Mejor dos ruedas

Mejor dos ruedas

Nada hay más insufrible para un danés que un coche cruzándose en la trayectoria de su bici. En Copenhague, el parque automovilístico ha pasado a un segundo plano

Hay una máxima que siempre ha de recordar cuando se ponga al volante en la capital danesa. Con ojo agudo, mire siempre el retrovisor y tome el giro cerciorándose de que no venga ningún ciclista. Lo que a priori puede parecer baladí es uno de los puntos críticos que podrían depararle algún que otro insulto ininteligible. Puedo asegurar sin miedo a equivocarme que no existe nada más insoportable para un danés que encontrar un coche cruzándose en la trayectoria rectilínea que describe su bicicleta. Para una persona como yo, normalmente clasificada dentro del exclusivo grupo de conductores novatos y poco pacientes, esta es sin duda una de las tareas más complejas. ¡Recuerde!, cuando conduzca por el centro de Copenhague debe estar preparado para cortar el tráfico durante minutos mientras observa estoicamente cómo los ciclistas pasan por millares. Ese hueco de veinte metros entre dos bicicletas es el suyo, acelere y no mire hacia atrás.

La bicicleta es el medio de transporte por excelencia en Dinamarca. En Copenhague, la práctica totalidad de las calles disponen de carriles bici en ambos sentidos. Y en aquellas pocas que por su estrechez no lo permiten, los ciclistas son respetados en la calzada como un vehículo más, a diferencia de lo que ocurre en países latinos. No es casualidad que la ciudad haya reducido considerablemente su parque móvil de cuatro ruedas. Durante décadas, tanto el Ayuntamiento como el Gobierno danés han apostado por una movilidad urbana más sostenible, y las dos ruedas han sido el eje principal de sus políticas.

Un ejemplo de ello es la plaza de Nørreport, centro neurálgico de la ciudad y punto de conexión de las principales líneas de transporte, donde se decidió peatonalizar y sustituir la carretera por uno de los mayores aparcamientos de bicicletas de la capital. El estudio de arquitectura COBE pasó meses haciendo un exhaustivo estudio del flujo de personas en ese área antes de presentar el proyecto final. Con ello se ha conseguido descongestionar el tráfico en el centro y dar prioridad a los viandantes y ciclistas que cada día usan las líneas de metro y tren para desplazarse.

El respeto al silencio en los espacios comunes es tal que uno puede escucharsu propia respiración

Otro de los factores clave en la disminución del uso del coche es la fuerte imposición a la hora de matricular. Tanto si se decide comprar un nuevo automóvil como traerlo de otro país, los impuestos de matriculación suponen el desembolso de hasta el 180% de su valor. Esta salvaje fiscalidad ha supuesto seguramente que más de uno se lo piense dos veces antes de adquirir el segundo vehículo familiar.

En los últimos años también se han impulsado políticas para hacer de los coches eléctricos una realidad en las carreteras. La primera de ellas fue precisamente establecer una reducción de los impuestos en el registro de vehículos eléctricos, lo que provocó que se disparase su venta. A contracorriente, el actual Gobierno intentó, sin éxito, reducir estos incentivos. Llevado a su vez por los pésimos resultados que esto ha supuesto en las ventas, hace pocos meses se han vuelto a relanzar medidas a favor de los automóviles eléctricos. Sin embargo, casos como el sonado fracaso del servicio de carsharing 'car2go', que ofrece alquileres por minuto de pequeños coches eléctricos aparcados por la ciudad, han demostrado que la capital danesa ha creado con los años una cultura de transporte en la que el coche ha pasado definitivamente a un segundo plano.

Cada danés dispone de al menos una bicicleta y una tarjeta 'Rejsekort' para moverse por la ciudad. Son sólo para residentes y permiten pagar en cualquier medio de transporte con una tarifa considerablemente menor a la del billete simple que abonan los turistas. Pero dejémoslo claro: moverse en Copenhague no es barato, a menos que pedalee. Con estas tarjetas es también posible montar en cualquiera de las seis líneas de tren 'S-tog' que recorren la ciudad. Se caracterizan, entre otras cosas, por sus vagones exclusivamente para bicicletas y sobre todo por el silencio inquietante que impera en su interior.

Prohibido hablar

El respeto al silencio en los espacios comunes es tal que uno es capaz de escuchar su propia respiración sin poner demasiado empeño. Si usted tiene un oído muy fino, no se preocupe, los dos extremos del tren cuentan con vagones del silencio, en los que está prohibido hablar. Puedo asegurarle que ni siquiera el frío podrá privarle de una experiencia inolvidable en el transporte público de esta ciudad.

Como ven, son muchas las razones por las que los habitantes de Copenhague apuestan decididamente por el uso de la bicicleta y el transporte público. La ciudad sigue poco a poco progresando hacia un modelo más sostenible, intentando evitar que la contaminación se convierta en un problema. La capital danesa es un ejemplo de que políticas inteligentes pueden llegar a cambiar incluso la cultura de la población.

La próxima vez que vengan a Copenhague olvídense el carnet de conducir en casa y cojan una bicicleta. Les aseguro que cruzar el puente de Fisketorvet o ir atravesando las diferentes secciones que componen el parque de Superkilen son experiencias en sí mismas. Recorran la carretera de la costa que lleva desde el céntrico barrio de Østerport hasta la exclusiva playa de Klampenborg. Descubrirán que, a la hora de moverse por una ciudad, dos ruedas son mejor que cuatro.

Ingeniero industrial. Bilbao. 26 años, en paro. Tras cinco meses en Asia, se ha instalado en Copenhague.

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