La lotería de la cera

El Madame Tussauds de Nueva York retira la réplica de Beyoncé ante las críticas de sus fans,mientras el museo de Madrid consigue clavar a Melania Trump

ARANTZA FURUNDARENA

Una reproducción no muy exacta (por decirlo suave) de Beyoncé en el Museo de Cera de Nueva York ha durado expuesta un suspiro. Sus viscerales fans se pusieron en pie de guerra y, además de acordarse de la madre que trajo al mundo a Madame Tussaud, encendieron las redes con chorros de gasolina hasta conseguir la retirada del enemigo. La replicante tenía otro color y pocos rasgos de la diva original, cierto, pero bastante peores son las figuras que el mismo museo de Manhattan dedicó en su día a Richard Gere y Julia Roberts con motivo del éxito de 'Pretty Woman'. Si lo de él es de juzgado de guardia (se da un aire a Cayetano Martínez de Irujo en un mal momento), lo de ella roza el insulto: parece el difunto Robin Williams con peluca. Son los llamados crímenes del Museo de Cera, un tipo de delito que hasta donde sabemos queda impune. Quizá por eso siguen cometiéndolo.

Casi al mismo tiempo que en Nueva York lanzaban a Beyoncé en versión polémica y derretible, el Museo de Cera de Madrid presentaba una nueva figura. La de Melania Trump. Y en este caso no solo se puede hablar de parecido razonable, sino que prácticamente la han clavado. Es ella, con sus retoques faciales, su bótox, su hialurónico... No le falta detalle. A su lado, un congestionado Donald Trump de corbata roja, tan larga como su insensatez, compone una estampa bastante realista. No sé qué pensarán los fans de Melania de su figura de cera madrileña. Ella casi mejor que no la vea, porque le han reproducido ciertas arruguitas faciales que podrían desencadenarle un ataque de pánico y la necesidad de pedir cita urgente con el cirujano plástico o, en su defecto, el psicoanalista.

Los fans de Beyoncé denunciaban que su estatua, lejos de asemejarse a su 'ídola', les recordaba más bien a Britney Spears, Lindsay Lohan, Kate Hudson e incluso a Mariah Carey. Como si hubiera tanta diferencia... Llegará el día en que una sola figura de cera representará a todas las famosas operadas por el mismo cirujano. Y el problema no radicará en que la estatua no se parezca a ellas, sino en que ellas hace tiempo que habrán dejado de parecerse a sí mismas.

Casos peores

En cualquier caso, después de haber visto el busto de Cristiano Ronaldo en el aeropuerto de Funchal, una figura que parece directamente sacada del jocoso cementerio de la familia Adams, nada puede escandalizarnos. Eso sí, al menos en esa cabeza todo es de bronce, no como en las figuras de cera de los museos y en algunas imágenes de ciertas iglesias donde los santos lucen pelo natural... Una melena natural, con su brillo y su movimiento, colocada en una estatua hiperrealista genera un contraste tan siniestro e inquietante como la frase «Voy a mover el coche para que no le dé el sol», pronunciada justo antes de descerrajarte un tiro.

Decían los fans de Beyoncé que quien la ha esculpido en cera es que nunca ha visto a Beyoncé... Eso es porque no conocen cierta reproducción de Mandela. En uno de los museos Madame Tussauds lo han reproducido inspirándose claramente en los rasgos del rey Felipe. La figura recuerda al monarca español, solo que bronceadísimo y con muchas canas. Doña Letizia también pertenece a los damnificados por la cera. Nadie ha conseguido reproducirla de forma aceptable. Pero la peor parte se la ha llevado su hija Leonor. Su estatua, lejos de ser realista, es futurista. Le han añadido a la criatura como unos diez o quince años.

Hay casos peores. Existe una reproducción en cera de David y Victoria Beckham en la que lo único reconocible son sus chamarras de cuero. La figura que le representa a él está más cerca de parecerse a Paquirrín que al famoso exfutbolista británico. Sin embargo, los fans de Beyoncé solo tienen ojos para los defectos de su nueva réplica: que si le faltan caderas, que si le han aclarado la piel... Y, dado que es la enésima estatua fallida que le dedican a la cantante, se puede hablar ya de un fenómeno, de una epidemia que bien podría denominarse la 'Beyoncera'.

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