Guadalest, cuando el hotel forma parte del paisaje

Vistas desde el alojamiento de Guadalest.
Vistas desde el alojamiento de Guadalest. / amanda gonzález

En el valle de Guadalest se esconde un alojamiento curioso que convive con el entorno natural

MIKEL LABASTIDA

Dormir entre las ramas de un árbol. Como idea suena curiosa, sí, incluso bucólica. Pero en la práctica ha de resultar bastante fastidiosa. A no ser que entre las copas hayan instalado habitaciones con todo tipo de comodidades. Eso ya sería otra cosa. O es. No, no es una fantasía. Lo ha convertido en realidad el Tree Hotel en uno de los bosques de Harads, pequeña localidad en plena Laponia sueca.

Sigue la estela de un movimiento en auge en el mundo, el de los landscapehotels -hoteles paisaje-, un nuevo concepto de alojamiento en el que la sostenibilidad y los valores ecológicos son primordiales. Y lo llevan a rajatabla. Por ejemplo, las habitaciones que acabamos de citar están construidas sin afectar prácticamente al entorno, con materiales y técnicas que apenas causan impacto medioambiental.

«El paisaje y su cuidado es el denominador común de estas experiencias, que bien pueden llevarse a cabo en una zona desértica, en los fiordos noruegos o en el valle de Guadalest». Lo cuenta Daniel Mayo, joven emprendedor de 30 años nacido en Segovia y que hace dos años abrió, precisamente en este enclave alicantino, Vivood, el primer hotel paisaje de España. Hace tiempo que los hoteles dejaron de ser lugares de paso para poder conocer una ciudad o un entorno y se convirtieron en destinos turísticos en sí.

¿Y qué tiene de particular el que está emplazado en Benimantell? En primer lugar el continente, un conjunto de cubos que albergan suites panorámicas instaladas en plena naturaleza con vistas privilegiadas, junto a un restaurante cuyo menú se prepara con alimentos ecológicos, una piscina infinita desde la que se divisa el embalse de Guadalest y varias estancias comunes diseñadas para el descanso y la relajación. Y luego está el contenido: «Nosotros hacemos una promesa de bienestar y proporcionamos el lujo de la evasión», indica Mayo como una declaración de principios.

Esa es una filosofía que comparten este tipo de establecimientos. La mantienen también el portugués Pedras Salgadas, el chileno Elqui Domos o el finlandés Kakslauttanen Arctic Resort, por citar algunos de los que están ubicados en entornos naturales sugerentes y adaptándose a sus características, como si fuesen nidos o iglús. Los tres, por cierto, formarán parte junto a otros del congreso mundial que se celebrará en el Vivood a finales del mes de octubre de este año, organizado por la Agencia Valenciana de Turismo.

En él se debatirá acerca de la arquitectura singular y de la sostenibilidad pero, sobre todo, se pondrán ideas en común sobre cómo hacer de un viaje una experiencia genuina.

Valorarán un espacio así quienes busquen algo más que un lugar en el que descansar al acabar el día en su periplo. «Nosotros construimos experiencias turísticas», comenta el arquitecto Daniel Mayo, que decidió redirigir su carrera y reinventarse como hotelero y se embarcó en este proyecto al que está entregado desde su concepción. «La diferencia con otros estudios de arquitectura es que nosotros no abandonamos la obra cuando acaba, sino que la diseñamos pensando como directores de hotel. Así luego seremos esclavos de nuestras decisiones. Esa perspectiva nos da, por otro lado, una fuerza brutal, porque diseñamos pensando en el cliente y no sólo en los espacios. Pensamos en cómo se servirá el desayuno o en el modo en que se limpiará la habitación y cuál es el sueño que los clientes van a proyectar en el hotel», explica.

¿Qué tipo de personas pueden disfrutar de esta propuesta? Aquellas que tengan intención y necesidad de desconectar, que gocen con el silencio, que alberguen como aspiración principal hallar algo de tranquilidad, que se fijen en los pequeños detalles. Ese sería el perfil. Clientes que aprecien la posibilidad de ver una puesta de sol, de dar un largo paseo, o de estar en calma reflexionando y encontrándose a uno mismo. A eso ayuda la disposición, y que esté aislado de la civilización. Y que se acote únicamente a personas adultas.

El presupuesto que exige es más elevado de lo normal, aunque suelen disponer de ofertas puntuales. «Intentamos estar a la altura del precio que se paga con nuestra oferta gastronómica, u ofreciendo extras como las clases de yoga o de reiki, que por cierto también las reciben los propios trabajadores», justifica Mayo. «Hemos cambiado el lujo ostentoso por el lujo perceptivo, el primero se basa en una habitación con más metros cuadrados y con grifería de oro, pero ahora el lujo es pagar por lo que en tu día a día no tienes», añade.

El desplazamiento a esta zona es una excusa estupenda para conocer un paraje excepcional de la Comunitat Valenciana, un valle que está rodeado por las sierras de Aitana, Serrella y Xortà, con el embalse de Guadalest como testigo omnipresente. Es ideal para enfrascarse en caminatas o, en plan nivel avanzado, para realizar barranquismo. La visita debe incluir sí o sí algunos pueblos como Beniardá, Abdet o Guadalest, famoso por su castillo y menos conocido por sus pequeñas calles plagadas de negocios artesanales, que bien merecen un vistazo.

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