¡Hasta mañana!

AXA firma el primer convenio con 'desconexión digital' fuera del trabajo. «Ha venido para quedarse», admiten empresarios, sindicatos y expertos

ANTONIO CORBILLÓN

Yo, a partir de las ocho de la tarde, no le cojo el teléfono ni al Rey. A esa hora suelo estar bañando a mis hijas». José Luis Casero no tiene más remedio que predicar con el ejemplo. Encabeza el Grupo Tempo de asesoramiento y comunicación de empresas. Pero además es presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).

No era el caso de Marian. Hasta ahora. Trabajaba en teleworking en AXA, la aseguradora francesa que emplea a casi 4.000 personas en sus delegaciones en España. Era raro el domingo que no sonaba su móvil o recibía un correo de su jefe para reclamarle el plan de contactos y clientes para la semana siguiente.

A partir de ahora, su superior no podrá volver a molestarla en sus horas o días de descanso. AXA es, desde el pasado jueves, la primera empresa en España que ha incluido en su convenio colectivo el derecho a la desconexión digital de sus trabajadores después de que suene la 'campana', fichen la salida del trabajo y se marchen a casa.

La filial española ha incorporado la nueva Ley de Trabajo de Francia que entró en vigor el 1 de enero de 2017. La norma obliga a todas las compañías, no importa su tamaño, a establecer «las modalidades del pleno ejercicio para el trabajador de su derecho a la desconexión y la puesta en marcha por la empresa de dispositivos de regulación de la utilización de los dispositivos digitales, a fin de asegurar el respeto del tiempo de descanso y de vacaciones, así como de la vida personal y familiar».

A la secretaria general de la sección sindical de Comisiones Obreras en AXA, Nieves del Moral, no paran de llegarle «peticiones de otros comités de empresa para que les orientemos». El acuerdo, firmado con CC OO, central mayoritaria en la firma de seguros, sólo permitirá a la empresa acudir a sus trabajadores en «caso de fuerza mayor». Ambas partes tienen que marcar ahora qué situaciones entrarían en esa definición.

- ¿Cuáles serían esas causas de «fuerza mayor»?

-Aquellas en las que hay un problema de continuidad del negocio. Situaciones en las que hemos de remar todos: gestión en grandes catástrofes, ciberataques...

Al igual que sucede en la vida privada, los expertos en el mundo laboral llevan tiempo advirtiendo contra los riesgos y patologías derivados del trabajador atrapado por las nuevas tecnologías. Un estudio reciente de la empresa de innovación y asesoría tecnológica Kekevra refleja que el 84% de las empresas que han aplicado la tecnología móvil han multiplicado su productividad en el último año. Pero el precio a pagar por estar permanentemente enganchado a la oficina desde la 'nube digital' la 'tablet' o el 'smartphone' es el aumento del 'tecnoestrés'.

Hace ya 20 años

El derecho del empleado a 'desenchufarse' no es ninguna novedad en España. La pasada semana (17 de julio) se cumplieron 20 años de la primera sentencia de la Audiencia Nacional que determinó que es «ilegal el hecho de que la empresa obligue a sus trabajadores a tener conectado el teléfono móvil» para poder ser localizado. Un fallo mucho más reciente del Tribunal Supremo (21 de septiembre de 2015) consideró «cláusula abusiva» en los contratos obligar al trabajador a comunicar su número de móvil o su correo electrónico privado.

El derecho a marcar fronteras claras entre trabajo y vida privada también se ha instalado en el debate político. Con pequeños matices de cada cual, Ciudadanos, Unidos Podemos y el PSOE han presentado en el Congreso iniciativas para acabar con los horarios que se estiran sin control. Ante una pregunta parlamentaria del PDeCAT, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, contesto esta primavera que «estamos estudiando la posibilidad de una regulación que reconozca el derecho de los trabajadores a la desconexión digital de su empresa».

Asumida la necesidad, la pregunta es ¿cómo hacerlo? A pesar de la importancia que tendrá en un futuro en las rutinas de los centros de trabajo, los empresarios son contrarios a que se regule por ley. «No lo vemos una necesidad y hay actividades que no lo necesitan. Es mejor que se haga a través de la negociación colectiva que por ley, que lo hace todo más rígido», opina el director del Departamento de Relaciones Laborales de la CEOE, Jordi García Viña.

En una línea similar se pronuncian desde el Círculo de Empresarios. Su presidente del Grupo de Trabajo sobre el Mercado Laboral, Íñigo Sagardoy, aún recuerda su experiencia en la banca británica hace ya 20 años cuando «a las cinco de la tarde se apagaban todos los equipos y se encendían las luces de emergencia. Sólo quedaban los de seguridad». Sagardoy también rechaza recurrir a una ley para imponer esta medida, aunque tiene claro que «ha venido para quedarse, por eso tiene que implantarse desde el respeto y la concienciación de ambas partes».

Desde la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios, su presidente insiste en la necesidad de avanzar en el compromiso del trabajador consigo mismo. «Tal vez habrá pronto una ley, pero la gran realidad la marcará el que nos apliquemos el cuento. Si queremos evitar la sociedad robotizada hay que tener la responsabilidad individual de saber decir no. La clave del éxito estará en la mejor organización de las empresas».

Los expertos consultados coinciden en que uno de los efectos indeseables de las tecnologías es la pérdida de las fronteras entre las esferas privada y pública. El profesor Víctor Ruiz, de la Escuela de Administración de Empresas, aseguró días atrás en los micrófonos de Radio Nacional de España que «entre el 25% y el 35% de la población puede estar enganchada al trabajo». Una cifra que aumenta en puestos de trato directo con el cliente como telemarketing o atención al proveedor.

Desde la mesa de negociación donde se ha dado el primer paso en España, la portavoz sindical que estampó su firma en el acuerdo con AXA insiste en que «era el momento de hacerlo porque la desconexión física con las oficinas va a avanzar cada vez más».

El trabajo del futuro, que ya es presente, estará dominado por el teletrabajo o el 'smart working', fórmulas que acaban con el operario presencial e imponen jornadas flexibles en función de la demanda. Y surgen nuevas preguntas ¿puede el teletrabajador trabajar fuera de su horario habitual? ¿Es obligatorio registrar su jornada laboral? ¿Hay límites para ejercer el control del trabajo cuando se realiza en un domicilio? «Habrá que marcar líneas rojas, lo hagan las leyes o nosotros», sentencia José Luis Casero, también empeñado desde ARHOE en mejorar la conciliación laboral regresando al huso horario que corresponde a España geográficamente, el mismo que Portugal y Reino Unido.

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