Montroy recupera el toro de cuerda dos décadas después

Montroy disfrutará de nuevo del tradicional bou en corda.  / xevi casas
Montroy disfrutará de nuevo del tradicional bou en corda. / xevi casas

La cuerda, de color negro y amarillo, homenajeará al arte de la apicultura, muy arraigado en este municipio de la Ribera La Asociación Bou en Corda El Castell nace con el objetivo de consolidar esta modalidad de festejo popular

JOSÉ IGNACIO GALCERÁ

valencia. La tradición del bou en corda en Montroy se remonta a 1976, año en el que un grupo de jóvenes de la localidad se juntó para realizar dicha modalidad. Aquel primer festejo tuvo como protagonista una vaca, un hecho que vino obligado por las apreturas económicas y la carencia de un presupuesto mayor y que no se volvería a repetir. En los años sucesivos, el festejo fue consolidándose, llegando a su esplendor en 1980, cuando la Peña Los Pringaos adquirió un toro de la prestigiosa ganadería de Victorino Martín.

Pese a la aceptación del bou en corda, el festejo dejaría de celebrarse en 1983, retomándose cuatro años más tarde gracias a la Peña Bouera -toda una institución en el municipio-, y cesando su celebración de forma definitiva en 1995. Hasta hoy. Fue este pasado verano, allá por el mes de julio, cuando se empezó a fraguar el nacimiento de la Asociación Bou en Corda El Castell por impulso de un aficionado local, José Antonio Cornejo, que a la postre acabaría presidiendo la entidad, con el objetivo de recuperar este festejo. «Organizamos una rifa y, junto a la colaboración de la Peña Bouera, que nos facilitó los permisos, celebramos en agosto un torico que tuvo un éxito rotundo. Aquello nos dio ánimo y fuerza para dar el paso hacia delante y formar El Castell», recuerda Cornejo sobre un festejo que no se celebraba en la localidad desde hacía más de dos décadas.

«Actualmente somos 130 socios aunque todos los días es un goteo de nuevos abonados. Hemos dejado abierto el periodo para apuntarse hasta el mes de febrero. El pueblo se ha volcado con nosotros y los aficionados están respondiendo», señala.

La primera vez que se organizó bou en corda se hizo con una vaca por la situación económica «Somos 130 socios, aunque todos los días es un goteo de nuevos abonados», explica Cornejo

Montroy está enclavado en plena Ribera Alta y linda con localidades eminentemente taurinas como Turís, Montserrat, Godelleta o Real de Montroy, que además tienen el toro de cuerda como uno de sus elementos vertebradores. «Queremos recuperar la tradición del bou en corda. Es una modalidad que por diversas circunstancias se había perdido y dejado de celebrar en el municipio, sin embargo esta zona es la cuna del bou en corda, sólo hay que desplazarse a los pueblos de al lado para ver que es su festejo estrella. Mucha gente de estos pueblos viene aquí al igual que nosotros nos desplazamos a otros pueblos», afirma.

El toro de cuerda es una modalidad arraigada en esta zona de la Comunitat Valenciana, sin embargo son cada vez más los pueblos que se animan a programarla durante sus festejos. «Poco a poco se está recuperando, por desgracia hay otro tipo de festejos que se dan menos, pero en esta zona han nacido nuevas peñas y es una modalidad que va creciendo. Por ejemplo, en Turís, en los últimos años se hacen concursos alrededor del toro de cuerda y en Chiva es el festejo principal del año. La afluencia y la aceptación es muy alta».

La evolución de este rito, que data de la época romana, se ha ido adaptando a los usos y costumbres de cada territorio donde se lleva a cabo más allá de las diferentes denominaciones. La costumbre del hombre de jugar con el toro se mantiene al igual que se asume el riesgo de enfrentarse al animal a cuerpo limpio, tal y como sucede en otras manifestaciones populares que tienen al toro como eje. «Este es un festejo especial, distinto, el toro recorre todas las calles del municipio, lo que permite que mucha gente mayor que no puede participar directamente de la Fiesta, lo haga sin problemas porque el toro pasa por delante de sus casas. Es un toro en la calle, pero para todo el mundo no sólo para los que se ponen delante. Aquellos que tenemos el valor justo, podemos participar activamente junto a toda la gente, vives la fiesta más de cerca aun yendo a cien metros del animal. Otras modalidades las disfrutan los que son más valientes y se ponen delante del toro», confiesa.

En Montroy, al igual que ocurre en otras poblaciones valencianas, las casas sirven como puntos de descanso tanto para el toro -que se ata a las puertas de las viviendas- como para los corredores y participantes, que se refrescan, se recuperan del esfuerzo realizado y aprovechan para comer a modo de avituallamiento como si de ciclistas se tratase. «Nosotros dimos la opción de quien quisiera que le lleváramos el toro a su casa, debía ponerse barrotes como medida de seguridad en la puerta. Hay otros pueblos que llevan el toro a casa de las festeras o de la peña organizadora, pero aquí hemos querido que fuese a aquellos que se ofrecieran voluntarios. En menos de un mes y medio una quincena de casas se ofrecieron para atar el toro, nos quedamos asombrados, es digno de elogiar», comenta orgulloso.

Este sábado será el debut de la Asociación Bou en Corda El Castell. A partir de las 8 de la mañana se dará suelta a dos toros de Julio Cervera, completándose la programación con un toro de cuerda para los más pequeños para inculcarles la Fiesta desde bien pronto. «Con el nacimiento de la asociación, el objetivo es darle continuidad en el futuro, que este festejo no sufra interrupciones como ha ocurrido en el pasado, queremos consolidarlo, aumentar incluso los días, darle categoría. Hacerlo en diciembre ha sido algo excepcional este año, nuestra prioridad es celebrarlo en mayo y luego en agosto durante las fiestas», señala antes de agregar: «El festejo de agosto fue la prueba definitiva para ver el grado de aceptación que tenía el toro de cuerda después de tantos años y la pasamos con nota».

El toro, como sujeto vertebrador de los pueblos como hacíamos referencia anteriormente, unirá otro de los emblemas de Montroy: la miel. Como pueblo apicultor por excelencia, no podía faltar la referencia a lo que es todo un arte como la cría de abejas. «En su momento acordamos que los colores elegidos para la cuerda fueran el negro y el amarillo como homenaje a las abejas y a la miel», concluye.

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