La 'Memoria de la modernidad', el corazón del arte valenciano

Piedra y lienzos. Escultura y pintura conviven en la muestra./ Diputación de Valencia
Piedra y lienzos. Escultura y pintura conviven en la muestra. / Diputación de Valencia

La Diputación impulsa una muestra vertebradora repleta de señas de identidad autóctonas | La exposición reúne 85 piezas de una colección tan atractiva como desconocida

ÓSCAR CALVÉ VALENCIA.

Pocas semanas antes de que naciera Joaquín Sorolla, en el mismo mes de febrero de 1863, Bernardo Ferrándiz, pintor valenciano residente en París y ya por entonces de cierto renombre, solicitaba a la Diputación de Valencia la concesión de una novedosa pensión artística para perfeccionar su formación en la capital de Francia. Beneficiario de aquella beca que, salvando las distancias, funcionaría como versión primitiva de la actual Erasmus, Ferrándiz pintaba un año más tarde en la Ciudad de la Luz 'El tribunal de las Aguas de Valencia 1800'. La obra fue adquirida inmediatamente a un elevado precio por las autoridades francesas.

Ferrándiz realizaría poco después una versión de su obra original para la institución que le había becado, la Diputación de Valencia. De este modo, el citado organismo añadía a su colección una de las piezas más valoradas de la segunda mitad del siglo XIX. Aquellos primitivos y heterogéneos fondos, ya por entonces recibidos por medios muy distintos, configuran en la actualidad un impresionante -y poco conocido- patrimonio artístico formado por más de 4500 obras. Además de algunos de los más célebres artistas de diversas épocas como Joan Reixach, Francisco Ribalta, Vicente López, Ignacio Pinazo, Mariano Benlliure o Andreu Alfaro, entre otros, la Diputación de Valencia atesora obras de mujeres y hombres valencianos de menor renombre mediático pero que practicaron con notable peculiaridad alguna disciplina artística. Incluso los menos conocidos para el público poseen gran valor a la hora de ofrecer una panorámica integradora del arte desarrollado en nuestro territorio.

Exposición. Apóstoles y cirialots, de Juan Genovés.
Exposición. Apóstoles y cirialots, de Juan Genovés. / Diputación de Valencia.

Lógicamente, resulta imposible mostrar un patrimonio de tal magnitud, pero esa carencia se subsana en buena medida gracias a una interesante exposición que lleva el sugerente título 'Memoria de la modernidad'. Rafael Gil, Felipe Jerez, M. José López, Ester Alba y Mireia Ferrer, docentes del Departamento de Historia del Arte de la Universitat de València y miembros del grupo de investigación VALuART (UV). De carácter itinerante, la primera etapa de la exposición fue en Requena. Hoy puede verse en el Museo Municipal de Alzira, hasta el 4 de marzo del próximo año (en los dos próximos años visitará Alzira, Gandia, Ontinyent, Sagunt y Torrent). Recorrerá más localidades en aras de cumplir uno de sus principales objetivos: hacer llegar lo más significativo de estos bienes a todos los valencianos interesados. No en vano, aunque a menudo estén escondidos en depósitos, técnicamente son suyos.

El organismo provincial tiene más de 20 obras de Sorolla, entre ellas un boceto del 'Palleter'

Algunos expertos señalan que la presente muestra es una verdadera piedra angular del arte valenciano. ¿Qué es la 'Memoria de la modernidad'? Es el espacio donde ver algunas de las obras más significativas del arte valenciano propiedad de la Diputación. Sin embargo, si les dijera que por su propia naturaleza representa un compendio de identidad valenciana no les engañaría.

Más abajo lo desarrollaré, pero antes, definamos la modernidad. El término 'moderno', de origen latino, ha sido empleado por muchas culturas en múltiples contextos. Ya saben que el concepto alcanzó un momento de sublimación como sinónimo de progreso durante los siglos XIX y principios del XX, en contraposición a lo antiguo, a lo desfasado. Una idea materializada por ejemplo en las transformaciones urbanísticas de aquella época en Valencia. No obstante, siguiendo a la controvertida RAE, lo moderno también refiere unívocamente al período contemporáneo al emisor, en este caso al creador. Me temo que un cantante de reguetón puede considerarse moderno... En fin, ya serios, la citada muestra nos acerca con tino a las correspondientes modernidades de los artistas seleccionados, a los contextos específicos de producción de cada obra. En otras palabras, la 'Memoria de la modernidad' es una de las honrosas excepciones expositivas que permiten no sólo disfrutar, sino también comprender un importante volumen del arte valenciano en todas sus dimensiones, un arte hecho por y para valencianos. Para ello se sirve de un completo catálogo que comienza con la oportuna explicación de la configuración de la colección.

Un apartado expositivo se centra en la interpretación del paisaje valenciano

En 1833 iniciaba su definitiva andadura la Diputación de Valencia, organismo que recibiría las obras artísticas pertenecientes al antiguo Hospital General, la Casa de Misericordia, la Casa de la Beneficencia o el sanatorio psiquiátrico, que a mediados del siglo XIX pasaban a depender de la institución apenas recién creada. Por otro lado, parte del patrimonio artístico requisado a los monasterios en las diversas desamortizaciones incrementaba cuantitativa y cualitativamente la colección. Además, la Diputación cuenta con obras de sus artistas pensionados durante más de siglo y medio, aquella senda que abrió Ferrándiz en 1863, así como con una notable representación de arte contemporáneo adquirido u obsequiado por sus propios creadores.

De hecho, uno de los pilares fundamentales en los que se sustenta esta exposición es la brillantez del arte contemporáneo valenciano, cuya enorme particularidad no ha sido tratada con la justicia que merece. También está muy presente la incipiente aparición en el panorama artístico valenciano del género femenino a partir de los años 30 de la pasada centuria. Poco noto, las mujeres valencianas desarrollarían un papel protagonista: si en el año 1959 concurrían al certamen artístico de la Diputación en idéntico número al de hombres, poco tiempo después Aurora Valero era la primera mujer pensionada por la Diputación.

La 'Memoria de la modernidad' es una ocasión estupenda para aprender arte e historia de Valencia. Inexorablemente van unidos. El primero, por acción o por reacción, suele ser reflejo del momento en que se produce la obra. Sea en su esencia formal (les resultará interesante la evolución de los retratos mostrados con su oportuna explicación), o en algo tan elemental como los motivos generadores de las obras. Por ejemplo, el primer bloque expositivo se centra en obras producidas por los artistas pensionados por la Diputación, quienes muchas veces realizaban sus pinturas en función de las bases establecidas en los concursos proyectados por la institución o en sus obligados envíos para demostrar sus avances formativos: tema histórico, tema religioso, las academias (estudios de un modelo tomado del natural sin integración en composición), etc. Considerando que buena parte de los aspirantes eran valencianos y que era la Diputación de Valencia la que convocaba las pruebas, con la evaluación de académicos de Bellas Artes, para la obtención de la beca (y para la renovación de esta), pueden imaginar el extraordinario caldo de cultivo para potenciar la identidad valenciana.

La figura del Palleter, según el pintor Joaquín Sorolla | El famoso cuadro de Sorolla sobre el Padre Jofré | Valencia, en el pincel de Juan de Ribera, una obra de 1957. / Diputación de Valencia

Tres botones decimonónicos pueden servir de muestra. El primero, el ya mencionado 'Tribunal de las Aguas de Valencia' pintado por Ferrándiz. El segundo, 'El Palleter declarando la guerra a Napoleón', famoso cuadro realizado por Joaquín Sorolla en 1883 como ejercicio de temática impuesta para la obtención de una pensión en Roma. Cuatro años más tarde, el genial pintor realizaba el ejercicio final requerido de esa beca: 'Fray Juan Gilabert Jofré amparando a un loco perseguido por los muchachos', el episodio que, según la tradición, se resolvería con la creación del primer asilo mental de la historia. Y ya van tres. Créanme que no estoy pensionado por la Diputación, pero es que esta institución posee, por ejemplo, más de 20 obras de Sorolla, con curiosidades tan llamativas como un boceto del citado 'Palleter' con nota autógrafa del pintor que reza: «Vixca Fernando VII y muiguen els traidors».

El discurso en torno a esta exposición como fortalecimiento de pertenencia a un territorio puede ampliarse con obras del siglo XX. En 1943 la Diputación convocaba la primera pensión específica de paisaje. Nacía un rico repertorio de obras que durante décadas ha tenido como tema principal el paisaje valenciano: miradas y perspectivas de diversos enclaves de la ciudad que, además de mostrar la personalidad de cada artista, nos ofrecen aspectos de la evolución urbana. Imágenes de Valencia como las pintadas por Manuel Nácher de Quesada (1948), Enrique Planells (1950), Juan de Ribera (1957) o Josefina Inglés (1967), no les dejarán indiferentes.

Siempre en el contexto de los ejercicios para la obtención de becas, José Segrellés pintaba en 1950 al valenciano más universal de todos los tiempos, a Sant Vicent Ferrer, el contexto de la modernidad del pintor, no muy distante de la de Juan Genovés, quien en 1951 figuraba al óleo 'Apóstoles y Cirialots', iconos representativos del desfile del Corpus Christi en nuestra ciudad. La memoria de las modernidades aludidas.

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