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Mora Berenguer, el constructor de la cara modernista de Valencia

Mora Berenguer, el constructor de la cara modernista de Valencia

  • El martes se cumplen 56 años de la desaparición de este gran arquitecto que modificó la ciudad

Nadie muere mientras permanece vivo su recuerdo. En este sentido, las personas que legan un rico patrimonio cultural, sea cual sea su naturaleza, allanan su camino hacia la inmortalidad. Es el caso del arquitecto Francisco Mora Berenguer. Pese a abandonar el mundo hace 56 años, su recuerdo sigue muy presente en la ciudad donde residió la mayor parte de su vida, Valencia. No sólo por su obra más famosa, el Mercado de Colón, sino por otras perlas que engalanan la capital del Turia pero que requieren una llamada de atención para el siempre ajetreado viandante. Si quieren saber más de Valencia, es imprescindible conocer la obra de este saguntino nacido en 1875 y fallecido el 24 de enero de 1961. Mora realizó su formación preuniversitaria en su ciudad natal e ingresó más tarde en la Escuela de Arquitectura dirigida por Domènech i Montaner, en Barcelona. Allí formaría parte de un círculo artístico que bebería del taller modernista más afamado de España, el de Antonio Gaudí. En 1901, y con solo 26 años, Mora obtuvo el cargo de arquitecto municipal en Valencia, poniéndose al servicio de la capital del Turia.

Desde entonces combinó la construcción de notables edificios privados con encargos municipales. Algunos de estos últimos se han convertido en señas de identidad de Valencia. Otros pasan casi inadvertidos por su ubicación alejada del casco histórico o por una comprensible tendencia a valorar los edificios en función de su antigüedad, entre otras causas. En pocas líneas comprobarán como Valencia no sería igual sin la figura del arquitecto Mora.

Junto a Carlos Carbonell, Francisco Mora realizó el proyecto de la fachada del Ayuntamiento de Valencia, donde tuvo que conjugar las formas presentes en la antigua Casa de Enseñanza -reconvertida en la Casa Municipal-, con las necesidades propagandísticas de la institución. Era indispensable conferir a tan importante sede un aspecto palaciego, y la nueva fachada, balcón incluido, lo consiguió. La primera piedra de esta obra se puso el 30 de junio de 1906.

El proceso constructivo de este importante inmueble sufrió diversas interrupciones y aunque Mora no fuera el responsable de la finalización de las obras, su impronta está presente en el Ayuntamiento.

En diversas ocasiones hemos aludido a la Exposición Regional Valenciana de 1909 como uno de los grandes hitos de la historia de la ciudad del pasado siglo. En el contexto de aquella feria se desarrolló el primer vuelo de la aviación española conseguido en Paterna. De célebre recuerdo para el pueblo valenciano, se llevó a cabo la presentación del himno de la Exposición Regional, a la postre himno autonómico. Especialmente llamativas fueron las construcciones levantadas para albergar las actividades del prestigioso evento. Aquellos pabellones configuraron un barrio tan efímero como fascinante al otro lado del río del centro histórico, en torno a la entonces recién construida Fábrica de Tabaco (1906), que se empleó temporalmente como Palacio de Industria, y que hoy es una de las sedes del Ayuntamiento de Valencia. Justo enfrente se hallaba el Asilo de la Lactancia, destinado a acoger los hijos de las empleadas de la Tabacalera, construcción que, tras un periodo de incertidumbre ha retomado su última actividad, la de balneario. Las construcciones fueron en su mayoría de nueva obra, pero solo uno de esos edificios elaborados ex profeso para la exposición se mantuvo. Se trata del Palacio Municipal de la Exposición Regional Valenciana, el lustroso pero desconocido edificio que conforma toda una manzana junto al Asilo de la Lactancia. Mora fue el proyectista y ejecutor de obra del imponente palacio de cinco fachadas. Levantado en apenas tres meses, fue financiado por el Ayuntamiento, proyectándose que tras la exposición sirviera de Escuela Superior de Artes Industriales.

Arquitectura gótica

El edificio en sí es un verdadero homenaje a la arquitectura gótica valenciana, una revisión de las letras de oro de nuestra arquitectura que coinciden con el periodo de mayor esplendor de Valencia. Si se fijan un poco, observarán detalles que evocan inmediatamente a la Lonja de Valencia, al Miguelete y a las Torres de Serranos. Si llevan un medievalista en sus venas, comprendo que el estilo del edificio les origine ciertas suspicacias… Pero recuerden que los arquitectos modernistas manejaban a su antojo diversos referentes constructivos de la historia. En este caso se concentró en el gótico valenciano, un lenguaje muy conocido por Mora, quien restauraba a la sazón la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia (1909). El edificio causó un enorme impacto, en buena medida por los miles de piezas decorativas realizadas para evocar las construcciones medievales advertidas. Amós Salvador Carreres, reputado arquitecto y crítico de arte de la época exponía ideas similares a las de la opinión pública: «Yo reservaría todos mis elogios al Palacio Municipal, verdadero encanto de construcción arqueológica, compuesto por el señor Francisco Mora con una ternura, una gracia y un arte insuperables».

El Mercado de Colón

Un año más tarde, en 1910, Francisco Mora entró en el concurso para la elección del proyecto del futuro Mercado Central. Para tal ocasión presentó un diseño con una concepción arquitectónica neomudéjar que imitaba el arte hipano-musulmán del final de la Edad Media, donde pretendía aplicar una combinación del tradicional ladrillo con el novedoso hierro. Su propuesta fue rechazada. Más que las veces que caigas, importa las que te levantes. Mora se levantó y evitó tropezar en la misma piedra, así que apenas dos años después proyectó el Mercado de Colón con las formas que todos ustedes conocen, puesto que tras vencer la concesión lo ejecutó sin apenas modificaciones. Y así lleva más de un siglo.

La huella de Francisco Mora también es visible en el urbanismo valenciano. Nuestro protagonista elaboró junto a Vicente Picho un nuevo plan de ensanche que supuso la ampliación de la ciudad desde la Gran Vía Marqués del Turia hacia el antiguo camino de Tránsitos, actual avenida de Peris y Valero. Mora también había influido algunos años antes en el tridente que parte desde la Plaza América y que se define con las calles Serrano Morales, Cirilo Amorós y Sorní.

Viviendas, escuelas…

Algunas de las viviendas más representativas de la ciudad son obra de Mora. Era previsible su intervención en la vía destinada a albergar las residencias más notables de la burguesía valenciana, la calle de la Paz. En el año 1903 Mora construye un edificio residencial en el número 31, el edificio Gómez, conocido también como casa Sagnier. Dos años más tarde crea el imponente edificio Gómez II, que ocupa los números 21 y 23 de la calle de la Paz, el número 7 de Comedias y el 42 de la calle del Mar. De corte modernista, representan en su conjunto el máximo exponente del arte nuevo que se desarrollaba en Francia por aquella época, cuyo eco más directo estaba en la Barcelona de Gaudí.

Edificio Noguera I

Mora también edificó en la misma plaza del Ayuntamiento de Valencia donde había proyectado la fachada para la casa consistorial. Allí construyó en 1909 la primera residencia de la emergente plaza, el edificio Noguera I, que ocupa actualmente el número 22, donde fundió elementos del gótico valenciano con los de otros territorios. En esta construcción ubicó su residencia. El mismo año levantó el edificio Suay, contigua al edificio Noguera y que ostenta uno de los miradores más potentes de la ciudad, con resueltos arcos lobulados en cada una de sus tres plantas. Varios edificios del ensanche son también de su factura, y no sólo residencias.

Mora construyó hacia el año 1925 la Escuela de Maestría Industrial (avenida Antiguo Reino de Valencia, 46), el actual Instituto de Educación Secundaria Vicente Blasco Ibáñez, donde combinó las formas racionalistas (líneas rectas y volúmenes puros) con detalles neomudéjares que, aunque fueron rechazados para el Mercado Central, ya había puesto en práctica. Concretamente en el antiguo Asilo de San Juan de Dios (hoy Hospital Nisa Valencia al Mar) que levantó en 1907. Ubicado en la calle Río Tajo, aunó inquietudes estéticas con necesidades funcionales que todavía hoy sigue cumpliendo. No deben olvidarse la iglesia parroquial de La Punta, la de San José de la Montaña, y otras innumerables construcciones que, aunque menos conocidas, han convertido a Mora en un valenciano inmortal.

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