El coche que motorizó Italia

Memoria. Desfile de presentación del utilitario por las calles de Turín en julio de 1957.
Memoria. Desfile de presentación del utilitario por las calles de Turín en julio de 1957.

El pequeño 'Cinquecento' cumple 60 años.Concebido como un turismo para el pueblo, austero y barato, es el mayor éxito de Fiat: seis millones de automóviles vendidos en todo el mundo

INÉS GALLASTEGUI

Este año cumple 60 años el Fiat 500, el coche que motorizó la Italia del milagro económico. Pequeño pero capaz de salir de las ciudades y tomar las carreteras, dinámico y alegre, a juego con el espíritu de la época, más de cuatro millones de 'Cinquecentos' se fabricaron entre 1957 y 1975; algunos aún circulan, conducidos por los orgullosos propietarios de este símbolo del diseño 'made in Italy'.

El 4 de julio de 1957, el entonces presidente de Fiat, Vittorio Valletta, y su vicepresidente, Giovanni Agnelli, posaron junto a un puñado de mecánicos de blanco impoluto liderados por el ingeniero Dante Giacosa, padre de la criatura. La ocasión en el Sporting Club de Turín era la presentación de las primeras cincuenta unidades grises de este automóvil llamado a convertirse en todo un icono. Días antes, el primer ministro en persona, el septuagenario Adone Zoli, le había otorgado su visto bueno tras dar unas vueltas al volante de uno de ellos por los jardines del Palacio del Viminale.

E n realidad, el 'Cinquecento' no surgió de la nada. Dos décadas antes, el mismísimo Benito Mussolini advirtió al político y empresario automovilístico Agnelli de la «improrrogable necesidad» de fabricar un automóvil que costase menos de 5.000 liras y estuviese al alcance del pueblo. Así nació en 1936 el Fiat 500 A, más conocido como 'Topolino' (ratoncito), que, aunque costaba casi el doble de lo ordenado por el Duce, vivió casi veinte años de gloria. Dejó de fabricarse en 1955 y fue sustituido por el pequeño Fiat 600, del que nuestro entrañable Seiscientos no es más que una copia (con licencia, por acuerdo entre Seat y Fiat).

Televisores y neveras

Tras superar la durísima etapa de la posguerra y la reconstrucción con ayuda del Plan Marshall, a partir de 1950 el país transalpino había empezado a sacar la cabeza. En muy pocos años, la nación pobre y agrícola se transformó en una potencia industrial. A finales de los cincuenta, el desempleo había caído considerablemente, especialmente en las regiones del norte, y la mayoría de las familias disponían de sueldos regulares. Los televisores y las neveras empezaron a llegar a los hogares de esta creciente clase media.

El primer 'Nuevo 500' costaba 490.000 liras, el sueldo de trece meses de un obrero y diez de un empleado. Era «el sueño de los trabajadores», pero un sueño alcanzable. El modelo original medía 297 centímetros de largo, solo tenía dos plazas y un banco posterior con capacidad para 70 kilos de equipaje, aunque en muchos casos terminara siendo el sitio de los niños y las neveras. Su motor de 479 cc de cilindrada y 13 caballos alcanzaba los 85 kilómetros por hora de velocidad punta y, a decir de los testigos, exhalaba grandes cantidades de humo por su tubo de escape. El 'Cinquino' original era austero hasta decir basta: los detalles superfluos no tenían cabida en un coche nacido para ser barato y funcional. El salpicadero parecía un juego de niños y los embellecedores cromados brillaban por su ausencia en la carrocería, de inconfundibles líneas.

Poco después se hicieron mejoras en el habitáculo y el motor y se consiguió reducir el precio en 25.000 liras. La casa fundada en los albores del siglo apenas tardó unos meses en renovar los dos primeros modelos -estándar y económico- y en 1958 lanzó un tercero, el Sport. En dos versiones, con techo rígido y medio techo en tela, su potencia aumentada (21,5 CV) le permitía alcanzar una velocidad de 105 vertiginosos kilómetros por hora.

En los años siguientes aparecieron, con diversas mejoras estéticas y mecánicas, pero sin perder la esencia, el transformable, el descapotable, la versión F -que tiene el récord de unidades producidas-, la D -la más lujosa- y la 'Giardinetta', más larga, con amplio maletero, diseñada para uso familiar y comercial. Fue un auténtico 'boom': entre 1957 y 1975 se produjeron cuatro millones de unidades de las sucesivas versiones.

Igual que había ocurrido una década antes con la Vespa -cuyas curvas conquistaron a partir de 1946 a millones de motociclistas de todo el mundo-, el 'Cinquecento' se convirtió en un icono cultural. La producción cesó en el verano de 1975, pero el mito continuó. «Hemos amado y seguimos amando el cochecito con el que conquistamos esa autonomía y esa libertad que en aquellos años no estaban para nada aseguradas. Entonces pensábamos en reconstruir una Italia herida», recuerda el famoso 'showman' Renzo Arbore en el libro 'Un mito italiano. El 500, fenómeno social y de costumbres', presentado la pasada primavera. El cantante aún se da sus paseos por Roma con un ejemplar verde agua de 1970 que le vendió un sobrino del literato y político Gabriele D'Annunzio. «El Fiat 500 representa el genio italiano en el mundo», sentencia.

Segunda vida

Hasta tal punto el recuerdo seguía vivo que la casa automovilística turinesa decidió relanzar su marca en el año 2007 con una gama evolucionada que, pese a sustanciales actualizaciones de diseño y tecnología, conservaba el espíritu del utilitario original. Este año, con motivo del 60º aniversario, se ha lanzado una lujosa edición limitada de aire vintage, con carrocería bitono, capota de tela y retrovisores cromados. Cuesta 21.770 euros.

«Es un vehículo que, si lo pruebas, te enamora», afirma sobre el 'Cinquecento' Maykel Montoya, responsable comercial del concesionario valenciano Mil Automóviles, que gestiona, con licencia de la marca, el Club Fiat 500 España. Un millar de personas se relacionan a través de su página de Facebook y organizan quedadas y eventos con el emblemático turismo como protagonista.

Entre los fans hay coleccionistas que conservan como un tesoro modelos antiguos. «Es un símbolo que va ganando valor cuanto más viejo es», señala Montoya, quien resume el éxito de este turismo en su capacidad de aunar un diseño que está en la memoria sentimental de varias generaciones con todas las prestaciones exigibles a un automóvil moderno. «Aparcas en cualquier sitio, tiene una dirección supersuave que permite callejear por los sitios más angostos y consume muy poco. Pero también es el más seguro de su segmento», 'vende' el comercial.

En el 'Cinquino' toda una generación de italianos ha conocido mundo, hablado y discutido -gesticulando mucho, claro-, comido pizza y, sí, también se han amado, «entre los asientos demasiado próximos, con la palanca del cambio siempre molestando y las corrientes que se filtraban por las ventanillas», recordaba con nostalgia 'La Gazzetta dello Sport'. Así que, para ellos, no se trata solo de una carrocería con forma de huevo sobre cuatro ruedas, sino de «un pedazo de vida».

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