La Valencia de las tres culturas, un sueño imposible

Un grupo de personas, junto a un trozo de la muralla islámica. /Jesús Signes
Un grupo de personas, junto a un trozo de la muralla islámica. / Jesús Signes

La conquista cristiana supuso una progresiva y fatal persecución contra judíos y musulmanes | Ni la desconocida Madînat al-Turâb, ni la próspera Balansiya propusieron igualdad de condiciones a los otros credos

ÓSCAR CALVÉVALENCIA.

Decía Rousseau que el hombre es bueno por naturaleza, que la sociedad es la culpable de su corrupción. Lo cierto es que en la historia de la humanidad uno de los capítulos más extensos podría dedicarse a la historia del conflicto entre sociedades. Un aspecto que, objetivamente, a pesar de muchos, deja en evidencia el liderazgo intelectual de nuestra especie. Las causas de los enfrentamientos son tantas y tan diversas, que su exposición se antoja infructuosa. Qué les voy a contar. Sin embargo, fieles al motivo de esta sección, la historia y la cultura del territorio valenciano, trazaremos someramente la Valencia de las tres culturas, la de las religiones abrahámicas (cristiana, judía y musulmana). Las tres, con sus propios textos sagrados, coexistieron, en el mejor de los casos, aisladas físicamente entre sí. La 'damnatio memoriae', la condena de la memoria, es una de las principales causas de la presencia latente de las culturas que, temporalmente, fueron minoritarias en Valencia.

Una gran desconocida

Lo cierto es que durante los primeros siglos de dominio islámico (a partir del siglo VIII), fue habitual la política de pactos. El reconocimiento de la autoridad musulmana se veía recompensado con el respeto parcial de las propiedades y de la religión de los cristianos, así como la de los hebreos. Con todo, el superior desarrollo tecnológico islámico frente al mundo visigótico, en franco declive, propició un notable número de conversiones voluntarias al Islam. Esta tendencia aplicable a parte del territorio peninsular no sabemos si sería vigente en Madînat al-Turâb, la Valencia musulmana de los siglos VIII-X. Muy poco se sabe de este, literalmente, 'Castillo de Tierra'.

Con escasa actividad documentada en los siglos mencionados, algunos indicios arqueológicos invitan a pensar que el centro del núcleo urbano se arrasó y fue modificado por los mahometanos. Nada nuevo bajo el sol. Podría inferirse también que la sólita mayor carga fiscal para los no musulmanes influiría en la proliferación de muladíes (cristianos que durante la dominación islámica se convertían a esta religión) y en una notoria emigración 'voluntaria'. La pervivencia del cristianismo en la ciudad se limitó a una minoría que, ante la prohibición de construir nuevas iglesias, se congregaba en el hoy transformado conjunto de San Vicente de la Roqueta, supuesto lugar de enterramiento de San Vicente Mártir.

La caída del califato cordobés transformó nuestra Balansiya en capital de un emirato

La caída del califato cordobés a comienzos del siglo XI transformó nuestra Balansiya en efímera capital de un emirato autónomo, justo cuando los reinos cristianos del norte peninsular avanzaban en la cruzada contra el Islam. La masacre de las fuerzas castellano-leonesas (1065) a los habitantes de Balansiya, o el conocidísimo episodio del Cid, advierten una compleja red de vasallajes y de luchas intestinas entre ambos bandos - y entre diversas facciones islámicas en Balansiya-, que se prolongaron siglo y medio.

El espacio de convivencia era prácticamente insostenible. También la comunidad hebrea fue duramente perseguida en estos últimos siglos de poder islámico. Así se explica que muchos, no todos, buscaran protección en los reinos cristianos del norte. Cuando a finales de septiembre de 1238 Jaime I daba por efectiva la toma de Balansiya con el izado del Penó de la Conquesta, la urbe dispondría cerca de 20.000 habitantes, en su gran mayoría musulmanes, quienes por cierto, según muchos estudios (no todos), hablaban esencialmente árabe, denominado por los cristianos de la época 'algaravia'. De ahí la necesidad de contar con 'torsimanys' o traductores para poder realizar las conversaciones.

Los musulmanes fueron obligados por el tratado de rendición de 1238 al abandono de la ciudad

Ello no es impedimento para significar que de un modo u otro la aculturación tuvo gran presencia. Se manifiesta en nuestra propia cotidianeidad. En todos los ámbitos. Por ejemplo en el lenguaje. Más allá de los topónimos, los préstamos del árabe alcanzan, por poner un ejemplo significativo, a algo considerado tan valenciano como la naranja (que por cierto no se empezaría a plantar con fines comerciales en nuestras tierras hasta finales del siglo XVIII). Los restos materiales corrieron peor suerte, apenas quedan breves trazas, caso de algún lienzo de la muralla árabe.

Un primer aspecto llamativo lo hallamos en el conocido Libre del Repartiment (las donaciones del territorio conquistado hechas por Jaime I a sus colaboradores). Entre los beneficiarios de las antiguas posesiones musulmanas, se incluía el nada desdeñable número de 104 personas seguidoras de la Torah, quienes, como han demostrado varios investigadores, recibirían patrimonios no inferiores a los de la nueva población cristiana.

Cercanas al Conquistador

Un buen porcentaje de estas familias hebreas favorecidas gozaban desde tiempo atrás de una posición próxima al Conquistador y a la más alta nobleza cristiana de la Corona de Aragón. Cargos de confianza, desde médicos a tesoreros, pasando por plateros, eran asumidos por judíos, aunque no exclusivamente. Las tornas girarían para esta comunidad en nuestra ciudad. Recluidos en el 'call', el barrio judío ocupado sea por voluntad propia para la preservación de sus costumbres, sea por el segregacionismo imperante del poder, en apenas unas décadas su rastro casi desaparecería.

Por su parte, los musulmanes fueron obligados mediante el mismo tratado de rendición de 1238 al abandono de la ciudad, si bien el monarca garantizaba la seguridad a aquellos que quisieran instalarse en un arrabal extramuros. Nacía la morería o aljama musulmana, que ocupaba parte del actual barrio del Carmen. El espacio urbano también sería transformado progresivamente. La cristianización de la mezquita, la desaparición del alcázar musulmán, la nueva catedral y el conjunto de parroquias y casas religiosas empezaban a vertebrar, en algunos casos hasta hoy, nuestra ciudad.

El proceso de la colonización fue dilatado. En el año 1300 Valencia apenas alcanzaba los 18000 habitantes, aunque muchos de ellos eran mudéjares: los musulmanes que a cambio de un tributo continuaron viviendo fieles a su credo en la morería citada, ocupados en manufacturas que resistían boicots de la población y de la propia Iglesia.

Vista de las Torres de Serranos, una de las entradas a la ciudad.
Vista de las Torres de Serranos, una de las entradas a la ciudad. / Javier Peiró

El período de esplendor de relación entre judíos y cristianos en Valencia llegó a su ocaso con el comienzo del siglo XIV. La renovación del sentimiento antijudío amparado en la considerada naturaleza deicida de estos -y otros intereses-, motivaron que la monarquía de la Corona de Aragón y sus representantes urbanos adoptaran medidas cada vez más coercitivas, alentadas por los propios vecinos que comprobaban con recelo el auge económico de muchos hebreos.

Los gremios no aceptaban a los judíos, tampoco a los musulmanes. Fueron los primeros los que paulatinamente se convirtieron en chivos expiatorios ante cualquier desgracia: guerras, hambrunas, pestes, etc. En otra ocasión ya les hablé de la matanza del 9 de julio de 1391, el principio del fin de la comunidad hebrea en Valencia. De hecho, a partir de 1403 los judíos sólo podían estar temporalmente para tratar asuntos personales, pero no residir. En 1492 los Reyes Católicos expulsaron de España a los judíos ante el temor de que estos influyeran negativamente en los cristianos nuevos. Por entonces, en todo el Reino de Valencia apenas quedaban mil seguidores de la Ley Mosaica.

La alargada sombra del criptojudaísmo (profesar la religión hebrea en privado mientras públicamente se declara la adhesión al cristianismo) se convirtió en la obsesión de las altas esferas cristianas. Descuella el caso del setabense Lluís Alcanyís, el prestigioso médico converso de Fernando el Católico, quien en 1499 -con cálida felicitación de su paisano el papa Alejandro VI incluida-, ocupó la primera 'cadira de medicina e cirurgia' de la Universitat de València.

Cruz de los Caballeros de Malta en San Juan del Hospital.
Cruz de los Caballeros de Malta en San Juan del Hospital. / Jesús Signes

Junto a su esposa, Alcanyís, acabó en la hoguera pública el 25 de noviembre de 1506. A la población islámica también le esperaba un negro porvenir. A lo largo del siglo XV se produjeron diversos 'avalots' en su contra. Entre otras causas, por el temor cristiano de una posible actuación de los musulmanes valencianos como quinta columna ante un ataque del todopoderoso ejército turco.

Aquella persecución constante llegó a su punto álgido en 1502, cuando por orden de los Reyes Católicos, fueron bautizados contra su voluntad. Así comenzaba la triste y efímera historia de los moriscos, expulsados del antiguo Reino de Valencia en 1609. En pocos meses, el territorio valenciano perdía un tercio de su población. Comenzaba otra historia.

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