Las Provincias

Bar El Palentino, el abrevadero más castizo

Aspecto habitual de El Palentino, uno de los establecimientos más antiguos del barrio madrileño de Malasaña. :: óscar chamorro
Aspecto habitual de El Palentino, uno de los establecimientos más antiguos del barrio madrileño de Malasaña. :: óscar chamorro
  • Este bar ha inspirado la última película de Álex de la Iglesia. Abrió en la Guerra Civil, pero resiste las modas y gusta a los parroquianos tradicionales y modernos. «No lo alquilé para el rodaje por respeto a mis clientes», dice el dueño

El Palentino es una isla. Este establecimiento añoso, forrado de espejos e iluminado con una luz cruda de tubos fluorescentes, resiste a la posmodernidad 'hipster' que se ha adueñado del barrio madrileño de Malasaña. Cercado de locales de diseño y tiendas de ropa 'vintage', el bar desafía las modas y la fanfarria 'indie'. Y lo hace con sus botellas de Soberano y anís del Mono, su barra de formica, sus anticuadas molduras de yeso, sus bocadillos a dos euros y sus techos repintados. En este bar mítico se ha inspirado Álex de la Iglesia para alumbrar su última película, un 'thriller' en el que sus personajes permanecen encerrados entre las cuatro paredes de esta cafetería. «Álex de la Iglesia quiso alquilar el bar para rodar en él pero yo lo descarté. Se molestó un poco. No lo hice por dinero, sino por respeto a mis clientes. ¿Quién me garantizaba a mí que después de estar dos meses cerrado iban a volver?», dice Casto Herrezuelo, quien junto a su cuñada Lola regenta este comercio anclado en la estética de mediados del siglo pasado. Pese a los muchos emisarios que mandó el cineasta para que diera su brazo a torcer, Casto no cedió, de manera que a Álex de la Iglesia no le quedó otra que recrear la tasca en un estudio.

El Palentino es el templo de los sándwiches mixtos, los cafés templados y los cruasanes desabridos. ¿Qué tiene este bar para gustar a una clientela de parroquianos tradicionales por las mañanas y jóvenes por las noches? El éxito se debe en buena parte a sus precios módicos: un cortado, un euro; una caña, 1,20 euros. «Aquí no trapicheamos rellenando botellas. Si la gente repite por algo será». Y en efecto algo tendrá El Palentino, porque es un bar que ha tenido como clientes a Esperanza Aguirre, Manu Chao, Eva Hache, Óscar Ladoire, Javier Sádaba, Fernando Sánchez Dragó y por supuesto al propio Álex, un habitual. Moncho Alpuente reivindicó el bar en sus crónicas. Por algo era otro cliente asiduo.

Su origen se remonta a los tiempos de la Guerra Civil. El primer dueño era un palentino, de ahí su nombre. Un tío de Casto se hizo con él en 1945 junto a un socio con el que acabó tarifando. Fue entonces cuando entró en escena el padre de Casto, que adquirió la mitad del negocio. Desde hace 64 años Casto Herrezuelo trabaja detrás de la barra de este negocio, uno de los más antiguos de la calle del Pez, que ahora vive un momento dulce pero que antaño sufrió episodios conflictivos. «En los años ochenta esto estaba lleno de droga. Tuve un dependiente que murió por culpa de la heroína, que se llevó a muchos clientes míos».

En sus vetustas mesas se han sentado muchos periodistas, cuando en la vecina calle de San Roque estaba el extinto diario 'Informaciones', y los actores acuden allí a abrevar de madrugada cuando salen de los cercanos teatros Alfil y Lara. Además cuenta con una fiel clientela de policías. El aburguesamiento del barrio ha desterrado de sus calles a prostitutas y otras gentes de mal vivir. «Ya no hay nada de puterío ni mariconeo. Ahora estamos en zona gay», sentencia Casto.

'Underground' madrileño

Rockeros de la movida, estudiantes, 'hippies', inmigrantes y tipos de variado pelaje acuden en manada a este bar dirigido por Casto y su hermano Moisés, marido de Lola y ya desaparecido. Los Herrezuelo proceden del palentino pueblo de Paredes de Navas, con lo que el nombre del bar no miente. Hubo un tiempo en que estuvo poblado de una fauna arriscada, llena de crestas y pelos largos, cuando Ágapo, un templo del 'underground' madrileño, trasvasaba a una clientela con ganas de emociones recias. Tampoco ha escapado de algunos sustos menores. «Aquí metieron las narices ETA y los GRAPO, que llamaron con avisos de bomba».

El bar se hizo uña y carne de la Movida cuando el grupo Siniestro Total lo incluyó en una de sus canciones. Homenajes no le han faltado a este local varado en el tiempo. Uno de ellos se lo tributó el escritor Manuel Rivas, quien quiso encerrar su esencia en un relato.

Casto no tiene ni pizca de ganas de jubilarse, y eso que ya ha cumplido los 78 palos. Si se retira, al bar le espera un futuro incierto. Sólo su hijo ha heredado el gusto por la hostelería, pero ya tiene bastante con sacar adelante una cafetería. Ninguna de sus hijas tiene querencia por el lugar. «Una de ella es auditora de la ONCE y la otra trabaja en El Corte Inglés. Esto exige dedicación exclusiva», remacha el veterano tabernero.