El lince del duque

El lince del duque

La mayor población de lince ibérico y águila imperial se concentra en una finca manchega, propiedad de un joven noble inglés con una fortuna de 10.000 millones

JOSÉ ANTONIO GUERRERO

Nada hay más genuinamente ibérico en nuestra fauna que el lince y el águila imperial y, lo que son las cosas, la mayor concentración en estado salvaje de unos y de otros cohabita en una inmensa finca en manos de un jovencísimo duque inglés que parece sacado de Downton Abbey. Son casi 16.000 hectáreas de montes y bosques (el mayor latifundio del país, equivalente a una vez y media la ciudad de Barcelona) que se extienden a lo largo de un perímetro de 40 kilómetros mayormente por la provincia de Ciudad Real, pero también por la de Córdoba. Por las tierras de La Garganta, así se llama la quinta, campan despreocupados sorteando olivares, pinares y mansas lagunas jabalíes, ciervos, liebres y conejos, y surcan sus cielos perdices, cigüeñas y buitres. Y junto a otras 230 especies de vertebrados también lo hacen, y en abundancia, ejemplares ultraprotegidos como el lince ibérico y el águila imperial.

«No sabes cómo es aquello -cuenta un joven conocedor del terreno-, los propietarios están empeñados en conservarlo todo en estado silvestre, los animales están en perfecta libertad». La Garganta se explota también como finca de caza; de hecho, es un paraíso cinegético en el que han probado su puntería escopetas y rifles de casas reales de toda Europa (el rey Juan Carlos, el príncipe de Gales, los príncipes Guillermo y Enrique, los Grimaldi de Mónaco...) y la flor y nata de las altas finanzas internacionales. Y el dueño de todo esto es un aristócrata británico de 26 años, Hugh Richard Louis Grosvenor, VII duque de Westminster, una de las grandes fortunas del Reino Unido, con un patrimonio de 10.000 millones de euros.

El joven Hugh, único hijo varón de una familia con otras tres hermanas, heredó el título del ducado y todos sus bienes (es el mayor terrateniente de Gran Bretaña) tras el repentino fallecimiento de su padre, Gerald Cavendish Grosvenor, que murió de un infarto a los 64 años en agosto de 2016. En ese ingente patrimonio figuran, además de sus propiedades españolas, un millón de metros cuadrados en parcelas en los distritos de Belgravia y Mayfair, los más exclusivos de Londres. Pero la joya de la corona familiar es la residencia oficial de Eaton Hall, el hogar con apariencia de chateau francés donde residen los duques de Westminster desde el siglo XV y entre cuyos muros nació Hugh, el primer heredero en venir al mundo allí desde 1879.

Los Westminster se han distinguido generación tras generación por los lazos de fraternidad que mantienen con la familia real inglesa. La madre de Hugh, Natalia, viuda del VI duque de Westminster, es la madrina del príncipe Guillermo. Y su hermana mayor, lady Tamara, está casada con uno de los mejores amigos del duque de Cambridge. De hecho, Guillermo pidió a Hugh que fuera padrino de su primer hijo, George. Fue precisamente en ese momento (año 2013) cuando este aristócrata de rostro aniñado empezó a llamar la atención de los medios. El «superpadrino» del futuro rey, le bautizaron. Años antes protagonizó, seguramente muy a su pesar, titulares en la prensa sensacionalista, que se hizo eco de la «colosal» fiesta que organizó en Eaton Hall con motivo de su 21 cumpleaños y a la que asistieron 800 invitados. La prensa tuvo que seguir de lejos aquella celebración nocturna en la que no faltaron cientos de antorchas y candelabros iluminando tenuemente los jardines de la residencia, pero el semanario local 'The Chester Chronicle' publicó unas declaraciones del protagonista: «Fue una fiesta increíble. Nunca olvidaré este cumpleaños».

Escuela pública y Oxford

Aunque dinero nunca le ha faltado, Hugh inició sus estudios en una escuela pública para más tarde acabarlos en un prestigioso internado privado, el Ellesmere College (12.000 euros la matrícula), ubicado en una zona rural al oeste de Inglaterra y alejado de las distracciones de la vida urbana. Allí conoció a la que es su novia desde hace diez meses, Harriet Tomlinson, también de 26 años. Luego se graduó en gestión de tierras en la Universidad de Newcastle y en la de Oxford. Y no lo debe de estar haciendo mal porque ha conseguido que su finca manchega sea «una referencia mundial en la conservación de especies protegidas», cuentan desde la Fundación Artemisan, una plataforma nacida al calor de la actividad cinegética y la gestión del medio natural.

«La Garganta tiene la población más numerosa de lince ibérico en estado silvestre, con más de 30 ejemplares, así como la más numerosa de águila imperial, con 16 nidos, y una de las colonias más nutridas de buitre negro y cigüeña negra, que también son especies protegidas», recuerdan desde Artemisan. De los cuidados que el noble inglés procura a su tesoro español habla Francisco Landaluce, administrador de La Garganta: «Una de las claves es la pasión que pone la familia Westminster por la conservación de estas especies».

El elegante y discreto Hugh compagina la supervisión de la gestión de su ingente patrimonio con su trabajo como gerente de cuentas de Bio-frijol, una empresa de tecnología verde que recoge los posos del café molido y los convierte en biocombustibles. También para eso es un lince.

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