Alberto Granchel, bravura en Quatretonda

Buena planta. Un lote de vacas, en la finca situada en Quatretonda. / lp
Buena planta. Un lote de vacas, en la finca situada en Quatretonda. / lp

«En la ganadería se hace todo por afición, si no existiera ese veneno, sería imposible», confiesa el ganadero La ganadería valenciana logra cerrar uno de sus años más importantes y se alza con el concurso de Segorbe, entre otros certámenes

JOSÉ IGNACIO GALCERÁ

valencia. Corren buenos tiempos en casa de Alberto Granchel Prats. El ganadero de Quatretonda está de enhorabuena, no en vano ha sido uno de los nombres destacados de la recién finalizada temporada. Así lo atestiguan los muchos éxitos que ha cosechado no solo en la Comunidad Valencia sino también más allá de sus fronteras, el número tan alto de festejos en los que ha participado y la gran demanda que tiene de peñas y comisiones para que sus toros y vacas exhiban su bravura por las calles. «La temporada ha sido muy buena», afirma con satisfacción. «La ganadería ha mostrado un nivel muy bueno durante todo el año. No me gusta hablar demasiado de los éxitos pero creo que estamos atravesando unos años en los que la ganadería está dando muy buenos resultados y sobre todo tenemos la sensación de que cada año va a mejor y se superan las expectativas. Espero que la evolución y la tendencia sigan siendo positivas».

Pese a los éxitos, Alberto Granchel mantiene los pies en el suelo. La experiencia le dice que la ganadería exige un trabajo diario y no se puede bajar la guardia. «A mí no me gusta sacar pecho, porque aquí un año estás bien y al siguiente no tanto. A mí me gusta disfrutar de mis vacas y mis toros, verlos en el campo y que luego en las calles den buen juego. La gente es la que juzga si la ganadería pasa por un buen momento o no, pero si los aficionados hablan de nosotros es porque hay motivos para hacerlo. Estoy muy contento».

El triunfo en el XXXIII concurso de ganaderías de Segorbe marcó el punto álgido de un curso que también tuvo reconocimientos en Soneja, Vilafamés o Albocàsser. Pero es Segorbe donde la ganadería de Quatretonda tiene su principal bastión. Allí, en el año 2012, tuvo lugar uno de los hitos de la casa cuando el toro 'Barbero' se alzó con el premio al mejor astado embolado. Aquello supuso una etapa de esplendor y crecimiento de la ganadería que está dando sus frutos en la actualidad. Ahora, cinco años después, otro animal de la casa, fue la gran protagonista del certamen de la localidad castellonense. La vaca Irachi, la estrella de la ganadería, obtuvo el máximo de puntos (37) llevándose el premio a la mejor tarde de vacas. «Es un animal muy completo, igual es capaz de rematar en los barrotes que da espectáculo en los obstáculos. Es una gran vaca».

«Tenemos la sensación de que la ganadería cada año va a mejor y se superan las expectativas», afirmaLa vaca 'Irachi', la estrella de la ganadería, obtuvo los máximos puntos y fue gran protagonista en Segorbe

La repercusión del triunfo en Segorbe ha desatado las solicitudes de muchos pueblos para contar con Irachi. «Ya tengo demanda de cuatro o cinco pueblos de cara al año próximo para llevarla, siempre y cuando la vaca esté preparada. Cuando está al cien por cien, es capaz de dar mucho espectáculo en todos los obstáculos». Irachi, del guarismo 1, es producto de 'Caimán', un toro que ligó y dio muy bien. «Tengo ahora dos vacas cubiertas de ese toro pero es que han salido diez o doce de un gran nivel. Eso me enorgullece y me llena de ilusión. Aunque la prueba definitiva de si son productos que dan el nivel es la calle, esa es la vara de medir que marca la diferencia". La lista de nombres ilustres a día de hoy es amplia: «Está la vaca Violeta, Enterradora, Perseguida, Atracadora, que en Peñíscola se salió, Pistolera, Flautista, otra gran vaca, Sinfonía, Golosina, Africana, que estuvo muy bien hace unos días en Bugarra, Brasileña. En cuanto a los toros están Beato, Goloso, Puñal, que ganó en Ulldecona y Carambolo, que es un toro hermano de la Irachi. Tiene nueve años y cuando un toro aguanta tanto tiempo es porque tiene algo».

Hace 37 años que Alberto Granchel Prats inició su sueño ganadero. Apasionado del toro, en su familia no había antecedentes que le llevaran a embarcarse en la crianza de bravo, su abuelo tan solo poseía un lote de vacas de leche. Creció rodeado de animales, siempre cerca del campo, su gran afición, lo que le llevó hace casi cuatro décadas a realizar la primera compra de ganado de Picó de Ondara. Sin embargo, a finales de los años noventa, un problema de tuberculina obligó a eliminar prácticamente todo, quedándose con muy poco ganado. «Tras aquellos momentos complicados, compré ganado de Luis Frías, que junto a lo que ya tenía, comenzó a construirse lo que es hoy la ganadería».

A día de hoy la ganadería cuenta con 248 cabezas de ganado, un número que se ha reducido este mismo año al eliminar una treintena de animales. «Somos una ganadería modesta, nos queremos mover en estos números porque aquí es complicado aguantar el tirón, hay muchos gastos y mantener esto no es nada sencillo. Se hace todo por afición, si no existiera ese veneno que llevamos dentro todos los aficionados, sería imposible», señala. A la entrada de Quatretonda se encuentra situada la partida denominada La Torreta, ochenta anegadas de finca donde pastan las vacas. La otra parte del ganado, siempre y cuando las lluvias y las heladas respeten durante el invierno, aguardan en una zona montañosa arrendada. «Allí meto más o menos la mitad de los animales y los otros se quedan en la finca», afirma Alberto Granchel, quien goza de la tranquilidad del campo junto a sus amigos y familia. «Voy para 64 años y vivo la ganadería con tranquilidad ya que quienes están más al pie del cañón son Valero, que es como de la familia, mi yerno Bartolo, y también mis hijos. Entre todos tomamos las decisiones, acertamos y nos equivocamos porque este es un mundo complicado y en el que dos y dos casi nunca son cuatro».

Dejamos a Alberto Granchel repasando las vacas y los toros, su pasión. «Aquí paso todo el día viendo a los animales, dándoles de comer, si no tuviera esto, ¿qué haría? A quien le gusta, es una maravilla aunque hay que decir que tiene sus ratos malos pero también muy buenos, hay muchas satisfacciones. Yo si no tuviese bravo, no tendría ganadería», concluye.

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