L'Olivera de Rafelbunyol, un cuarto de siglo de afición

Desencajonada de un toro desde la abarrotada calle Virgen del Pilar. / peña l'olivera
Desencajonada de un toro desde la abarrotada calle Virgen del Pilar. / peña l'olivera

La peña conmemora sus 25 años de vida con toros de José Luis Pereda, Domínguez Camacho y Fuentespino«Buscamos un animal que embista, que tenga casta y que se arranque con emoción», afirma José Nofre, miembro de este colectivo taurino

JOSÉ IGNACIO GALCERÁ

valencia. Pocos podían creer cuando en 1992 un grupo de aficionados de esta localidad de l'Horta Nord fundara una nueva peña y que veinticinco años después ese sueño se mantendría en el tiempo y acabaría consolidándose como una de las entidades taurinas con más solera del bou al carrer. Nacidos bajo el nombre de Peña Taurina Rafel, poco tiempo después pasarían a llamarse Peña Taurina l'Olivera, denominación actual, como un homenaje a una legendaria olivera que había en la calle Magdalena, frente a «la casa del canònge» y que en sus días fue la primera sede taurina de la peña.

Como suele ocurrir en estos casos, el primer año fue una toma de contacto entre los propios peñistas y la localidad. De aquel punto de partida en el que se exhibieron dos toros de Marqués de Albaserrada durante una sola jornada de fiestas, se pasó un par de años después, concretamente en 1994, a la celebración de dos días de toro tal y como sucede en la actualidad a medida. Ahora, los miembros de l'Olivera, cuando se cumplen sus bodas de plata, mantienen la misma ilusión que el primer día. «Ha habido momentos buenos y malos pero siempre hemos salido hacia delante. Nos hemos sabido mantener a pesar de las dificultades, siempre con el mismo espíritu festivo y de pasión por los toros», afirma José Nofre, miembro de la peña desde su fundación y hasta nuestros días.

Para el vigésimo quinto aniversario l'Olivera ha apostado por una de sus señas de identidad: la variedad. «Llevábamos unos años repitiendo demasiado a algunas ganaderías y como siempre nos ha gustado innovar, hemos querido cambiar y probar tres ganaderías que debutarán con nosotros como son Domínguez Camacho, José Luis Pereda y Fuentespino. Tanto Pereda como Domínguez Camacho han funcionado muy bien en la calle últimamente y son toros que embisten, así que hemos buscado esa alternativa».

Aunque esto del toro está lleno de incertidumbre, ya que nadie sabe cuál va a ser el comportamiento de los animales hasta que pisen la arena de la calle, los miembros de l'Olivera tratan de estar al corriente de qué ganaderías se encuentran en mejor momento para que el espectáculo tenga cierta garantía de éxito. «Buscamos un animal que embista, que tenga casta y que se arranque con emoción. A un toro que en la calle es excesivamente noble lo acaban acobardando».

El trapío del toro

Junto a todo ello, hay además un factor innegociable: la presentación de los toros. «La intención siempre es traer un toro serio; esta peña desde que nació se ha caracterizado por cuidar mucho la presencia y el trapío del toro, luego embestirá o no, eso no lo sabemos, pero el trabajo de traer un toro espectacular lo llevamos a rajatabla».

En este sentido, la lista de los toros premiados con el Trofeo al Mejor Presentado de la temporada es amplia: Isaías y Tulio Vázquez (2000), Vaporito, de Marqués de Domecq (2006), Decidor, de Juan Pedro Domecq (2009), Sonajero, de Parladé (2010), otro toro de Parladé (2012) y el último fue Grabador, de Juan Pedro Domecq (2013).

L´'livera, que actualmente cuenta con una treintena de miembros, es la peña más antigua de cuantas hacen toros en Rafelbunyol y sólo por esa circunstancia, además de por su raigambre y personalidad, le confiere una categoría que traspasa las fronteras de esta localidad. Su historia es conocida y su nombre es sinónimo de afición. «Por aquí han pasado treinta y tres ganaderías y ochenta y ocho toros exhibidos en 24 años. Estamos hablando de una cifra importante. No habrá muchas peñas que hayan hecho esta cantidad de toros y, sobre todo, con hierros de primera línea», señala. Cinco lustros dan para mucho. Numerosas han sido las anécdotas y las historias que cada año han ido dejando las fiestas de l'Olivera, pero por encima de todo el recuerdo permanente e imborrable es el de los toros bravos que han marcado la vida de esta peña. «Ha habido momentos muy buenos; recuerdo toros de Jandilla importantes, un par de años que trajimos dos o tres toros de Cuadri, de Cebada Gago... pero por encima de todo hubo un toro de Alonso Moreno de la Cova, de nombre Preciosillo, número 49, que ha sido el más importante y bravo que hemos exhibido aquí», recuerda antes de añadir: «También ha habido grandes emboladas con toros de Jandilla o Parladé».

De la emblemática calle Magdalena, la sede de la peña se trasladó a la calle Virgen del Pilar, conocida entre otras cosas por ser donde vive el famoso «Forner de Rafelbunyol», uno de los grandes del bou al carrer, leyenda viva y referencia para generaciones y generaciones de aficionados. Desde hace más de una década, la calle Virgen del Pilar se ha convertido en todo un emblema del festejo popular, a la altura de otras míticas como el carrer La Mar de Massamagrell, Sant Roc y Sant Xotxim en la Villavella, o la plaza de Sant Roc de El Puig.

«Es una calle completamente recta, los desencajonamos prácticamente desde la misma puerta de la sede la peña y llenamos todo el asfalto de arena, los 200 metros de calle están cubiertos de arena para que el toro tenga las mejores condiciones posibles y pueda así ayudar a que sea un gran espectáculo. Toda la gente se concentra en apenas una calle, ese es uno de los grandes alicientes de nuestras fiestas que se aglutinan en torno a nuestro local y se crea una gran ambiente para los aficionados al toro».

Cumplido el cuarto de siglo, los miembros de l´Olivera se muestran orgullosos al saber que «todo el mundo conoce dónde estamos, los aficionados saben que cada año tienen un atractivo aquí, que es una calle especial y que seguiremos apasionándonos e ilusionándonos con el bou al carrer». Por veinticinco años más.

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