Rafa Mir, el escultor de los bous al carrer

Rafa Mir, en plena creación de una de sus obras. / lp
Rafa Mir, en plena creación de una de sus obras. / lp

«Quise hacer algo único, con personalidad, que sólo con mirar la obra supiesen que es mía. Y creo que lo he conseguido», asegura A sus 53 años de edad le ha llegado el reconocimiento y la popularidad con unos diseños vanguardistas que ya disfrutan toreros y ganaderos

JORGE CASALS

valencia. De todos es sabido que el mundo del toro es fuente de inspiración de grandes artistas en todas las disciplinas. En Valencia existieron pintores y escultores referentes en ese sentido, que a través del óleo o del bronce consiguieron inmortalizar aspectos destacados de la Tauromaquia, caso de Sorolla en la pintura, de Benlliure en la escultura o de los grandes cartelistas como Roberto Domingo, Ruano Llopis o Juan Reus. Todos ellos fueron artistas clásicos, siempre cercanos al realismo para intentar reflejar la realidad de la Fiesta en sus distintas épocas.

Todavía esa vinculación del arte con el mundo del toro sigue estando muy viva en Valencia. En la actualidad, quien se ha convertido en todo un exponente de la escultura inspirada en los bous al carrer de la Comunidad Valenciana es Rafa Mir, un artista que ha aportado a la escultura taurina una personalidad única basada en el vanguardismo, donde el trazado y las líneas cobran un auténtico protagonismo en cada una de sus esculturas, dotándolas de dinamismo y vida. Y todo con un único material: el hierro. Sus obras han alcanzado tal popularidad que ya se le conoce como 'el escultor de bous al carrer', título ganado a pulso y otorgado por quienes son los verdaderos consumidores de su arte: el público. Sus esculturas se han convertido en los trofeos más preciados de los concursos de recortadores, están presentes en las galas que premian lo mejor de la temporada, en infinidad de coloquios, exposiciones... Es el artista del momento, que ha logrado encontrar a través de la fiesta taurina un modo de sentir, expresar y mostrar su arte.

«Quise hacer algo único, novedoso y con personalidad, que sólo con mirar la obra supiesen que es mía. Y creo que lo he conseguido», asegura Rafa Mir desde su taller en Meliana.

Su incursión en el mundo de la escultura comenzó por casualidad y ahora ya es su modo de vida

Su incursión en el mundo de la escultura comenzó por casualidad. Hace cinco años, Meliana Taurina le encargó unos trofeos, sabiendo de su afición y pericia con la escultura. Rafa aceptó el reto, no sin la incertidumbre de saber si sus obras acabarían gustando al romper con el clasicismo predominante en esta disciplina. Tras muchas dudas y no pocos miedos, su obra acabó enamorando a todos los que la vieron, que se quedaron sorprendidos

«A partir de ahí, comenzó a llamarme mucha gente, se me abrieron muchas puertas y hasta ahora», asegura quien hizo de su pasión, su profesión y modo de vida. La escultura le tendió una mano para salir de una crisis que le engulló de pleno. «Mi oficio es matricero, lo que me ha ayudado a conocer tan bien el material con el que elaboro mis esculturas: la platina de hierro. Eso me ha dado el conocimiento técnico a la hora de soldar y saber doblar el hierro». No utiliza otro material. El hierro se pone al servicio de sus manos y su inspiración para crear estas obras totalmente artesanales. «Todas y cada una de mis esculturas las hago yo una a una, de manera artesanal. No hay dos iguales, y eso es lo que también le atrae a la gente».

Picasso, un referente

«Salvando las distancias», aclara antes que nada, «el máximo referente que tengo es Picasso. Me gustan sus dibujos, cómo con un trazo es capaz de crear una imagen. Sus pinturas me inspiran para hacer mis dibujos que después plasmo en el hierro». Asegura que pasa muchas horas en el taller, y que lo que más le cuesta es sacar la idea, «dibujar la obra que después voy a convertir en hierro. Una vez tengo el boceto, las demás esculturas las hago en poco tiempo. En media hora puedo hacer una pequeña y las grandes puedo tardar de tres a cuatro horas». Una vez elaborada, toca darle color. "»La gran mayoría están pintadas en negro, le da un toque muy elegante. Antes sí pintaba muchas con color, pero ahora no tantas. Aunque yo lo que prefiero es darles un tratamiento en óxido, es lo que más me gusta como queda», afirma desde su taller mientras ultima los detalles de las próximas obras que se entregarán en Puçol, Foios y Massamagrell. Asegura que sus obras están en continua evolución, «dentro de una misma línea, intento innovar cada año, eso me ayuda a crecer como artista».

En Massamagrell confiaron en él para una obra que plasma algo tan significativo de su fiesta taurina como la 'baixà de caixons'. También se pueden ver sus esculturas en Meliana, en la Plaza de la Cultura. Y asegura que «pocos son ya los ganaderos que no tienen una obra mía». Entre los toreros, Enrique Ponce ya cuenta en sus vitrinas con una escultura de Mir. Y es que además de plasmar el toro como figura única, Rafa Mir ha sabido esculpir muchos detalles de la fiesta taurina: el toro de cuerda, el toro embolado, los forcados, el mayoral y el toro en el campo, el picador, un lance de capote... un abanico tan variado y rico como es esta Fiesta.

A sus 53 años, Rafa Mir goza de la popularidad y del respeto del mundo del toro, al que ha sabido enamorar con su arte y unas manos únicas que esbozan el perfil de una figura, guiadas por la inspiración y sus conocimientos de buen aficionado. «Quiero decir mucho con muy poco. Con apenas un trazado, un perfil, hacer grande un momento». Esa es la mejor explicación a su obra.

Fotos

Vídeos