Las Provincias

Brooklyn llegó, posó y calló. :: alberto ferreras
Brooklyn llegó, posó y calló. :: alberto ferreras

Brooklyn Beckham se queda mudo

El primogénito de los Beckham desembarcó ayer en el pequeño municipio coruñés de Narón para inaugurar la nueva sede central ecoeficiente de Pull&Bear, de Inditex. El dueño de la firma, Amancio Ortega, se volcó con Brooklyn, de 17 años, al que organizó un fiestón con música en directo, puestos de comida y hasta una pista de skate, deporte que fascina al chaval. Y todo en los 30.000 metros cuadrados del jardín de su recién estrenada 'joya', para la que se mandaron un millar de invitaciones. El tímido joven, que por la mañana visitó en Ferrol la tienda 'for&from' de la misma cadena, un proyecto de integración laboral para personas con discapacidad física o intelectual, acudió al evento vestido con una camisa azul de cuadros, bomber y pantalones ajustados negros, una pulsera dorada con forma de clavo y con un moño en la coronilla que recordaba al que antaño llevaba su padre, el exfutbolista David Beckham. El adolescente, vivo retrato de la ex 'spice' pija y ahora diseñadora de éxito aunque con la misma sonrisa ladeada del padre, posó ante la prensa pero no articuló palabra. Después de la estampida ante los medios de comunicación, se paseó por la fiesta rodeado de una nube de curiosos y escoltado por un nutrido séquito, entre ellos colegas, fotógrafos de su entorno y cuatro miembros del personal de seguridad de la empresa, que no pudieron evitar que numerosos seguidores se tomasen imágenes con Brooklyn. El modelo no puso ningún impedimento a los acercamientos e intentaba sonreír a todos pese a que el sol le cegaba en una explanada que contaba con un clásico autobús inglés y una carpa circense para no dejar a los invitados a la intemperie en caso de lluvia. Entre puestos de helados -en el que hizo que probaba uno pero no llegó ni a meterse la cucharilla en la boca- y perritos calientes, Brooklyn, inseparable de su cámara de fotos y una tabla de 'skate' que no se atrevió a usar en la pista que colocaron en su honor, se paró unos minutos ante un puesto de pulpo a la gallega, donde inmortalizó al pobre animal, sin poder evitar poner cara de asco y exclamando «¡qué olor!». La frase recuerda a aquella otra de «España huele a ajo» de su madre. Antes de marcharse, se olió la camisa por si el aroma del delicioso manjar se había adherido a ella. Y no, el pulpo no pudo con su perfume. ¿Sería alguno de los que gasta el patriarca de la familia?