¿Frikis o criminales?

Concierto. Insane Clown Posse, con su maquillaje característico, actúan junto a cientos de litros del refresco favorito de sus fans. / zuma
Concierto. Insane Clown Posse, con su maquillaje característico, actúan junto a cientos de litros del refresco favorito de sus fans. / zuma

Los 'juggalos', fans de los raperos Insane Clown Posse, protestan hoy contra su inclusión en la 'lista negra' de bandas de delincuentes. Son más de un millón, según el FBI

INÉS GALLASTEGUI

Quizá tengan un mal gusto criminal, pero ¿son realmente criminales?». 'The Washington Post' plantea esta cuestión sobre los 'juggalos', una tribu urbana con más de un millón de seguidores en Estados Unidos, en vísperas de su marcha sobre Washington para protestar por su clasificación como banda de delincuencia organizada en 2011. Desde entonces, estos frikis tatuados, que acuden maquillados como payasos malos a los conciertos de su grupo fetiche, son objeto de una presión implacable por parte de la policía y discriminados en el trabajo, el ejército o el sistema educativo.

Los 'juggalos' son fervientes seguidores del dúo de raperos de Detroit Insane Clown Posse (ICP) -algo así como 'patrulla del payaso loco'-, formado en los primeros noventa por Joseph Bruce, alias Violent J, y Joseph Utsler, más conocido como Shaggy 2 Dope. En sus letras irreverentes y violentas fantasean con disparos a bocajarro, sesos reventados y violaciones. Hace unos años sorprendieron a propios y extraños al confesar que, en realidad, son cristianos evangélicos practicantes.

Sus fans se lo perdonan todo. Ellos no se consideran una banda, sino una gran familia. Una familia peculiar, en todo caso. Aparte de sus pinturas de guerra, acostumbran a tatuarse un hombrecillo que corre con un hacha en la mano -el logo de Psychopathic Records, el sello musical creado por sus ídolos-, adoran la lucha libre y son bebedores compulsivos de Faygo, una marca barata de refresco hecha en Michigan. Su festival anual, que se celebra desde 2000 en distintas ciudades de Estados Unidos, es una especie de desfile de monstruos donde abundan los tipos con barba y michelines y las chicas raritas en topless. Acaban invariablemente en guerras de basura y lluvia de soda. Pero se quieren.

Las revistas musicales, los programas de late-night y las redes sociales les desprecian o les ridiculizan. «Son candidatos con posibilidades al título de la subcultura más odiada de América», resalta el diario de la capital federal. «Hace tiempo que se les considera el último peldaño en la escala de la cultura popular», sentencia 'The Rolling Stone', que califica el estilo musical del dúo como «rap-rock que combina simbología carnavalesca con gore de serie B y comedia negra». Muchos los tachan, simplemente, de 'basura blanca'.

Lo que nadie esperaba es que el FBI los incluyera en su lista de bandas criminales «híbridas», lo que significa que traspasan fronteras raciales y que no están muy organizados. ¿Por qué? La prensa estadounidense alude a algunos delitos atribuidos a 'juggalos', como un asesinato cometido en 2008 por un hombre que lucía el 'Hatchetman' en su piel. «Pero nadie salta cuando un tipo con un tatuaje de Metallica comete un robo», protesta Scott Donihoo, que gestiona la página de fans Faygoluvers.net.

Desde 2011, muchos miembros de este clan han sido detenidos y fichados al ser identificados por tatuajes, joyas o pegatinas relacionados con ICP. No están solos en su reivindicación de que el departamento de investigación criminal les saque ya de su lista negra: la Unión Americana de Libertades Civiles les ayudó a presentar una demanda federal por violación de sus derechos constitucionales de expresión y asociación. Fue desestimada. Su letrado, Michael J. Steinberg, asegura que aquella «injusta designación», que confunde una comunidad creada «en torno a una música y una filosofía de vida» con una pandilla violenta, ha dado lugar a cientos de casos de discriminación. Los afectados denuncian despidos injustificados, además de trabas para acceder a un empleo, alistarse en el ejército, alquilar un piso o conseguir la custodia de un hijo.

Camaradas inadaptados

Al agente de la condicional de la joven Laura King, condenada por conducir intoxicada, le bastó descubrir su tatuaje en el cuello para endurecer las cláusulas de su libertad; ahora, relata al británico 'The Guardian', tiene prohibido acercarse a un centro escolar -incluido el de sus sobrinas- y reunirse con otros miembros de la 'banda', aunque muchos sean sus amigos. King, que fue violada a los 16 años y encontró consuelo en las letras de ICP y la compañía de sus seguidores, rechaza el estigma que pesa sobre su tribu. «He cometido errores, pero eso no me convierte en miembro de una banda criminal -asegura-. Solo somos un grupo de inadaptados que han encontrado camaradería unos en otros».

La sociedad norteamericana, que se tomó a risa la convocatoria hace un año, asiste preocupada a los preparativos de la marcha. Hoy a partir de las dos habrá conciertos y discursos en el National Mall, la gran explanada entre el monumento a Washington y el Capitolio, y la concentración finalizará con la actuación estelar del dúo.

Hay quien teme que el encuentro degenere en violencia si hay provocaciones de la llamada 'alt-right'. Los convocantes insisten en que no marchan contra Trump -su criminalización ocurrió en la 'era Obama'- y que su reivindicación no es política, sino civil. En su web, Violent J y Shaggy 2 Dope piden a sus fans que no den carnaza a sus detractores -nada de drogas ni vandalismo- y a los americanos, que reflexionen: su ejemplo muestra que cualquiera puede ser sospechoso solo por sus gustos musicales. «Hoy limpiamos nuestro nombre», anuncian.

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