Devoción marinera entre pétalos y tambores

El Cristo del Salvador y del Amparo. / jesús signes
El Cristo del Salvador y del Amparo. / jesús signes

El traslado de los Cristos a la playa se convierte en un homenaje a los ahogados en el mar Mediterráneo | El Viernes Santo transcurre entre los Vía Crucis y la procesión del Entierro, con la participación de 31 hermandades

ISABEL DOMINGO VALENCIA.

Del silencio y el recogimiento de la mañana a los tambores de la tarde-noche. De los rezos individuales en los Vía Crucis a la concentración multitudinaria de la procesión del Entierro, que reúne a casi 5.000 personas entre cofrades y músicos. Es el contraste de la jornada del Viernes Santo en la Semana Santa Marinera, marcada por 24 horas de intensa devoción que ayer arrancaron cuando aún no había despuntado el alba.

Porque el reloj apenas sobrepasa las 07.30 horas cuando un grupo de personas ya aguarda en la puerta del número 167 de la calle Barraca. Es el domicilio de María Antonia Puchades, que acoge por tercera vez la talla del Cristo del Salvador y del Amparo y que confiesa estar «temblando de la emoción» por el acto que está a punto de celebrarse. Media hora más tarde ese pequeño grupo se convierte en un río de gente que anuncia la llegada del Cristo del Salvador. Llega el momento del encuentro de los dos Cristos tras los acordes de la Marcha Real y del posterior traslado a la playa para recordar a los que fallecieron en el mar.

El párroco de Cristo Redentor, Juan Pedro Escudero, es el encargado de la primera reflexión del día. Realiza una «invitación al amor» para «construir un mundo mejor» y recuerda «esa muerte que se aparece en muchos calvarios de nuestro mundo». A partir de ahí, procesión conjunta entre rostros de turistas y vecinos, algunos conocidos como el exconcejal popular Francisco Lledó o el secretario autonómico de Obras Públicas, Josep Vicent Boira.

Los tambores marcan el paso. En el cruce de Reina con Mediterráneo, la despedida de las dos imágenes, que se portan a pecho. El Cristo del Salvador, patrón del Cabanyal, parte hacia la playa; el del Salvador y del Amparo vuelve a casa para incorporarse al Vía Crucis, ya que verá el mar a mediodía.

El Mediterráneo, «gran fosa»

En la arena, de nuevo, una oración. En este caso, en la voz del párroco de Nuestra Señora de los Ángeles y prior de la Semana Santa Marinera, Jesús Cervera, quien recuerda que «el Mediterráneo es una gran fosa y nosotros, desde el cinismo, cerramos los ojos y miramos hacia otro lado». De ahí la ofrenda -con rosas y corona de laurel- a «los difuntos, trabajadores del mar, ahogados buscando una vida mejor, jóvenes trabajadores que arriesgan su vida, jóvenes madres con sus bebés, familias que perecen en el mar y huyen de guerras, dictaduras y hambre».

La poesía se cuela en la voz de Alejandro Señorís, quien lleva años preparando versos para los dos Cristos. Las cornetas y tambores de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder de Torrent marcan, a toque de oración, el final del acto en la playa. Unos metros en los que los devotos quieren rozar la imagen, acercar un pañuelo o una estampa, transmitir un ruego. De regreso, el Cristo del Salvador se encuentra con la Dolorosa del Cabanyal, que marcha al Vía Crucis.

Si esto sucedía por la mañana, hasta bien entrada la madrugada las 31 hermandades que conforman la Semana Santa Marinera desplegaron, desafiando a las rachas de viento, todo su patrimonio artístico para la procesión del Entierro. Fue el caso de la Hermandad de la Misericordia, que se ha incorporado este año y desfiló con el grupo escultórico de las Tres Marías.

Entre los participantes en este acto, la concejala de Turismo, Sandra Gómez, con la Hermandad del Cristo de la Palma; el edil de Comercio, Carlos Galiana, clavario de honor por la Germandat de la Coronació d'Espines; o el portavoz de Ciudadanos, Fernando Giner, que acompañó a los Granaderos del Cabanyal. En la tribuna de autoridades, el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset; la presidenta del PP en la Comunitat, Isabel Bonig; el portavoz popular, Eusebio Monzó; la edil de Cs Amparo Picó; los socialistas Maite Girau y Joan Calabuig; y el obispo auxiliar Arturo Ros, entre otros.

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