El hombre que salvó el patrimonio valenciano

Imagen de las Torres de Serranos en el año 1888. /Bivaldi
Imagen de las Torres de Serranos en el año 1888. / Bivaldi

El trabajo de José Aixá como restaurador a finales del siglo XIX propició una renovada imagen de edificios como la Lonja o las Torres de Serranos | Las famosas esculturas de Juan Luis Vives en La Nau o la del Padre Jofré en el Hospital General son obra suya

ÓSCAR CALVÉVALENCIA.

Hace apenas unas semanas se celebró el aniversario del nacimiento de José Aixá. Créanme, todos los valencianos presumimos inconscientemente de su obra. Sea como restaurador, sea como escultor de imágenes de nueva factura. Las torres de Serranos, la Catedral de Valencia, la Lonja de los Mercaderes o el antiguo alfarje de la desaparecida Casa de la Ciudad -hoy ubicado en la citada Lonja por mérito de Aixá-, son sólo algunos ejemplos que ilustran hasta qué punto fue trascendental este artista para la conservación de la Valencia medieval, prácticamente cuatro siglos después de su conformación. No menos valioso fue su trabajo como creador de obra propia. Algunas de las esculturas más representativas de nuestra ciudad salieron de su taller. Desde la imagen de Juan Luis Vives que preside el patio del claustro de La Nau, hasta la figura del padre mercedario Joan Gilabert Jofré, realizada para el antiguo Hospital General de Valencia. Derribado el centro sanitario en la segunda mitad del pasado siglo, la imagen del fundador del primer manicomio del mundo se muestra en los jardines del actual Hospital General Universitario. En la intersección de las dos tareas esenciales de Aixá, las de restaurar y esculpir, se halla el peliagudo asunto de la transformación de ciertos detalles deteriorados en antiguos monumentos. El asunto trajo cola en su día, pero hoy pasa inadvertido para el transeúnte. Ahí va un buen ejemplo. Las gárgolas de la Lonja son de aspecto gótico aunque fueron creadas en período renacentista. Pero no todas las que hoy vemos son originales. Algunas son obra del protagonista de esta semana: José Aixá, un gran escultor valenciano al servicio del más excelso patrimonio valenciano a nosotros legado.

Su formación como artista comenzó en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos

José Aixá nació en Valencia el 28 de noviembre de 1844. Su formación como artista comenzó en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la época en el desamortizado convento del Carmen de la capital del Turia. Con grandes aptitudes para variadas disciplinas artísticas, Aixá continuó su formación en otras capitales europeas, familiarizándose con diversas corrientes. Al regreso a su ciudad natal ya era solicitado por las autoridades locales para importantes encargos. En 1880 se instaló en el centro del patio de la Universidad de Valencia una estatua diseñada por Aixá, a petición del rector de la mencionada institución. La técnica exhibida por su fundidor, Vicente Ríos, provocó que la obra se calificara de proeza. También elaboró varias piezas para la fachada de la antigua facultad de medicina, ubicada entonces en Guillem de Castro. De hecho, el frente del edificio estaba presidido por una escultura de Aixá figurando a Esculapio (el dios de la medicina y de la curación). Parte de esos restos conforman el jardín arqueológico que atravesamos para acceder a la principal biblioteca municipal de Valencia. Hacia 1885 la Diputación de Valencia contrata a Aixà para el monumento a Joan Gilabert Jofré, en el antiguo Hospital General, entonces contiguo a la facultad de medicina. Lejos de encasillarse, Aixá participa activamente en la decoración de edificios, tanto públicos como privados. Su taller goza de gran fama y le llegan encargos desde otras ciudades. Uno de los más conocidos está en el cementerio municipal de Sevilla. Se trata del monumento funerario a Manuel García Cuesta 'El Espartero', joven matador de toros que perdió la vida en 1894 en la antigua y desaparecida plaza de toros de Madrid. En el mismo cementerio se encuentra la tumba del torero 'El Gallo', dominado por un fantástico grupo escultórico elaborado por el también valenciano Mariano Benlliure. Volvamos con Aixá. Si desean conocer su ciudad, queda lo mejor.

La Lonja, antes de su intervención a finales del siglo XIX.
La Lonja, antes de su intervención a finales del siglo XIX. / Bivaldi

Mantenedor o recreador

La actuación de Aixá como restaurador se desarrolla cuando dos teorías antagónicas respecto al proceder con el patrimonio asumían protagonismo y rivalidad a la par. La intelectualidad europea litigaba entre los defensores de los fundamentos del francés Viollet-le-Duc (1814-1879) y los valedores del inglés John Ruskin (1819-1900). Si el primero abogaba por la repristinación -palabro que viene a decir que se puede restaurar todo hasta llevarlo al estado original-, el segundo defendía una actitud basada en la conservación. En otras palabras, si el edificio se caía se intentaba evitar, pero si colapsaba, pues eso, c'est fini. Para Ruskin los edificios eran como las personas. Nacían, vivían y morían.

La huella de Aixá está presente en varias cruces de término. También en la catedral

En historia del arte existe un axioma bastante polémico: «Todo el arte medieval es en realidad del siglo XIX hasta que algún especialista demuestre lo contrario». Tras su uso, desamortización, expolio, abandono, nuevo uso, transformación al gusto y el propio desgaste del tiempo (con no pocas guerras en su haber), el patrimonio medieval a finales del siglo XIX presentaba un estado deplorable. ¿Cómo obrar al respecto? ¿Reconstruirlo todo aparentando que acaba de erigirse? ¿Intentar conservarlo estructuralmente pero sin modificar su actual estado? Aixá fue el que se enfrentó a estas cuestiones vinculadas al patrimonio valenciano del siglo XV, el momento de mayor esplendor de nuestra ciudad.

Buena parte del legado arquitectónico estaba herido de muerte. Sea por su propio estado ruinoso, sea por los intereses creados en torno a muchos edificios. ¡Qué les voy a contar! Palacio del Real, conventos como el de la Zaidía o la Puridad, la muralla y muchos portales de acceso a la ciudad, la Casa de la Ciudad, la Bailía... Algunas de las pocas construcciones históricas que sobrevivieron fueron tocadas y retocadas por Aixà. De hecho, además de los documentos, contamos con la opción de hacer un contraste entre imágenes de edificios antes y después de la intervención de Aixá. Una versión real, arquitectónica y sugestiva del juego de las diferencias. ¿Un botón?, la Lonja. Durante parte del siglo XVIII fue cuartel militar y más tarde funcionó como improvisado hospital ante eventuales brotes pestíferos. Su estado amenazaba ruina, pese a la celebración de algunas ferias en el recinto. Tras años de litigios (1876-1891), por fin se acometieron las necesarias obras: renovación de la cubierta de las bóvedas, las fachadas, etc. Aixá dirigió varios aspectos de la restauración del conjunto. Junto al arquitecto Antoni Ferrer, consideraron que la torre nunca había sido finalizada, así que la obraron, rematándola en 1899 con merlones similares a los de la Sala de Contratación y del Consulado del Mar. Fue duramente criticado por la Academia de San Carlos, que abogaba por evitar aditivos, pero Aixá fabricó diversas gárgolas para el advertido añadido.

Esculpió en 1893 el grupo escultórico del tímpano de la portada principal de la Lonja

No menos llamativo, esculpió en 1893 el grupo escultórico del tímpano de la portada principal de la Lonja, en sustitución de unos símbolos referentes a la Industria y el comercio que allí se hallaban. Ese grupo fascinó a público y crítica, pese a incorporar un error de bulto. Representa la Anunciación, eso explica que los ángeles sostengan el lema 'Deu vos salve, Maria plena sou de gracia'. El caso es que la Virgen aparece con el Niño en brazos. Una incongruencia que casi en el siglo XX no heriría muchas sensibilidades, pero que el hombre del siglo XV hubiera rechazado. En la planta superior del Consulado del Mar se instaló el alfarje de la antigua Casa de la Ciudad de Valencia ¿Imaginan quien se encargó de readaptarlo al nuevo espacio? Necesariamente, Aixá creó un par de vigas con toda la imaginería presente en la techumbre original, incluidas figuras de bulto redondo como profetas y animales fantásticos. Eso sí que es un pasatiempo. Advertir cuál es original del siglo XV y cuál fue realizada a principios del siglo XX. Aixà también esculpió algunas figuras de profetas en otro de los iconos de la ciudad, las Torres de Serranos.

Torres de Serranos en 1988 (i) y vista aérea de las Torres en las que se aprecian las barbacanas almenadas que luce hoy.
Torres de Serranos en 1988 (i) y vista aérea de las Torres en las que se aprecian las barbacanas almenadas que luce hoy. / Bivaldi/Javier Peiró

Del mismo modo reelaboró la señal real y los ángeles que sostienen el escudo de Valencia sobre el arco de ingreso de este monumento. Pequeños detalles que no dejan de evocar la sentencia académica ya referida sobre el arte medieval y el siglo XIX. Por cierto, no son sólo pequeños detalles. La tracería de filigranas del cuerpo central es también obra de Aixá, y Antonio Ferrer y nuestro protagonista reconstruyeron las barbacanas con antepecho almenado que hoy luce el monumento. Sin ánimo de juzgar, la sombra de Aixá, aunque nos pase inadvertida, es tan larga que se proyecta en varias cruces de término góticas y en algunas vidrieras de la catedral de Valencia que diseñó, entre otros lugares reseñables.

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