Las Provincias

Gerundense. Ana Magaldi,  fotografiada en su despacho,  nació en Girona hace 64 años y el catalán es su lengua materna.
Gerundense. Ana Magaldi, fotografiada en su despacho, nació en Girona hace 64 años y el catalán es su lengua materna.

La fiscal que se sale del guion

  • Ana Magaldi ha pasado a ser una de las bestias negras del independentismo catalán tras denunciar el acoso que padeció al término de una sesión del juicio contra Mas

Una fiscal del sector más duro contra el proceso». El titular con el que los medios afines al independentismo han retratado a la fiscal jefe de Barcelona, Ana María Magaldi, deja pocas dudas sobre su posición en la batalla que está abriendo en canal a la sociedad catalana. Magaldi, de 64 años, ya se ganó hace tres años las antipatías del secesionismo cuando se desmarcó de la Fiscalía Superior de Cataluña, que no veía motivos para actuar contra el presidente de la Generalitat, y apoyó las tesis favorables a su procesamiento que defendía el entonces fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce. Ahora ha vuelto a salirse de ese guion no escrito que aconseja que los representantes de los estamentos del poder judicial se mantengan en un discreto segundo plano al denunciar el acoso y los insultos de los que fue objeto al término de una de las sesiones del juicio que se sigue contra Artur Mas por la consulta del 9-N.

Magaldi fue abucheada el pasado viernes a la salida del Palacio de Justicia de Barecelona, donde se habían apostado una treintena de manifestantes independentistas para expresar su rechazo al proceso judicial contra el expresidente de la Generalitat. Ella misma lo contó en una rueda de prensa: «No podía bajar las escaleras con la cabeza baja y correr porque soy una representante del Estado y me mantuve en pie, mirándoles. Ni les insulté, ni les hice peinetas, ni les saqué la lengua». Esa actitud no fue del agrado de los concentrados: «Me insultaron. Me llamaron 'mierda', 'fascista', me dijeron 'vete de Cataluña'». Incluso llegó a temer por su integridad, siguió contando, cuando vio que uno de los concentrados se saltaba la barrera de seguridad y se acercaba hasta ella. «He visto muchas caras de delincuentes, pero nunca en mis 64 años de vida había visto una mirada de odio como aquella», confesó.

La denuncia ha catapultado de la noche a la mañana a la jefa de los fiscales de Barcelona al estrellato informativo. Los medios más beligerantes con el 'procés' se han apresurado a retratarla como una mujer «con carácter de acero y puño de hierro», una suerte de Agustina de Aragón que no se arredra ante la presión asfixiante que ejerce la marea secesionista en todos los estamentos de la sociedad catalana. Quienes la han tratado admiten que Magaldi es una mujer de marcada personalidad. «Es muy suya y tiene un temperamento algo brusco en lo personal, pero como jurista es muy competente, tiene una formación muy sólida», describe una magistrada que trabajó en la Ciudad Condal.

Magaldi accedió hace tres décadas a la carrera fiscal y desde entonces siempre ha estado vinculada a Barcelona. A ella le gusta recordar que nació en Girona y que su lengua materna es el catalán, aunque los independentistas no le perdonan que en la intervención de su toma de posesión se expresase mayoritariamente en castellano. Lo hizo «por cortesía» hacia los 41 fiscales recién llegados a Cataluña que estaban presentes en el acto, algo que probablemente agradecerían muchos de ellos pero que le valió un velado reproche del nacionalismo más beligerante.

Cinéfila

La fiscal jefe no es la única de su familia vinculada al mundo de los tribunales. Su hermana María José es magistrada de la Audiencia de Barcelona y su marido, Javier Béjar, llegó a presidir esa misma instancia judicial entre 1996 y 2000. Béjar, que fue durante unos años el representante en Cataluña de la Asociación Profesional de la Magistratura, la agrupación que engloba a los jueces conservadores, ejerce ahora la abogacía como socio de un prestigioso bufete de Barcelona, Gómez Acebo&Pombo. También es uno de los firmante de un reciente manifiesto contra el independentismo unilateral suscrito por juristas catalanes de peso.

El matrimonio compagina su pasión por el Derecho con su afición al cine, al que suele acudir con regularidad desde hace años. También aprovecha los días libres para descansar en una casa de campo cuya tranquilidad les permite olvidarse por unas horas del frenesí de una capital catalana cada vez más encrespada por la deriva secesionista. Seguro que la fiscal echa de menos ese silencio ahora que ha pasado a ser una de las bestias negras de los partidarios del 'procés'.