El Teatro Principal, un cumpleaños olvidado

La calle de las Comedias, lugar habitual de representaciones de funciones teatrales. En el recuadro, una felicitación de los acomodadores. / carol díaz/bivaldi
La calle de las Comedias, lugar habitual de representaciones de funciones teatrales. En el recuadro, una felicitación de los acomodadores. / carol díaz/bivaldi

El coliseo levantó por primera vez el telón en julio de 1832Emblema urbano de las artes, su deplorable estado provoca que pase inadvertido para el transeúnte

ÓSCAR CALVÉ VALENCIA.

«Si el teatro es como se ha dicho, la obra maestra de la civilización, fuerza será convenir en que esta progresó con rapidez en nuestra patria, y llegó brevemente a muy subido grado; porque pocos son en verdad los pueblos que pueden blasonar de haber precedido a Valencia en el cultivo de este ramo de la bella literatura, ni de haber dado el ser en los primeros tiempos a tan crecido número de excelentes ingenios». Así comienza el prólogo de una obra escrita en 1840 por don Luis Lamarca, reconocido historiador y político torrentino. La obra en cuestión, 'El teatro de Valencia, desde su origen hasta nuestros días', surgía al calor del tremendo impacto emocional que había causado en la sociedad valenciana la construcción de su más notable escenario, el Teatro Principal de Valencia.

Tal día como mañana, pero 185 años atrás, abría por primera vez su telón el gran teatro de nuestra ciudad. En su origen fue capaz de albergar hasta 1.871 espectadores, si bien en la actualidad su aforo se limita a la nada desdeñable cifra de 1.226 localidades. Aquella majestuosa construcción situaba a Valencia en la vanguardia de las artes escénicas nacionales, por delante incluso de los referentes teatrales de las otras grandes capitales, caso del barcelonés Gran Teatre del Liceu, levantado en 1847, o el Teatro Real de Madrid, construido en 1850.

El programa inicial del 24 de julio de 1832 incluía diversos espectáculos como la exposición dramatizada de un texto poético inaugural, la comedia Luis XIX el Grande, y de plato fuerte, el segundo acto de la ópera 'La Cenerentola' (La Cenicienta) de Giacomo Rossini. Como veremos, su dilatada y accidentada construcción no impidió que, antes incluso de ser finalizado, el Teatro Principal de Valencia comenzara a ofrecer sus lúdicas prestaciones a los valencianos más pudientes, sintomáticamente el día de la onomástica de la reina María Cristina. No era para menos.

Fue una majestuosa construcción que situó a la ciudad en el centro de las artes escénicas

Limpieza de fachada

Por cierto, esta semana la Diputación de Valencia aprobaba una inversión de cerca de un millón de euros para la limpieza y acondicionamiento de su fachada y su cubierta, muy descuidadas y con serios avisos de desprendimientos, pese a ser uno de los edificios más relevantes de la ciudad.

Desde el siglo XVI Valencia contaba con diversos espacios donde era habitual la representación de funciones teatrales. Una pretérita calle de Las Comedias, cuyo nombre documentado en 1566 resulta clarividente, la casa confraternal de la cofradía de San Narciso de la capital del Turia, que ocupaba los números 21-25 de la actual calle de El Salvador, o las inmediaciones de la actual plaza de San Vicente Ferrer, eran algunos de los lugares en los que podían disfrutar del teatro nuestros antepasados.

Sin embargo, habría que esperar hasta 1584 para que fuera inaugurado un teatro permanente, construido. Se levantó en la desaparecida plaza de La Olivera, y aunque de vida efímera (no llegó a sobrevivir cuatro décadas a causa de un incendio), sentó dos bases relevantes en la historia del teatro de Valencia.

La primera, administrativa. La erección de aquel momentáneo teatro fue una gestión en provecho del omnipresente Hospital de Valencia, que se encargaría a partir de entonces y durante siglos -en la actualidad el Principal es propiedad de la Diputación- de la administración de buena parte de la actividad teatral para obtener parte de los acuciantes gastos que generaba la institución médica.

La segunda base fue meramente geográfica. En aquel mismo solar adquirido décadas atrás por los administradores del Hospital General (el espacio delimitado por las actuales calles De la Tertulia y Del Vestuario) se construiría pocos años más tarde el mítico Corral de Comedias de la Olivera, espectacular coliseo, definido por algunos eruditos «como uno de los más hermosos de España». Tras varias vicisitudes (la más grave el terremoto de 1748), fue derribado gracias al impulso del Arzobispo Mayoral, quien por entonces en su particular cruzada contra los excesos tanto del teatro profano como del religioso, llegaría a prohibir la representación de cualquier comedia durante algunos años. Los espectáculos se retomarían a partir de 1760, gracias a una orden real de Carlos III. Se desarrollaron en 'La Botiga de la Balda', de nuevo en la calle de El Salvador y en algunos lugares extramuros. Las funciones todavía eran gestionadas por el Hospital General, que comenzaba un duro litigio para no perder su ya consolidado monopolio frente a los requerimientos de las autoridades.

La muerte del arzobispo Mayoral (1769) reavivó el deseo del Hospital General y del gobierno valenciano de levantar un teatro de nueva obra acorde a las necesidades de Valencia, además de a las dos instituciones citadas. En 1774, con más pena que gloria, se dio un primer paso. Se decidió crear el nuevo teatro, en las inmediaciones del Corral de la Olivera, a la luz de un proyecto del arquitecto italiano Felipe Fontana, especialista en escenografía, que había habilitado pocos años atrás un teatro privado en el antiguo palacio de los Duques de Gandia, ya de los Benavente, la actual sede de Las Cortes en la plaza de San Lorenzo de Valencia.

Pero del dicho al hecho... Durante años no se consiguió fondo alguno y nuevas normativas de seguridad obligaron a cambiar la ubicación. Hasta seis emplazamientos optaron a tal honor. ¿Imaginan cuál venció? Efectivamente fueron adquiridas algunas casas entre la calle de Las Barcas y de Ballesteros, y con algunas modificaciones respecto al plano original de Fontana para su adaptación al nuevo espacio, se puso la primera piedra de nuestro teatro el 14 de enero de 1808.

Los arquitectos Cristóbal Sales y Juan Marzo fueron los responsables de las transformaciones, dirigidas a la reducción de las dimensiones respecto al proyecto del nuevo coliseo. Especialmente llamativa fue la supresión del cuarto piso. Las obras comenzaron a buen ritmo pero la guerra de la Independencia provocó una inesperada y ardua demora cuando apenas se había alzado la primera planta. Allí se mantuvo durante años el esqueleto del gran Teatro Principal de Valencia, cual Nuevo Mestalla en la actualidad.

En marcha

Finalmente, en octubre de 1831, el intendente Manuel Fidalgo alineó todos los planetas. En pocos meses el Teatro Principal, orgullo de los valencianos, estaba funcionando, incluyendo la cuarta planta en principio descartada, reincorporada entre otros aspectos por la gran solicitud de localidades para los espectáculos. Su sala en herradura se ornamentó con una rica decoración rococó en su interior muy del gusto de la alta sociedad valenciana. Aún quedaba mucho por hacer. Las obras concluyeron con nuevas aportaciones decorativas y la terminación de la fachada, ya en 1854. Esta última fue ejecutada con los planos de Sebastián Monleón, quien pocos años más tarde (1860) levantaría la plaza de toros de Valencia. Nuestra ciudad se vanagloriaba de disponer de dos importantes teatros, el Principal y el recién estrenado Princesa (1853), aunque este último sería condenado a muerte, pasto del fuego, hace casi una década.

Eruditos como Arturo Barba, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, y máximo especialista en la materia, han advertido una misteriosa cámara de aire bajo el foso orquestal donde se ubicaron cerca de un centenar de vasijas cerámicas perforadas, con una finalidad acústica que todavía hoy suscita nuevas investigaciones.

Durante sus 185 años de historia, diversas compañías de prestigio mundial han entretenido a nuestros predecesores y a nosotros mismos, pero si hay un evento que los valencianos guardan en su memoria es una actuación de Nino Bravo que tuvo lugar en marzo de 1969. Un concierto especial en el que el gran artista de Aielo de Malferit daba a conocer la formación que le acompañaría en su desgraciadamente breve futuro, Los Superson.

El aspecto sucio que sufre en la actualidad la fachada del Teatro Principal causa que su imponente presencia pase terriblemente inadvertida, pese a haber escrito algunos de los renglones más brillantes del espectáculo en Valencia. Desearía toda la suerte al edificio empleando la famosa expresión empleada por nuestros artistas, pero quizá funcione algo con mejor sonoridad: 'Show must go on'.

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