Los próximos sacerdotes

Los cinco próximos sacerdotes de la diócesis. / LP

El rector del centro de Moncada asegura que el Centro de Orientación Vocacional ya prepara el próximo cursoCinco seminaristas de entre 25 y 52 años saldrán de las aulas este mes para convertirse en curas y situarse al frente de alguna parroquia de la diócesis

Laura Garcés
LAURA GARCÉSValencia

Han completado su formación en el Seminario y cumplido su misión como diáconos. Ahora la estación inmediata de su recorrido es convertirse en sacerdotes. Su destino: la ordenación. Son los próximos curas de la diócesis de Valencia. Este año «se van a ordenar cinco», apunta Fernando Ramón, rector del Seminario Mayor de Moncada. Ya están preparados. La semana pasada se retiraron a los ejercicios espirituales que preceden al momento definitivo y como relatan a LAS PROVINCIAS están ilusionados con la experiencia que van a vivir. Saben que los vientos no soplan a favor de su opción, pero no les importa. A cada uno le acompaña su propia historia. A todos les espera alguna parroquia.

La fecha prevista es el 24 de junio, si bien señala el rector que dos de ellos podrían ordenarse en septiembre. Recalca que en total son cinco los que este año dejarán el seminario y pronto tendrán a su cargo alguna parroquia. Fernando Ramón no se detiene a valorar el número. Otros años han sido más, pero no hace apreciaciones sobre si muchos o pocos. Apunta que «son los que llegan al final del camino, en función de los itinerarios que han seguido».

La conversación con los futuros presbíteros descubre que son diversas las realidades que les han acompañado desde que eligieron su camino. Ni siquiera comparten la edad, pese a pertenecer al mismo curso. El más joven tiene 25 años, Vicent Femenía. El mayor, Ricardo Valle, ya ha cumplido 52. Algunos descubrieron su vocación a temprana edad, otros cuando a su calendario personal ya le faltaban más hojas. Lo que sí comparten es la ilusión por convertirse en presbíteros, circunstancia que Femenía describe «como despegar hacia la vida con la que has soñado».

El más joven de los próximos sacerdotes insiste en que espera la ordenación «con mucha ilusión», un sentimiento que cree que puede ser comparable con la situación de «uno que tiene novia y se va a casar». Es consciente de que los tiempos no son muy propicios para la senda que ha escogido. Pero no parece preocuparle demasiado. Eso «son épocas», dice, y él está convencido de que hace falta «volver a poner a Dios en el centro de la vida». Por ello no duda en invitar a otros a acercarse a la vida religiosa. Tal vez «alguno se resista, pero al final Dios puede más» y si optan por el sacerdocio «no estarán solos».

Ricardo Valle llega a la meta a los 52 años. Es un claro ejemplo de lo que se conoce popularmente como vocaciones tardías. Los acontecimientos de su vida han querido que así fuera. Tras trabajar como conserje de un colegio emprendió el viaje que le conduce a la ordenación tras haber superado ese «paso previo» que es el diaconado.

No dispone aún de un plan previsto para la parroquia que le encomienden. «Cada una cuenta con su idiosincrasia» y primero hay que conocerla. Lo que sí tiene muy claro es que hay que «animar» a ser sacerdotes. «Que no tengan miedo aunque les llamen diferentes», afirma antes de añadir que no «se echen para atrás porque les señalan».

No es de los que sintió la inquietud por el sacerdocio desde joven. Jorge Sequí cuenta con 36 años y volvió a la Iglesia cuando tenía 28. Fue «todo como una conversión grande». Ese regreso llegó cuando su cartera ya contenía los estudios de ingeniería técnica electrónica, «había tenido siete años una novia, trabajado de camarero y abierto una cafetería».

Su vida tomó otro rumbo y llegó al seminario. De allí saldrá ahora para ordenarse, momento que espera «ilusionado y con entusiasmo». No comparte que ser presbítero implique «remar contracorriente». A su juicio lo que ocurre es que se ha trazado «una línea paralela» y se ha olvidado que la «Iglesia acompaña a la sociedad, pero esta tiene el corazón endurecido y no se da cuenta de que la Iglesia no es el enemigo». Cuando se le pregunta sobre la posibilidad de animar a otros a acercarse al seminario su respuesta apunta a que «se pregunten y descubran su vocación».

Con cierta «inquietud, pero con serenidad, sabiendo que no se me va a pedir más de lo que puedo dar». Con 34 años y esa disposición espera Santiago Carbonell su cercana ordenación. También él empezó a formarse en el seminario tras pasar por la universidad.

Fue allí donde le sorprendió la vocación. Está preparado, pero confiesa que no tiene escrito el guión para trabajar en una parroquia o en el destino que le aguarde como sacerdote: «Cuando llegue el momento y sepa la parroquia le preguntaré al Señor, porque el hombre propone y Dios dispone».

Domingo Pacheco tiene 28 años. Llegó a las aulas del seminarios tras pasar por la de un grado superior. a las puertas de la ordenación está convencido de que se acerca a algo «apasionante». Si se le plantea la posibilidad de animar a otros a avanzar por su mismo camino, insiste en que lo que hay que considerar es si la elección que se haga conduce a «ser feliz por encima de lo que crean los demás». Conseguirlo pasa por «ser auténticos».

Mientras está cerca el cierre de este curso y se preparan las ordenaciones, ya se está trabajando con la mirada puesta en el próximo ejercicio. «En el Centro de Ordenación Vocacional (COV) ya están trabajando de cara al curso que viene». Apunta que en el COV, un paso previo al Seminario, hay una decena de jóvenes que quizás podrían inclinarse por seguir adelante con su formación para un día convertirse en sacerdotes. Además, sigue su camino el Seminario Menor, con sede en el colegio Claret de Xàtiva.

El ejercicio académico que ahora se cierra comenzó con la presencia de 70 jóvenes en los tres centros superiores de la diócesis: Moncada -el más poblado-, Santo Tomás y Corpus Christi. Poco a poco irán avanzando en sus estudios e irán ordenándose. Cuando Fernando Ramón anunció el número de aspirantes a presbíteros, con discreta satisfacción, afirmó que se mantenía a el ritmo de entradas en el Seminario siguiendo la línea de los últimos años.

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