Un armario sin fondo

Carmen Lomana posa ante algunos de sus conjuntos de firmas españolas. /  V. CARRASCO
Carmen Lomana posa ante algunos de sus conjuntos de firmas españolas. / V. CARRASCO

Carmen Lomana presta 77 conjuntos de prêt-a-porter y alta costura al Museo del Traje. «Ni el 10% de las piezas que ella posee», aclara el comisario de la muestra

GLORIA SALGADO

Dicen que el dinero no da la felicidad, pero sí puede darte un fondo de armario digno de ser expuesto en un museo. Ese es el caso de Carmen Lomana, que ha prestado 77 conjuntos de su guardarropa al Museo del Traje. «Ni el 10% de las piezas que posee», dice Juan Gutiérrez, comisario de una exposición que toma forma tras muchos años persiguiendo a la empresaria, más celosa de su intimidad de lo que se puede pensar por sus escarceos televisivos.

El Museo del Traje inaugura con esta muestra un nuevo formato expositivo, 'El armario de...', que mostrará el contenido del guardarropa de personalidades relevantes en cuestión de estilo en nuestro país. Un problema si se tiene en cuenta que la mayoría de las celebridades visten de prestado. Sin embargo, Lomana es dueña de una asombrosa colección de prêt-a-porter y alta costura que utiliza habitualmente y que deja patente que no ha cambiado de talla.

Gutiérrez ha dividido su colección por países, comenzando por las firmas españolas más prestigiosas, presididas por un icónico vestido de David Delfín pasando por 'balenciagas' vintage hasta llegar a dos de las piezas más especiales: un Pedro Rodríguez que heredó de su madre y un Loewe de Narciso Rodríguez que llevó en la reinauguración del Teatro Real, la última vez que acudió a una fiesta con su marido, Guillermo, fallecido hace 20 años en un accidente de coche, recuerda emocionada. «Detrás de cada pieza que compro hay una historia de amor o deseo. No compro compulsivamente».

A veces, incluso, no puede permitírselo, como aquel Galliano de 280.000 euros que aún hoy recuerda. Precisamente, Galliano abre el espacio dedicado a los modistos franceses; junto a él, Marc Jacobs, Louis Vuitton, Balmain, Azzedine Alaïa y Marcel Rochas. Óscar de la Renta comparte escenario con Carolina Herrera en homenaje a su amistad, junto con los dos únicos vestidos vintage que se pueden ver: uno de Adele Simpson, de los años 50, y otro de William Traville de los 60.

En Italia está su vestido favorito, un sencillo Valentino en el rojo de la firma datado en 1965 que está rodeado por otros de Azzaro, Prada, Gucci, Missoni, Blumarine, Salvatore Ferragamo y Luisa Beccaria. Dolce&Gabbana, a la que ha escogido para inaugurar la exposición -con unos zapatos de Dior-, tiene su propio espacio.

También tiene su lugar Chanel, su marca fetiche. A uno de sus modelos lo aderezó en el momento con un espectacular collar de perlas de la firma que traía de casa en una cajita. Aunque el primer conjunto que se compró fue un Yves Saint Laurent que adquirió en Londres. Por desgracia, Lomana ya no lo tiene. Ni ese ni otros muchos -entre ellos, su vestido de novia- porque al morir su marido vendió su casa de San Sebastián con su ropa dentro, que no pudo recuperar a posteriori. Desde luego, no mentía cuando decía que ella no tiene armario, tiene habitaciones.

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