Los planes de septiembre de los valencianos... allá por 1917

 Las Barcas. Panorámica de la calle de Las Barcas de Valencia a principios del siglo XX.
Las Barcas. Panorámica de la calle de Las Barcas de Valencia a principios del siglo XX. / bivaldi

La publicidad de la época arroja luz sobre cuáles eran las inquietudes de ocio de nuestros antepasadosUn siglo atrás el culto al cuerpo no era tan popular y triunfaban otras soluciones para mejorar la imagen

ÓSCAR CALVÉ VALENCIA.

El final del verano. Llegó. Así comienza una mítica canción del Dúo Dinámico del año 1963 sobre amores estivales. Tres lustros más tarde, el asunto se trataba con mucha más alegría por Travolta y Newton-John en la no menos mítica 'Summer Nights'. Por entonces Manuel y Ramón no contaban con que su tema serviría de banda sonora del último capítulo de una de las series más aclamadas de la ficción española, 'Verano azul', emitido curiosamente un frío domingo de San Valentín de 1982. Desde aquel instante, 'Amor de verano' pasaría a convertirse en el triste himno del final vacacional de toda una generación. Con amigos, solos, en el coche, en un chiringuito... A muchos se les continúa cayendo el alma a los pies cuando escuchan sus primeros acordes. Afortunadamente, el ocaso del verano trae toda una lista de nuevos -y no tan nuevos- propósitos para el llamado curso académico.

Ponernos en forma y el inglés se llevan la palma. Septiembre es el momento por excelencia de escuelas de idiomas, de cursos de cocina, de gimnasios, de conservatorios, de academias militares, de estudios para actores... Las redes sociales y los buzones nos advierten estos días de un vasto repertorio de actividades con el que poder ocupar nuestro tiempo. Por si fuera poco, la televisión anuncia los coleccionables habituales que cada septiembre intentan captar nuestra atención. Desde enciclopedias científicas a revistas para aprender a tricotar. Seguro que todos ustedes ya tienen un nuevo proyecto, pero ¿cuáles eran los planes de nuestros antepasados a tenor de la publicidad de la época? Sin televisión ni radio operativas, abordaré exclusivamente lo que podría intuirse de la prensa valenciana del septiembre de 1917.

El primer aspecto a considerar es la entonces novedosa existencia del veraneo, en parte gracias a la implantación de la Feria de Julio desde 1871. Es cierto que el actual concepto de vacaciones sólo era disfrutado por unos pocos privilegiados, pero una gran mayoría gozaba de retiros, veraneos, recreos u holganzas, en términos de aquel momento. Las vacaciones pagadas, esas que realmente nos gustan, no llegarían a España hasta 1938 mediante la Ley de Contratos. Con todo, la prensa de agosto y septiembre de 1917 anunciaba a bombo y platillo diversas casas de alquiler para el verano o campamentos estivales para niños y adolescentes.

Más sintomático si cabe es la inclusión de suculentas noticias sobre asentamientos vacacionales, por ejemplo en Burjassot. El 17 de septiembre de aquel año, un titular del Diario de Valencia rezaba 'Veraneantes atropellados'. En el cuerpo se refería el malestar de todos los veraneantes de Burjassot, quienes por sorpresa se habían visto obligados a pagar el impuesto de consumos. Los afectados sólo residían allí, en el mejor de los casos, dos meses. Para colmo, algunos de esos veraneantes no habían recibido la oportuna notificación y la autoridad municipal se presentaba en sus casas para el embargo de bienes.

Más allá de lo anecdótico, lo relevante es mostrar la certeza contrastada del moderno veraneo en 1917. Entonces, al igual que hoy, aquellos momentos para la reflexión, distantes de la asfixiante cotidianidad, invitaban a nuestros antepasados a plantearse nuevos retos, nuevos caminos con los que granjearse un futuro distinto, una culminación de metas por lo general en el olvido. Los engranajes de la incipiente mercadotecnia también se ponían a funcionar a destajo. Uno de los aspectos que mayor transformación han sufrido a lo largo del último siglo es el del culto al cuerpo. Los gimnasios no disponían del tirón que gozan hoy en nuestra ciudad. Desde 1868 existía en la capital del Turia el Gimnasio y Academia de Esgrima de los hermanos Chust, pero este centro y otros posteriores de similares características se orientaban exclusivamente a una preparación física de carácter militar sólo al alcance de la aristocracia pudiente. Paulatinamente surgieron nuevos centros y clubs deportivos destinados a la práctica de deportes tradicionales como la pelota y otros recién importados como el boxeo, el tenis o el fútbol, entre otros. Siempre con carácter elitista. Hubo que esperar hasta 1933 para que se fundara el considerado por muchos, desde una perspectiva actual, el primer gimnasio valenciano, el mítico Gimnasio Valencia, en la calle Sorní. Así, en septiembre de 1917, no se publicaban ofertas tentadoras para apuntarse al gimnasio-club social, aunque no faltaban estímulos al consumidor de turno para fortalecer su autoestima, o si lo prefieren, satisfacer su vanidad ante el nuevo curso que se avecinaba. La mayoría de productos y tratamientos de belleza se orientaban a las mujeres. Ungüentos y elixires para dotar de turgencia a los pechos, para eliminar el vello o para la obtención de un cutis terso y perfumado se vendían en droguerías sitas en la Bajada de San Francisco, en la calle Zaragoza o en la plaza del Mercado. El producto estrella para los caballeros era la peluca: «Nada envejece ni afea la fisonomía de las personas como la calvicie. Nada más ridículo que una persona joven con calva». Así de implacable se mostraba un anuncio de una peluquería parisina ubicada en la plaza de Cajeros. Aquel estigma se ha convertido casi en toda una tendencia de la moda actual, o eso quiere pensar quien suscribe por razones obvias. De todas formas, un siglo atrás uno podía adquirir 'El secreto indio' , que garantizaba que en 10 días cesaba la pérdida de cabello y que en menos de dos meses todos los calvos pasarían a lucir una melena «abundante, fuerte, sedosa y brillante». Para los jóvenes dispuestos a afrontar sus estudios se ofrecían tratamientos para mejorar su salud, caso de las píldoras Pink. Ríase usted de las teletiendas televisivas: por 21 pesetas podía comprarse cuatro cajas de un producto que transformaba a los adolescentes pálidos, enfermizos, sin ganas de comer y sin alegría en vigorosos y felices atletas. Con idéntica finalidad se vendían chocolates de gran fama en la época, caso del chocolate Aspol, un reconstituyente para la anemia y el histerismo, o el elixir Callol que daba fuerza, vigor y juventud.

Sin duda alguna septiembre era el momento idóneo para promocionar con más ahínco este tipo de productos que mejoraban estética y salud ante los próximos desafíos. Entre ellos destacaban las ofertas académicas, las habituales de enseñanza primaria y secundaria, con centros de gran prestigio, caso del Colegio de la Alianza Francesa en la calle Isabel la Católica, así como empresas destinadas a la formación específica de comercio y contabilidad mercantil, a preparatorios de medicina y farmacia, de ingeniería industrial, etc. Algunas con carácter interino para evitar «la corrupción moral, intelectual y física de los aspirantes». Especial presencia tenían los centros para la preparación militar, como la academia Cavanilles, los de artesanos, y cómo no, las ofertas para aprender idiomas. Anuncios de academias reconocidas se mezclaban con las ofertas particulares, como la de un «sacerdote francés dedicado a dar lecciones de dicho idioma en su domicilio o en el de los alumnos».

No faltaban los lanzamientos de nuevos folletines de los héroes de ficción del momento, un claro precedente de las presentaciones de series televisivas que observamos estas semanas. Para los más pequeños, surgía por aquella época uno de los hoy imprescindibles en septiembre: las colecciones de los cromos de fútbol. Circulaban modestas series de apenas una veintena de postales explicando las reglas y jugadas básicas del nuevo deporte, hasta que en 1915 la editorial barcelonesa Ticket publicó el primer álbum de cromos al uso. Un servidor desconoce si aquel primigenio álbum tuvo impacto entre nuestros niños. Seguro que sus promotores no se hallaron con el problema en que se ha metido este año la empresa Panini. La editorial de cromos de la liga española ha presentado en la portada de su nuevo álbum a una estrella brasileña que por sorpresa ha emigrado a otra Liga. El acabose. Un siglo atrás las habilidades con un balón no eran tan valoradas, sin embargo, los valencianos de entonces ya contaban con el mes de septiembre como período idóneo para proyectar cambios en sus vidas.

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