrenará el día 26 en medio de una fuerte controversia

RAFAEL M. MAÑUECO

Ninguna otra película había provocado antes en Rusia tanta polémica y enfrentamiento como 'Matilda', el último trabajo del director Alexéi Uchítel. La cinta narra, en medio de impactantes escenas palaciegas de enorme solemnidad y esplendor, la relación prematrimonial entre el entonces heredero al trono Nicolás Románov (el zar Nicolás II tras la entronización) y la primera bailarina del teatro Mariinski de San Petersburgo, Matilda Kshesínskaya, de origen polaco.

El filme, cuyo estreno está previsto para el 26 de octubre y cuyo tráiler está siendo casi el único elemento de juicio, contiene secuencias de contenido levemente erótico entre el joven heredero y su bella amante. Pero no es esto lo único que ha puesto en pie de guerra a los sectores más conservadores de la sociedad rusa. También el hecho de que se muestre de esa guisa a un zar que terminaría sus días brutalmente ejecutado por los bolcheviques, el 17 de julio de 1918 en Ekaterimburgo junto con toda la familia real, y por ello canonizados por la Iglesia Ortodoxa Rusa en 2000.

El clero ruso y la Casa Imperial de los Románov estiman que la historia que recoge Uchítel en su película es una «invención» a costa de un zar «mártir» para darse publicidad. Por eso, consideran un «ultraje» su proyección. En la campaña contra 'Matilda' participan activamente y con métodos muy violentos grupos ultraortodoxos como el llamado Estado Cristiano-Santa Rusia, cuyo líder, Alexánder Kalinin, ha sido ya detenido. Han amenazado con quemar las salas que se atrevan a mostrar el filme, han protagonizado numerosas agresiones y están causando pérdidas millonarias por alertas de bomba falsas en grandes centros comerciales.

Ataques

Los estudios de Uchítel en San Petersburgo fueron atacados el mes pasado con cócteles molotov. Días después, fue incendiado el vehículo de Konstantín Dobrinin, que está actuando como abogado del director cinematográfico. El suceso se produjo frente a su vivienda en Moscú y otro coche allí aparcado quedó también calcinado. Fueron además arrojados pasquines que decían «arderás por Matilda».

En Ekaterimburgo, ciudad en donde la familia real fue fusilada, dos individuos planeaban empotrar un camión cargado con bombonas de gas contra la entrada principal del cine Cosmos por el solo hecho de colocar un cartel de 'Matilda' y anunciar su próxima proyección. Las cámaras alertaron a los guardias de seguridad de los sospechosos movimientos del vehículo y avisaron a tiempo a la Policía, que acudió y arrestó a los conspiradores. Un cine de Kazán recibió una nota advirtiendo: «No ganes dinero a cambio de la muerte de tu alma (...) Si no te preocupa lo que le pase a Rusia, piensa entonces en tu propia suerte».

Estos incidentes han logrado que muchas salas de cine rusas adopten la decisión de renunciar a incluir 'Matilda' en su programación, entre ellas las poderosas cadenas Fórmula Kinó y Cinema Park, algo que no había sucedido con ninguna otra película desde la época soviética. Aunque desde el Kremlin se ha fomentado la ideología nacionalista y ultraortodoxa, ahora se están viendo desbordados y tratan de calmar los ánimos.

En contra del acoso a la película se han pronunciado el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, y el ministro de Cultura, Vladímir Medinski. El pasado jueves, tuvo lugar una proyección cerrada de la película para diputados y senadores y muchos de ellos admitieron que no hay nada ultrajante en ella. La calificaron incluso de «muy interesante» y aseguraron no haber encontrado ningún elemento que violase la legislación.

No piensa lo mismo la diputada Natalia Poklónskaya, antigua fiscal general de Crimea y uno de los símbolos vivos de la anexión de la península. A su juicio, 'Matilda' infringe la ley aprobada en 2013, que recoge el delito de «ofensas a los sentimientos religiosos de los creyentes». Poklónskaya, una de las principales instigadoras de la actual campaña contra la cinta de Uchítel, ha presentado una querella para lograr su prohibición, pero no parece que existan demasiadas posibilidades de que progrese.

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