Las Provincias
María Elena de Cárdenas, rodeada de retratos de sus antepasados. :: roberto koltun-el nuevo herald
María Elena de Cárdenas, rodeada de retratos de sus antepasados. :: roberto koltun-el nuevo herald

La marquesa de Cuba

  • Una habanera emigrada a Miami arrebata a las Koplowitz un título nobiliario tras un largo litigio. Y amenaza con quitarles otro

Una cubana que reside en Miami desde los años sesenta ha ganado una batalla legal en España nada menos que contra la familia Koplowitz. Gracias a un fallo judicial, ha recuperado el marquesado de Campo Florido, usado desde 2003 por Alicia, la hija de Esther Koplowitz y Alberto Alcocer. No contenta con eso, María Elena de Cárdenas y González, nacida en La Habana en 1919, también reclama el marquesado de Bellavista, que utiliza la empresaria de 62 años Alicia Koplowitz y Romero de Juseu; si lo pierde, se quedará fuera de la nobleza, porque cedió a sus hijos los otros títulos que acumulaba.

Desde los tiempos de la colonia, la familia de Cárdenas fue de ilustre linaje, con importantes apellidos en la nobleza, el clero y el estamento militar. Las fotos reflejan el porte y la clase de la anciana, feliz con su conquista, rodeada de retratos de sus antepasados, portarretratos de plata y lo que queda de una vajilla confeccionada en China especialmente para la familia, según relató a la periodista Sarah Moreno, del diario 'El Nuevo Herald', su hijo Luis de la Vega, quien la ayudó en el empeño y es presidente de Pro Traslating. La empresa fue fundada en 1975 por el esposo de la nueva marquesa de Campo Florido. Su hijo amplió el negocio, que actualmente cuenta con 130 empleados en su sede de Miami y 200 más en diversas oficinas de Estados Unidos, y da trabajo a otros 5.000 especialistas en traducciones en el mundo entero, lo que se traduce en resultados económicos suficientemente boyantes como para enfrentarse en una batalla judicial al imperio Koplowizt.

María Elena salió de Cuba, como otros muchos burgueses isleños, después de que en 1959 triunfara la revolución comunista que lideró Fidel Castro. «Mi abuelo, Luis de Cárdenas y Cárdenas, apreciaba y respetaba mucho las tradiciones, tanto las cubanas como las de la 'Madre Patria'», recuerda Luis. Para su madre, añade, «esta sentencia es de gran emoción, pues su padre tenía el mejor derecho a heredar este honor cuando los tíos de Esther Koplowitz rehabilitaron varios títulos nobiliarios de la familia en los años sesenta. Pero en eso vino el exilio. así que ahora el marquesado de Campo Florido regresa de España a América».

«Los títulos caducan»

El poderío del holding constructor español y sus abogados de prestigio no han podido conservar para la familia Koplowitz el título nobiliario creado en 1826 por Fernando VII para don Miguel de Cárdenas y Peñalver por sus servicios y lealtad al rey de España. Comerciante entre los ingenios azucareros de San José de Miraflores y San Francisco, fundó en 1859 el poblado de Campo Florido, actualmente en la provincia de Mayabeque, a ocho kilómetros de las Playas del Este.

El periodista e historiador cubano Ciro Bianchi comenta a este diario que en los años sesenta había en la isla «más de veinte marqueses, diez condes y al menos otros tantos vizcondes». Cita de carrerilla que el título perteneció a Carlos y Jaime Barbería, también cubanos. «Hace como dos años fui a la casona que la familia tenía en el barrio de El Vedado de La Habana. Me atendió quien dijo ser sobrina del marqués de Campo Florido y de Bellavista -el otro título en pleito-. Me dio la impresión de que debían ser criados que se quedaron con la casa y luego la dividieron. Todavía tenían bellezas en la vivienda, como una licorera. Le pregunté porque me parecía que le faltaba algo y me dijo, mostrándome la mano: 'Sí, el tapón lo hice anillo'».

Bianchi recuerda que los títulos caducan y si no se pagan los derechos dinásticos se pierden. Así ocurrió con muchos de esos nobles venidos a menos, sobre todo los que se quedaron en Cuba. Poco a poco, fueron vendiendo obras de arte, vajillas y joyas para ir tirando. En alguno de esos trances, la familia de las Koplowitz, que tienen raíces en Cuba, pudo incorporar los escudos dinásticos. Las empresarias de postín no quieren perder sus derechos, pero la Justicia española ha fallado a favor de los de su octogenaria pariente miamense, que ha ganado la primera batalla de esta guerra por los blasones.

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