Las Provincias

El efecto Kardashian

El efecto Kardashian

  • Definitivamente, hemos entrado en la era de los grandes traseros. Los cirujanos plásticos confirman la moda impuesta por la 'celebrity'

Hace unas semanas, justo antes de que unos atracadores le dieran un susto de muerte en París, le robaran una fortuna en joyas y la dejaran catatónica, Kim Kardashian presentaba al mundo su última creación: un ambientador para coches con la forma de su culo. Por mucho que haya sido el disgusto, es fácil imaginarla estos días frotándose las manos pensando que, a la vuelta de unos meses, cualquier vehículo que se precie habrá aparcado el tradicional pino o la discreta bola de madera impregnada en eucalipto, mango o pomelo, y llevará colgado del retrovisor su buen par de nalgas. Puede que a alguien que no esté al día, ese afán de la señorita Kardashian por exprimir tan pronunciada parte de su cuerpo le pille por sorpresa, pero el planeta está sembrado de pruebas que confirman lo que ya anunció la mismísima revista 'Vogue' hace unos meses: hemos entrado oficialmente en la era de los grandes culos.

De que estamos ante un fenómeno global sin precedentes -más allá de la época de Rubens- da idea el hecho de que la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (Secpre) haya confirmado estos días que, en 2015, el número de ampliaciones y reconstrucciones de glúteos ha aumentado nada menos que el 30%. Animadas por el éxito y desparpajo (además del gusto insaciable por exhibir esa parte de su cuerpo) de 'musas' como las Kardashian, Beyoncé o Sofía Vergara, las españolas también nos hemos apuntado a la tendencia del momento. «El cambio es evidente. El devenir de la cirugía estética también va acorde a las modas, que ahora están claramente influenciadas por la mujer norteamericana y latinoamericana con culos más gordos», señala el doctor César Casado, secretario general de la Secpre.

Por alarmante que parezca el asunto -uno imagina ya a la vuelta de unos años el país atestado de falsas culonas-, los especialistas mantienen que, a este lado del globo, seguimos teniendo eso que los cirujanos llaman criterio de proporcionalidad. El doctor Casado da fe de que, al menos en España, la mayor parte de las pacientes que demandan un arreglo en esa zona no están buscando un culo como el de la explosiva esposa de Kanye West. «Ese no es el objetivo. Es, simplemente, mejorarlo con un retoque».

El reclamo de 'la gran curva'

Eso fue exactamente lo que hizo hace unos meses Elena Alemany. Joven y guapa, pero disgustada con las nalgas con las que vino al mundo, un buen día se lio la manta a la cabeza y le dijo a sus padres que estaba pensando en operarse. «La verdad es que cuando se lo dije a mi familia se horrorizó con la idea. Luego, cuando me vieron convencida de lo que iba a hacer y me acompañaron al médico, se quedaron más tranquilos y me apoyaron en todo», cuenta. Confiesa que el postoperatorio fue algo doloroso -durante la primera semana no pudo sentarse y tardó dos más en volver al trabajo «con cuidado de no darme ningún golpe»-, pero reconoce que está tan encantada con los resultados que no descarta hacerse algún que otro retoque en el futuro.

Los sociólogos se unen para apuntar que esta repentina fiebre por poseer y enseñar un culo prominente tiene mucho que ver con la idea de que a más culo, más sexo. Iván Mañero, experto en operaciones a transexuales y director de una de las clínicas más avanzadas de cirugía plástica en Europa, cree que hay dos tipos de presión social sobre la mujer: la que la lleva a querer gustar a las otras mujeres, que las convierte en señoras raquíticas y andróginas, y la que busca agradar al hombre. «Está claro que la mayor parte de los varones aborrecen a la mujer de la pasarela de alta costura. La mayoría preferimos un desfile de Victoria's Secret'», asegura, recordando que durante miles de años el culo fue el símbolo de fertilidad entre los primates hasta que logramos ponernos de pie y la naturaleza dotó a las hembras de un pecho redondo y abultado. «Pero el glúteo, 'la gran curva', sigue siendo un reclamo. Además, la belleza es absoluta y está relacionada con la sexualidad. Lo mismo le pasa al resto de los animales, incluso a las flores, que se abren y se ponen guapas cuando toca», dice este especialista en cuyas manos se han puesto cientos de pacientes en la última década.

Entre ellas está María, una rumana residente en Cataluña, que trabaja como striper, a la que otro médico había dejado hecha un cromo. «Hace una año me operaron y fue terrible. Estuve dos meses con infección y una nalga deforme hasta que acudí a la consulta del doctor Mañero». A María, encantada con la reconstrucción que le han hecho, le parece que algo han tenido que ver esas mujeres «estupendas» en esta suerte de locura por los culos grandes, pero en su caso, dice, siempre quiso tener un buen trasero.

Lo que nadie discute es que, de un tiempo a esta parte, muchas mujeres han convertido su culo en una seña de identidad y algunas, como la oronda esposa del laureado rapero, en una máquina de hacer dinero. Parece una broma. Decenas de mujeres temiendo ese fatídico momento en el que se verían obligadas a escoger entre la cara o el culo, y ahora resulta que una puede permitirse el lujo de tenerlo todo... y estar a la moda. Eso sí -¡ojito!-, Kim ha confesado que está pensando en aparcar los donuts y perder algo de volumen...