Bocairent, la milenaria joya que fascina a todo un país

Turismo. La plaza principal del casco antiguo del municipio, repleta de vecinos y visitantes. / LP

Elegida como una de las siete maravillas rurales de España, es el escenario ideal para dejarse llevar por los sentidos | Un almacén milenario o la plaza de toros más antigua de la Comunitat y peculiar del país, algunos de sus secretos

ÓSCAR CALVÉVALENCIA.

El año que dejamos atrás trajo consigo un reconocimiento muy especial para una de nuestras poblaciones más hermosas: Bocairent, en la Vall d'Albaida, fue seleccionada por los usuarios de un reconocido portal de turismo rural como una de las siete maravillas rurales de toda España. Así que, si no conocen la población, agreguen a su lista de propósitos para 2018 la visita a la localidad valenciana. Al menos entre aquellos objetivos de carácter hedonista, porque Bocairent no tiene desperdicio.

A 300 metros del pueblo hay un almacén musulmán diseñado mil años atrás y que, excavado en una montaña y con más de cincuenta pequeñas ventanas, ofrece un paisaje similar al de una colmena labrada por el hombre. Bocairent también posee un evocador barrio medieval. En su término municipal podemos disfrutar asimismo de la contemplación de diversas cavas, aquellos indispensables neveros donde se preservaba la nieve para su comercialización.

De nuevo en la población, hallamos la plaza de toros más antigua documentada en la Comunitat Valenciana (1843), con la fantástica peculiaridad de haber sido excavada casi íntegramente en roca viva. Su iglesia parroquial, pese a sufrir los devastadores daños del conocido terremoto de Montesa (1748) se remonta a comienzos del siglo XVI, e incluso conserva en su interior obras del siglo XV.

La población donde se asienta el actual Bocairent se remonta a la época islámicaSu plaza de toros, excavada en roca viva y con 3.760 localidades, data de 1843

Una trama de nueve ermitas, tres de ellas en la misma población, un monasterio rupestre, una extraordinaria red de fuentes, puentes y acueductos de diversas épocas que plasman la enorme presencia del agua, museos de diversa índole y de enorme interés,... Todo esto en relación a la mano del hombre. Por si fuera poco, la naturaleza ha prestado toda su belleza -y determinado la idiosincrasia y la economía de la localidad-, con parajes como el nacimiento del río Clariano, en el Valle de Agres y Bocairent.

Resulta paradójica la costumbre que tienen las sociedades modernas respecto a la escasa valoración que tienen del patrimonio propio respecto al foráneo. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. A menudo vamos a otras ciudades europeas y nos pegamos verdaderos madrugones para ver sus monumentos medievales, mientras que absortos en nuestra compleja cotidianidad apenas miramos nuestra Lonja o nuestros imponentes portales de la capital.

El discurso es ampliable al ámbito rural. Los hay que estamos enamorados de la Toscana. También los que buscan enclaves que les transporten a los paisajes presentes en películas o famosas series. Sobre gustos colores. Sin embargo, esos colores están todos presentes en nuestro territorio y no siempre captan nuestra atención. Bocairent es un paradigma al respecto. No lo dice un servidor, sino miles de españoles a los que les gusta viajar, ergo expertos en materia. Depende del lugar de donde vivan, un rato más o menos largo de coche tiene la culpa.

La población donde se asienta el actual Bocairent se remonta a época islámica. De hecho, como tantas otras localidades valencianas, la etimología del nombre es árabe. Bekirent, traducible como piña o colmena según los especialistas, haría referencia al conjunto de edificaciones concentradas en torno a la alcazaba, la fortaleza islámica sobre la que se erigiría siglos después la iglesia parroquial.

Icono. Les ‘covetes de los moros’, el gran símbolo de Bocairent.
Icono. Les ‘covetes de los moros’, el gran símbolo de Bocairent. / José Penalba

Les Covetes dels Moros

No obstante, diversos estudios arqueológicos remiten a asentamientos humanos en el neolítico antiguo, es decir, seis milenios atrás (por ejemplo en la 'Cova de la Sarsa'), o en época romana, siempre en las proximidades del actual pueblo. En todo caso, la primera excelencia bocairentina en la que nos detendremos se remonta al pasado islámico.

La primera parada obligatoria se halla en la vertiente derecha del llamado 'Barranc de la fos'. Muchos eruditos han dado su parecer respecto a una serie de pequeñas excavaciones realizadas en una pared vertical, una suerte de panal para uso humano sobre un rocoso acantilado en cuyo interior se configuraría a posteriori una laberíntica estructura. Una moderna escalera facilita nuestro ingreso, mucho más complejo en su origen, pues se realizaba mediante peldaños excavados toscamente en el exterior del muro. Hoy los especialistas coinciden en que este entramado de pequeñas cuevas, en principio independientes pero más tarde conectadas algunas entre sí, se realizó hacia los siglos X y XI, parece que con la función de almacén colectivo para la población musulmana que habitaba en la zona.

La cava de Sant Blai

No es menester tener una poderosa imaginación para, una vez dentro, convertirnos en algunos de los personajes que a buen seguro por allí deambularon: desde los moriscos que se refugiaban de la inevitable expulsión, a 'bandolers' que hallarían en aquellas cuevas un efímero refugio durante algunas de las persecuciones a las que se verían sometidos. Frente a este peculiar enclave se halla la cava de Sant Blai, una estructura que también nos conduce de manera inequívoca a otro tiempo.

La Sierra de Mariola cuenta con multitud de neveros, estructuras excavadas en la montaña y con muros de contención en su interior que servían de depósito de nieve en una época en la que tomarse un refresco era poco menos que una quimera. Aunque su uso se remonta a época romana, los de la zona son de época moderna (siglo XVII y XVIII) y se emplearon en algunos casos hasta el siglo XX.

En el término de Bocairent hay unos cuantos, pero mencionaremos sólo la cava de Sant Blai, por su proximidad a 'les covetes dels moros'. Se trata de un enorme depósito de planta circular de más de 7 metros de diámetro cubierto mediante una cúpula que combina la mampostería con una parte labrada en la roca. Los 11 metros de profundidad revelan un colosal 'congelador' con su elemental pero pragmática tecnología: una abertura cenital (cegada hoy) por donde se introducía la nieve, un hueco en una de las paredes a mitad de la altura del nevero y una alargada galería inferior que, con acequias en su interior hacía las veces de desagüe.

Gastronomía. Un rico gaspatxo de Mariola, típico del municipio.
Gastronomía. Un rico gaspatxo de Mariola, típico del municipio. / LP

Casco histórico evocador

De nuevo, la roca como protagonista. En el centro urbano de Bocairent se halla, también excavada, su plaza de toros. Pasa por ser el más tradicional de nuestro territorio. Se construyó en 1843, en parte para ocupar a muchos paisanos que quedaron sin trabajo por la crisis que había afectado a uno de los grandes motores económicos de la localidad, la industria textil. Apenas unos años antes, muchas de las más de 1.200 personas de Bocairent que se ocupaban en la fabricación de paños finos quedaron desempleadas. La idea fue de un empresario enguerino residente en Bocairent, Manuel López Rovira. A golpe de pico y pala, se excavó una plaza en el montículo llamado 'la Serreta'. No es la única de España con esta particularidad. Otra muy famosa se halla en Carratraca (Málaga), pero fue inaugurada más de cuatro décadas después, en 1878. En cualquier caso, la plaza de Bocairent, que cuenta actualmente con 3.760 localidades, ha sido testigo de faenas de toreros tan conocidos como el mejicano Rodolfo Gaona, Antoñete o Enrique Ponce, entre otros. Respecto al aforo, conviene recalcar que la población cuenta hoy con unos 4.300 vecinos. Saquen cuentas...

El terreno escarpado de la población acoge un entramado urbano angosto y sinuoso de raigambre islámica, presidido sintomáticamente por el campanario de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Su barrio medieval fue declarado conjunto histórico-artístico nacional en 1975, y un paseo por sus calles y plazas evidencia su incomparable belleza. La plaza de Sant Joan o la calle de Les Voltes, sirven de muestra. Esparcidas entre calles secretas hallarán ermitas, numerosas y hermosas fuentes públicas o un museo de Oficios y Costumbres con un antiguo telar que recuerda uno de los oficios más tradicionales de la población. Si se les abre el apetito a causa de tanto trajín, las riquezas gastronómicas están a la altura de las histórico-artísticas: gazpachos, olleta, 'fesols amb carabassa'... Y para la digestión, un herbero de la zona. «Mala digestio, nulla felicita», glosaba algún sabio en la Antigüedad. Seguro que también estaría de acuerdo en calificar Bocairent como una auténtica maravilla.

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