Las Provincias

Jack Nicholson, la jota mayúscula de Hollywood

La jota mayúscula de Hollywood
  • No está gagá, aunque ya no sale tanto a ver a los Lakers porque esta campaña van fatal. Jack Nicholson cumple hoy 80 años de excesos. Tras siete fuera de plano, ensaya un nuevo papel

No le busquen en las redes sociales. Ni siquiera tiene móvil. La última vez que accedió a ser entrevistado en televisión, Nixon ocupaba el Despacho Oval y los estadounidenses aún estaban orgullosos de su presidente número 37. Hace cosa de un mes se dejó ver en una de sus propiedades, un asiento a pie de pista del Staples Center de Los Ángeles, el cuartel general de los Lakers, por el que paga 100.000 dólares al año. Que sus apariciones públicas hayan sido cada vez más escasas en los últimos tiempos nada tiene que ver con los estragos de una enfermedad mental. Jack Nicholson no padece alzhéimer. Lo que tenía eran pocas ganas de presenciar las tundas que esta campaña ha recibido su idolatrado equipo de baloncesto y que le han sepultado en la penúltima posición de la Conferencia Este. La sonrisa de tiburón de Hollywood cumple hoy ocho décadas redondas rumiendo su regreso al tajo cinematográfico, siete años de paréntesis después, para interpretar a un viejo cascarrabias en un 'remake' del filme alemán 'Tony Erdamn', nominada como mejor película de habla no inglesa en los últimos Oscar.

Tres estatuillas y otras nueve nominaciones adornan la extraordinaria carrera profesional de este actor carismático, de personalidad compleja y tendencia a la desmesura que se crió en una mentira lacerante. Hijo de una peluquera menor de edad y de un obrero de la construcción dipsómano, que salió huyendo de la buenanueva, John Joseph Nicholson creció creyendo que su madre era su hermana y, sus abuelos, sus padres. La estratagema familiar, que buscaba tapar el deshonor, se la desmontó la revista 'Time' en un reportaje sobre su vida. Para entonces, Nicholson ya llevaba veintitantas películas a sus espaldas -entre ellas, 'Easy Rider', su despegue al estrellato-, y estaba a punto de rematar 'Chinatown'. Atrás, muy atrás quedaban sus inicios como chico de los recados del departamento de dibujos animados de la Metro Goldwyn Mayer.

Sexo, LSD y un trauma

Fuera de los platós, este hombre de estatura discreta -mide 177 centímetros-, cejas triangulares y mirada canalla, también se había aplicado con intensidad para explorar a fondo todos los recovecos de su dos grandes pasiones previas a la NBA: las mujeres y las drogas. En concreto, el LSD, que consumió con alegría durante años. Ahora le basta con un poco de marihuana para sazonar su vejez. La jota mayúscula de Hollywood lo fue mucho antes de interpretar al supervillano de 'Batman'. El cuco de Nicholson -el único actor que ha hecho de Joker, del diablo y del hombre lobo- se labró una fama de feroz depredador de alcoba que el escritor Marc Eliot -experto en hurgar en la vida privada de otros mitos como Clint Eastwood y Cary Grant- se ocupó de revenir en una biografía que la editorial Lumen publicó en España el año pasado. Se resume en algo así como sexo, Oscars y eyaculación precoz, una disfunción que, según el autor, siempre obsesionó y atormentó al hombre.

El actor, entretanto, no perdió comba y se aplicó a fondo en la meta que se fijó desde chaval: trascender en el «arte» de la interpretación. Y aunque rechazó algunos papeles emblemáticos, certificó en otros muchos, con esa magnética aura de perdedor tierno y peligroso a la vez, su condición de gigante de la pantalla.

Devoto de Bob Dylan, Louis Armstrong y Marlon Brando -amigo y vecino en Beverly Hills-, la única mujer que acompaña en los últimos tiempos al repulsivo Jack Terrance de 'El Resplandor' es Lorreine, la pequeña de sus cinco hijos, y a la que engendró, al igual que a su vástago anterior, durante su relación de diecisiete años con Anjelica Huston. La meca del cine no ha bendecido otra pareja más electrizante. Ni probablemente tan tóxica.

Con ochenta velas y un guión sobre su mesa, el viejo Jack parece estar de vuelta con sus perpetuas gafas de sol. Habrá que seguirlo de cerca. Ya saben que cuando llama, lo suele hacer siempre dos veces.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate