Por amor al hambre

Mario Vargas Llosa durante una estancia en la clínica Buchinger, en 2005. Arriba, Tamara e Isabel.
Mario Vargas Llosa durante una estancia en la clínica Buchinger, en 2005. Arriba, Tamara e Isabel. / efe

Gran expectación para ver cómo salen de la Buchinger Mario Vargas Llosa, Preysler y Tamara,tras varios días de ayuno

ARANTZA FURUNDARENA

«Quien ayuna activa su cuerpo y su mente», aseguran los propietarios de la Buchinger... Dan ganas de preguntarles: ¿y esto ya lo saben en Sudán del Sur? Bromas macabras aparte, no deja de resultar paradójico que alguien a quien le sobra el dinero pague una auténtica fortuna por vivir la experiencia de pasar hambre. Pero así de contradictorio y absurdo es el mundo de los ricos. Vargas Llosa e Isabel Preysler, junto con la hija de ella, Tamara Falcó, se han reservado este verano unos días para internarse en el paraíso marbellí de la hambruna VIP, esa singular clínica con instalaciones de hotel de lujo y régimen cuartelario (está prohibido usar el móvil e incluso hablar por los pasillos) al que Carmen Sevilla, con su incomparable gracejo, llamaba 'La Bushingué'.

Sarna con gusto no pica, suelen decir. Así que ayunar, cuando no se hace por obligación sino voluntariamente, como descubrió a principios del siglo XX el médico de la Marina Imperial Alemana Otto Buchinger, lejos de provocar debilidad y todo tipo de males, fortalece el organismo y potencia la salud y la longevidad. Y esto último al insigne Vargas Llosa, de 81 años, le viene de perlas para seguir disfrutando por mucho tiempo de su novia de 66... En todo caso, lo de internarse una vez al año en la Buchinger no es nuevo para el escritor. Formaba parte de su rutina veraniega en su 'anterior reencarnación', es decir, cuando todavía estaba casado con Patricia Llosa.

La broma le puede salir a la célebre pareja casi 31.000 euros por barba si cumplen las 21 noches de rigor del ayuno clásico. Unos 20.000, cada uno, si solo permanecen dos semanas. Es lo que cuesta la Suite Mediterráneo, una habitación de más de 80 metros cuadrados y terraza de casi 25 metros con vista al mar... Y es de suponer que ellos, que acaban de navegar en un yate con helipuerto incorporado, no van a conformarse con menos.

Tamara, a quien su profunda fe religiosa debería obligar a cierta austeridad monacal, podría haberse alojado en una habitación estándar, que es la opción más económica. Pero no se libra de la maldición del 'single', esa penalización en forma de recargo que acaba teniendo que pagar todo el que duerme solo (como si no fuera ya bastante castigo carecer de compañía). Así que lo suyo no debería bajar de los 6.000 euros por las tres semanas de ayuno. Eso, o un 'gratis total' a cambio de publicidad en forma de exclusiva en '¡Hola!', que es la especialidad de la casa... De la casa Preysler.

Caminar «hacia el propio yo»

La hija de Isabel, su madre y el premio Nobel llevan ya muchos días internados, y se espera que de un momento a otro salgan de la clínica luciendo unos tipazos de escándalo tras tanto tiempo a base de zumos recién exprimidos, caldos vegetales y nada de pan... Por ese motivo, la Buchinger es ahora mismo como un panal de rica miel en torno al cual zumba un ansioso enjambre de 'paparazzi'.

Una cosa es segura: ahí dentro pasarán gazuza, pero aburrirse no se aburren. El concepto Buchinger es muy amplio e incluye desde 'Inspiración y espiritualidad' a 'Estética y peluquería'. Este año además el centro ha ampliado sus actividades con clases de 'spinning', paquetes de aromaterapia para combatir los trastornos del sueño y nuevas técnicas psicoterapéuticas para «recuperar su equilibrio interior y acompañarles en el camino hacia su propio yo». Una pensaba que nada te puede hacer más feliz ni dormir más a pierna suelta que el tener resuelta tu vida y la de tus descendientes, pero parece que no. En cuanto al camino hacia el propio yo, no se sabe de nadie que haya abandonado esa clínica decidido a llevar una vida frugal y ascética tipo madre Teresa de Calcuta... Aunque falta por ver los efectos que una dieta tan estricta puede causar en un espíritu tan sensible e impresionable como el de Tamara Falcó.

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