Rakel Cernicharo: «Llegaron a pagarme dos veces por verme bailar»

Rakel Cernicharo: «Llegaron a pagarme dos veces por verme bailar»

La ganadora de 'Top Chef' se fue de casa con 14 años, se emancipó a los 16 y con 18 se marchó de okupa a Londres. Le encanta cantar mientras cocina. «Suena bonito, pero cuando estás trabajando conmigo acabas hasta el gorro». Ahora reclama en su gremio un consumo más sostenible

FERNANDO MIÑANA

- No demoremos el gran debate del verano: ¿gazpacho o salmorejo?

- Salmorejo.

- Para estos días de tantísimo calor, ¿qué me prepararía?

- Un mojito de frambuesa o de frutos rojos, y así matamos tres pájaros de un tiro: nos lo pasamos bien, nos refrescamos y nos nutrimos.

- ¿Una ciudad para comérsela?

- Me como todas las ciudades, de verdad, y acabo mal. Me gustó mucho, hace poco, Tenerife.

- Un restaurante al que le haga especial ilusión ir.

- Me gustaría comerme a los Roca.

- ¿Qué no soporta en un restaurante?

- Desorden y falta de limpieza.

- Se ha mudado a un nuevo espacio para ampliar Karak, su negocio. ¿Se le quedó pequeño después de 'Top Chef'?

- Se me quedó pequeñísimo. Ahora la cocina es casi el anterior restaurante. No podía crear. Estaba limitada por el espacio. Ya es jodido estar limitada por la pasta, pues imagínate por el espacio. Cada uno estaba en un metro cuadrado y como pisases el de al lado...

- ¿Por qué se llama Karak?

- Kasa Rakel. Cuando fui a registrarlo quería poner Karak, sin restaurante, pero salió una página web diciendo (se pone a cantar) «Welcome to Karaaaaak», que es una ciudad cerquita de Jordania.

- ¿A quién le escondería en el plato un chile bien picantón?

- A mi novio cuando me cabrea.

- Antes los cocineros eran gente regordeta y entrañable. Ahora son atletas, como Dabiz Muñoz, Paco Roncero, Quique Dacosta...

- Yo tengo lo mío, ¿eh? (Se ríe pasando las manos por la cintura). A mí me gustan mis carnes, pero sí, el cocinero era como el carcelero. Tú antes no ibas a una discoteca y decías que eras cocinero, porque no te comías un rosco. Ahora vas todo guapo y sueltas: «Soy cocinero, nena». Y triunfo seguro.

- ¿Lo de que se fue de okupa a Londres es una leyenda urbana?

- Fui okupa en Londres. Y aquí en Valencia. En Londres íbamos a los mercados cuando se disponían a cerrar y cogíamos comida que tiraban. Pero no basura, fresas en la propia caja. En Valencia vivíamos siete en la casa de mis padres, que habían muerto. Los viernes y sábados recogíamos toda esa comida y luego nos pasábamos el fin de semana cocinando. Comíamos muy bien de las cosas que se tiraban. Fue una experiencia inolvidable.

- ¿Fue una reacción a la muerte de sus padres?

- Sí, un poco la necesidad de salir. La muerte de mi padre y la de mi madre siempre me han ayudado. Tocas fondo y quieres ver una luz al final del túnel. Me motivaron a hacer muchas cosas.

- Londres de okupa a los 18, el primer restaurante a los 22... ¿Siempre ha vivido tan deprisa?

- Sí. Me fui con 14 de mi casa, me emancipé legalmente con 16 y fíjate lo que llevo a mis 33.

A buenas horas

- Y el restaurante lleno para varias semanas desde muy joven.

- Sí. Empecé con un italiano con un menú de 10 euros y llenábamos. Hacíamos tres turnos. A los siete años decidí cambiar. Tuvimos una etapa muy jodida. Ahora, con el programa todo es genial, todas las marcas quieren estar dentro, pero antes nadie quería ponerme nada. Es una putada. No me sentí apoyada. Pero, a raíz del programa, empezaron a querer venderme aquellos que me lo habían negado antes. Como si no hubiera pasado nada. Y dices: «Ahora no». Mi idea es ayudar a esas personas a las que les ha pasado lo mismo que a mí.

- Cernicharo, ese apellido tan extraño, ¿de dónde viene?

- De Italia. Mis bisabuelos vinieron de La Mancha a vender calderas y su apellido era Cernicciaro, se lo cambiaron para que sonara más normal. Yo provengo de familia (paterna) calabresa y siempre digo que de ahí viene mi mala leche.

- Las divas coleccionan zapatos, pero lo suyo son las zapas...

- Sí. En mi otra época coleccionaba zapatos con tacón de aguja. Trabajaba de noche y me los ponía. He hecho muchas cosas. También llegaron a pagarme dos veces por bailar. Y de ahí, a las zapas; me flipan.

- Dicen que es muy obsesiva con su trabajo y que el día que libra se pone a cocinar y a investigar.

- Lo soy, y es mi forma de canalizarlo. Vivo con mi ansiedad y mis cosas y a veces me obligo a parar y descansar, pero me cuesta mucho.

- ¿Trabaja cantando?

- Sí. Canto de todo. Suena muy bonito, pero cuando estás trabajando conmigo acabas hasta el gorro.

- Y le gusta pintar.

- También, aunque soy un poco oscura, pero me relaja muchísimo. Y me encanta escribir.

- ¿Qué problema tiene con el pescado?

- Hay que ser consecuente. Por el abuso del consumo, hemos llegado a un punto en el que gran parte del pescado es de piscifactoría. Es un problema de sostenibilidad.

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